- NOV. 07, 2008 - Foto - El País - EL UNIVERSO
PUERTO BOLÍVAR, El Oro. Jacinto Asencio es carpintero naval y pide que haya más apoyo a la actividad que desarrolla.
Artesanos que trabajan en la actividad pesquera quieren iniciarse en la microempresa.
Aproximadamente cien personas que se dedican a fabricar artesanalmente redes para la pesca en alta mar buscan ayuda y asesoría para impulsar esta actividad.
Ellos son también pescadores y permanecen en los muelles de este puerto con sus talleres que improvisan en sus viviendas. Es una forma de ganarse un poco de dinero adicional para ayudar a sus familias.
Los artesanos adquieren los productos y materiales que se emplean en esta tarea, que tarda unos cinco a diez días y en la que intervienen familias y unos ayudantes.
José Solórzano, pescador artesanal de Puerto Bolívar y morador del barrio Acapulco, dice que este trabajo lo heredó de sus padres ya fallecidos y ahora se dedica a fabricar mallas para su uso y para otros pescadores de la zona.
“Con estas mallas vamos a pescar un grupo de mi familia y otras personas que trabajan conmigo, pero a veces lo que se gasta resulta más de lo que se gana”, indica.
Los artesanos se lamentan por no tener una organización que los cobije para realizar sus actividades. Ellos solo dicen que pertenecen a la Unión de Pescadores Artesanales de Puerto Bolívar.
“Por eso no recibimos ningún apoyo económico, pues pedimos recursos y nos niegan porque no somos sujetos de crédito”, explica.
“Estamos pensando hacer una cooperativa de producción para que los artesanos se dediquen a la fabricación de redes y se consiga intensificar la actividad vendiendo al mercado local”, manifiesta un dirigente de la Cooperativa de Producción Pesquera Simón Bolívar.
Por su parte, Silvino Cruz, dirigente del sector pesquero de El Oro, sostiene que su gremio necesita de proyectos sociales en cada rama de trabajo para que sus productos sean entregados al mercado con un costo real y sus ganancias representen el esfuerzo que hacen.
“Una organización que cuente con el respaldo del Gobierno Nacional debe ser parte del apoyo que requiere el sector”, refiere Cruz.
Pero entre los artesanos también están quienes han adquirido destrezas en la reparación de botes. Uno de ellos es Jacinto Asencio Gonzabay, de 45 años, quien ha dedicado treinta años de su vida a fabricar embarcaciones de fibra y vidrio en el barrio Acapulco, de Puerto Bolívar, donde el hombre reside.
Esta labor dice que representa un esfuerzo muy grande y una responsabilidad. “Aquí me traen botes dañados o me piden que construya uno nuevo y se logra hacer en una o dos semanas”, expresa el hábil artesano mientras da los toques finales a una obra.
Asencio manifiesta que sin apoyo no puede “despegar” en su actividad y más bien tiene trabas para superarse. Uno de los inconvenientes es que los materiales han subido de precio y eso representa una pérdida económica.
“Hay obras que tengo paralizadas desde el año pasado y ahora con los precios altos ya no me queda nada de ganancia”, asegura este hombre, cuya piel tiene los estragos de los años de exposición al sol.
Los trabajadores de esta modalidad dicen pertenecer a una organización de carpinteros navales y artesanos, pero no tiene vida jurídica.
MICROEMPRESA: Un caso exitoso
Productos
Organizaciones pesqueras y artesanales de Puerto Bolívar y otras áreas de la zona costera de El Oro mencionan como ejemplo de éxito de la microempresa el caso de Marco Castro, pescador de la isla de Pongalillo, del archipiélago de Jambelí, quien decidió elaborar productos como pescado ahumado, fileteado, camarones apanados, entre otros, y los vende a buenos precios.