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JUEVES | 6 de noviembre del 2008 | Guayaquil, Ecuador
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Unámonos ante la crisis bananera

A pesar que desde que recuerdo el negocio bananero ha sido muy inestable en cuanto a precios al productor se refiere, en los últimos años las fluctuaciones han sido abismales; se podría decir que los precios llegan de 1 a 11 dólares la caja, solo fruta.

La teoría de que en los meses de invierno, enero a mayo, los costos subían, es certera, pero en verano muchas veces aumentan tanto o más, lo que ha alentado mucho a los productores a comercializar su fruta al mejor postor arriesgándose a vender también a precios como en la actualidad; a menos de 2 dólares.

Según el Acuerdo Ministerial  185 del 22 de octubre del 2008, toda la fruta vendida tendrá que ser contratada so pena de no poder exigir el precio mínimo, más multas, etcétera. Acertada disposición que ordena el negocio y lo transparenta.

El problema es  que esta actividad está sujeta a influencias externas directamente relacionadas con el costo del petróleo y la situación financiera internacional, las cuales no atraviesan su mejor momento; por lo que tenemos que enfrentar la crisis de la mejor manera.

Tenemos que unir esfuerzos Gobierno, exportadores, comercializadores, proveedores de insumos, productores y trabajadores, para hacer frente a este desafío que puede afectar seriamente la importancia de este negocio para el país. La manera de hacerlo es mantener  reuniones entre los implicados en el negocio y hablar de supervivencia, hablar de costos reales, hablar de sacrificios, porque si no lo hacemos, las reglas las van a imponer en el exterior de acuerdo a sus conveniencias; que estoy seguro, no van a ser las más acertadas para nuestros intereses.

Hay que considerar que el banano es una fruta que se consume en  el mundo por su acceso todo el año y por su precio. Nuestra habilidad es mantener esa condición. La manera de hacerlo es competir aunque sea bajo circunstancias adversas; pero competir.

Cecilio Jalil,
Guayaquil

¿Focos ahorradores?

Vivo en el Guasmo central en donde un día, antes de las elecciones del referéndum, recibí la visita de  personas que  cambiaban los focos redondos por los ahorradores.

Recibí cinco focos y entregué cinco; contenta porque me habían regalado esos objetos que en los comercios chinos valen un dólar, y los míos costaron cincuenta centavos en el comisariato. Mas resulta que a la semana de obsequiados  se  quemaron tres  y después  los otros dos. En lugar de ganar, perdí dos dólares con cincuenta centavos.

¿Cómo es posible que se regale algo que en vez de ayudar causa perjuicio económico? ¿Por qué en esos focos no se eligió un control de calidad? ¿Se pueden imaginar cuando la administración temporal eléctrica de Guayaquil  comience a vender esos focos de pésima calidad?

¡Hasta cuándo se perjudica a los que habitamos en áreas marginales!

Esperanza Moncayo,
Guayaquil

¡Policías en ‘acción’! I

Es lamentable, triste y bochornoso escuchar las noticias de  robos y asesinatos indiscriminados que sufren los ciudadanos de nuestro país.
Sin duda, el pánico se ha apoderado de todos.

Los delincuentes que hasta tienen a sus compinches dentro de los aeropuertos, saben horas y fechas exactas del arribo de los vuelos internacionales para robar a los pasajeros  que llegan al Ecuador, hasta el último centavo que tanto esfuerzo les costó.

¿De qué sirve una ciudad tan bella como es Guayaquil si está llena de antisociales que  atemorizan, amenazan  y matan  sin piedad?

¿De qué sirve una ciudad hermosa como es  Guayaquil  si no hay seguridad?

¡Señor Presidente, endurezca la ley, decrete un estado de emergencia en contra de esta plaga   y designe a un grupo élite de las Fuerzas Armadas para que patrulle las calles a nivel nacional y castigue con severidad al primer infractor!

Hace rato que a la Policía  la delincuencia ya le perdió el respeto.

La  patria ya no es de todos  sino  del robo.

Luis Casquete,
Los Ángeles,  EE.UU.

Soy otro de los ciudadanos que ruega a la Policía Nacional que haga rondas a lo largo y ancho de Guayaquil, porque ya no podemos vivir tranquilos ni escondidos en nuestras casas, por los delitos que se cometen a toda hora.

El norte está desprotegido, no se ven policías  en carros  ni en moto  ni a pie. San Felipe, Miraflores, Urdesa, Kennedy, Santa Cecilia, Los Ceibos, alrededores de  Las Cumbres, del campus de la Espol, son zonas continuamente visitadas por los ladrones. Hasta miedo da salir entre amigos o con nuestros hijos a comer a un restaurante, y ser sorprendidos por delincuentes armados hasta los dientes que nos amargan el momento y nos dejan hasta sin zapatos.

