- NOV. 08, 2008 - Foto - Sucesos - EL UNIVERSO
Evidencias encontradas a los menores que ayer asaltaron un bus de la línea 132-Alborruta permanecían ayer en la Dinapen.
Muerte y encierro
En una correccional de menores, en la morgue y en la prevención de la Comisión de Tránsito del Guayas (CTG), con sede en Durán, tres madres lamentaban ayer las circunstancias que atravesaban sus hijos.
Historias conmovedoras detrás de un asalto que terminó en el aislamiento (detención) de dos menores, de 16 y 17 años, la muerte de Orlín Santo Ferrín Valencia, de 25, quien al huir de la policía fue atropellado por un auto Spark, placa GNK-996, que era conducido por un joven universitario a quien trasladaron a los calabozos de la CTG.
Esta tragedia ocurrió ayer, después de las 06:30. Según uno de los perjudicados, tres jóvenes que iban en un bus de la línea 132-Alborruta asaltaron a los pasajeros. El atraco comenzó en las avenidas Rodolfo Baquerizo Nazur y Benjamín Carrión y terminó en el redondel de La Rotonda, donde se bajaron en precipitada carrera.
En ese instante pasaba por el lugar un patrullero que fue alertado del hecho y comenzó la persecución. Dos menores fueron aprehendidos, mientras Ferrín corría por las estrechas calles de la sexta etapa de ciudadela Alborada. Pero su huida se frustró cuando quiso cruzar la av. Francisco de Orellana y no se percató de que por el carril central, en sentido oeste-este, rodaba el automóvil Spark, que lo impactó y lanzó por los aires. Su muerte fue instantánea.
Al enterarse de esa tragedia, la madre de Orlín se desmayó, comentó uno de sus parientes. Hoy todos temen que su salud se agrave, pues sobrevive con un marcapasos y los problemas cardiacos ni siquiera le permiten lavar ropa ajena para mantener a sus tres hijos menores. Los únicos que le quedan, pues los tres mayores, incluido Orlín, han fallecido trágicamente.
Los amigos de barrio de Orlín se enteraron de su muerte cuando estaban afuera de la Dinapen, adonde llegaron a averiguar la situación de los chicos aislados. Con ellos estaba la madre del joven de 16 años. Atormentada, llorosa y amargada, a la vez que renegaba lo que estaba pasando.
“Trabajo lavando ropa ajena, sabía que mi hijo trabajaba de oficial en un bus, porque no había tenido dinero para ponerlo a estudiar. Jamás imaginé que esté haciendo estas cosas, nunca lo noté”, decía la mujer, que mostraba preocupación porque no sabía cómo su hijo se iba a curar una herida que, según él, se la había hecho con un vidrio días atrás, cuando –pese a su edad– estaba bebiendo licor.
Mientras tanto, la madre del universitario que “fue llevado para investigaciones” al calabozo de la CTG estaba desesperada, a punto de llorar por la impotencia, pues su hijo “solo pasaba por ahí”. Para conseguir su liberación, en la audiencia oral, le solicitaban el parte policial del suceso. Pero no obtuvo una respuesta inmediata en esa institución. Debió esperar hasta la tarde para conseguirlo...