El espíritu morador de Dios me ama y apoya siempre.
Consuelo
Dios es mi fortaleza, mi guía, mi todo. En Dios yace la promesa de que cuando las situaciones de la vida se ponen difíciles, la transformación y la recuperación son posibles. Recibo consuelo según oro y entrego mi vida al cuidado divino. Cuando pienso en otros que pudieran necesitar consuelo y firmeza para responder a la vida con atención y eficacia, afirmo que Dios es la vida en ellos que se expresa como ellos. Todo bien es posible. Y según medito sobre el bien, mantengo pensamientos de consuelo y fortaleza para cada persona. No hay garantía de que habrá una ausencia absoluta de dificultad, pero sí de que Dios nos ama y sustenta a cada momento. En el consuelo de esta conciencia doy gracias porque la vida continúa.
–Salmo 119:50
“Ella es mi consuelo en mi aflicción, porque tu dicho me ha vivificado”.