Edición del VIERNES 7 de Noviembre del 2008
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A los 17 años, una visita inolvidable
Beijing olímpica
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Plaza central de la Ciudad Prohibida.
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Durante estos últimos cuatro años, la capital de China, Beijing, se preparó para presentar al mundo los  XXIX Juegos Olímpicos de la era contemporánea.

Durante estos últimos cuatro años, la capital de China, Beijing, se preparó para presentar al mundo los  XXIX Juegos Olímpicos de la era contemporánea. Invirtió cerca de  49 billones de dólares en construcciones de estadios monumentales, que dejan atónito a cualquiera; hoteles para recibir a turistas de todo el mundo; souvenirs de todo tipo y hasta en alimentos para la gente que no le gusta el sabor de la comida asiática. En agosto pasado tuve la oportunidad de asistir a un campamento de la juventud de los Juegos Olímpicos, adonde iban adolescentes de diversos países para concurrir a diferentes disciplinas del torneo y conocer la bella capital de China.

A pesar de lo afortunado que me sentía, cuando estaba embarcándome en el avión para tomar el vuelo de catorce horas, pensé que realmente antes nunca había sentido mayor atracción por el continente asiático y menos por China. Pero cuando el avión aterrizó, mi percepción cambió completamente: Beijing me encantó desde el principio. Es una ciudad completamente limpia y organizada, y para esta ocasión estaba tomada con alusiones, anuncios y decoración de los Juegos Olímpicos. Sus habitantes, sonrientes en todo momento, te hacían sentir como en casa y te motivaban a que participaras en este encuentro mundial.

Aparte de ir a eventos olímpicos, también conocí lugares importantes como La  Gran Muralla;  era tal como me la había descrito mi abuelo, cuando me contaba cuentos de pequeño. Fue una experiencia única caminar en el lugar donde hace siglos los soldados chinos peleaban para defender la ciudad. Solo la recorrí 1 km, pero sentía como si hubiera sido un largo trayecto.

Otro lugar que no se puede ignorar es la Ciudad Prohibida, el palacio donde habitó la mayoría de las dinastías de la época monárquica de China. Tiene una extensión de 1 km de largo y 900 metros de ancho; una monumentalidad que tiene cuartos que parecen palacios y patios que parecen bosques.

Fue el lugar donde Lao Mao declaró el comunismo en China. Su denominación “prohibida” se debe a que antaño estaba vetada para los plebeyos, solo podía ser habitada por la aristocracia y la servidumbre escogida por ellos.

Sin duda, lo más espectacular del viaje de dos semanas fue  asistir a la ceremonia de inauguración de los Juegos. Haber estado sentado en el famoso Estadio Nacional, mejor conocido como Nido de Pájaro, fue delirante. Vi con mis propios ojos la cuenta regresiva en los tambores con luces que formaban los números chinos y arábigos, la presentación de los anillos olímpicos que flotaban en la nada en medio del estadio, el desfile de las delegaciones de todos los países y hasta la majestuosa encendida de la antorcha, en la cual el deportista chino Ni Ling trotó por el borde del estadio hasta llegar y prenderla.

Acto seguido, una tanda de fuegos artificiales que duró 20 minutos y hasta el tristemente famoso Lip-synch de la niñita muy linda vestida de rojo que dio la vuelta al mundo no solo como símbolo de ternura sino como un engaño a lo Milli Vanilli.

En fin, estuve sentado en medio de la historia. Esta ceremonia empezó exactamente a las 20:00 del 8 de agosto del 2008 y duró tres horas y media. Conocí a gente de todo el mundo que se volvieron amigos muy cercanos,  de Bulgaria, Bélgica, República Checa, Holanda y Latvia, por nombrar solo algunos países. Aprendí diferentes cosas de muchas culturas, de sitios que ni siquiera sabía que existían. Recordaré siempre a Beijing con su estadio monumental, su gente extremadamente amable, la comida que me costó disfrutar y los momentos que viví.


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