A una hermana mía que estaba reunida con un grupo de ex compañeras del colegio en un restaurante de Urdesa, la asaltaron a las cinco de la tarde mientras departía sanamente con sus amigas.

De pronto ingresaron varios sujetos que empezaron a tomar las carteras y ponerlas en un saco, y a buscar dinero  en la caja del local. Les quitaron todo, joyas, bambalinas, dinero, tarjetas, documentos de identidad, sacos, llaves, relojes, hasta el calzado.

Mi hermana y otra amiga, aunque también perdieron sus bolsos, lograron esconderse en un rincón apartado del local; ahí se quedaron en silencio hasta que llegó la Policía –una vez que los antisociales se  marcharon orondos– y sacó a las damas que estaban encerradas en los baños, todas temblorosas por haber sido insultadas, empujadas, amenazadas y apuntadas con armas de fuego por los pillos a los que ni les importó que había también niños.

Solicito  la presencia continua de la Policía en el norte de la urbe, y si no se alcanza, entonces pida  ayuda a las Fuerzas Armadas, pues sus miembros  muy bien pueden custodiar la ciudad.

Xavier Molina,
Guayaquil

¡Policías en ‘acción’! II
Llamé a la Policía a las dos de la madrugada; era un día viernes.

Había una gresca callejera y se oían voces en un idioma raro, y a mujeres que gritaban  alentando con fuertes insultos a unos hombres a golpearse entre sí.

El embrollo era en unos locales de comida extranjera, abiertos al aire libre, en Urdesa. Los gritos desgarradores y el sonido de botellas de vidrio lanzadas sobre el pavimento  despertaron a toda la familia. Llamé a la Policía  y después de varios intentos  me contestó un miembro, quien me preguntó la dirección y se la di. Me dijo que cómo llegaba a la ciudadela, le dije que estaba al norte de la urbe; me respondió, dígame qué tienda o referencia  está por ahí para saber conducirnos o dar con el sitio.

El acento de la persona que hacía las preguntas era de la Sierra. Mientras pasaba el tiempo y le explicaba (ya no sabía de qué modo hacerlo)  que Urdesa era una ciudadela, las voces de la gresca se fueron aminorando y el griterío callejero se calmó. Acabó el escándalo y el agente seguía preguntando cómo llegar al sector.

Terminé por cerrarle  el teléfono y acostarme.

Raúl Moncayo,
Guayaquil

Al parecer  este es un Gobierno que ha intentado que su poder y  actividades sean de toda la sociedad, pues el poder es del pueblo, por el pueblo y para el pueblo; pero, lastimosamente, la inseguridad también ya es para todos.

No existe una zona   segura en la ciudad de Quito, como en ninguna de las otras urbes  del país. Los lugares que ya se tenían identificados como los más peligrosos ya no son los únicos, pues la inseguridad se ha extendido por toda la ciudad.

Ya las frases “no transites por El Ejido porque te pueden asaltar”, o “el sur es peligroso”, ahora no son suficientes, pues sea al norte, al sur, en El Ejido, Alameda o en  cualquier punto de Quito la inseguridad existe y es inevitable.

La labor policial es casi nula y cuando esta aparece es solo con fines de control de tránsito vehicular. Es necesario que exista un patrullaje permanente por la noche, especialmente  cerca de las universidades y por los parques, pues la noche es la mejor aliada de la delincuencia, y cerca de las universidades en muchas ocasiones los estudiantes han sido objeto de robo de sus pertenencias,  especialmente de celulares; unas veces armados y otras solo con presión y amenazas.

Todos estamos conscientes de que la realidad de la delincuencia no cambiará de un día para otro, sin embargo, el Estado debería iniciar acciones policiales más eficientes.

Viviana Carolina Cárdenas Garzón,
Quito, Pichincha

Oyeron nuestra queja

Por medio de la presente  quiero agradecer por la acción de Interagua y la Dirección de Salud e Higiene de la Municipalidad de Guayaquil.

Ambas instituciones escucharon el clamor de los moradores de Las Orquídeas y Mucho Lote, luego de mucho insistir en que por segundo año consecutivo sufrimos de una invasión de mosquitos, que nos causaba enfermedades y otros malestares.

Por medio de dichos entes se procedió a la limpieza de la zanja  y a la acción de las brigadas de fumigación intradomiciliaria de una manera segura y permanente.

Es importante recalcar que una vez que Interagua realizó  la limpieza de la zanja que colinda con ambas ciudadelas, la nube de mosquitos que nos aquejaba todas las noches  se eliminó por completo; por lo que sería importante recomendar a la concesionaria que mantenga este canal de aguas negras limpio de maleza, y a los moradores de las áreas de influencia de la misma que por favor eviten acumular basura, y que esperemos  la temporada posinvernal, hasta que Interagua proceda entonces al cierre definitivo de este canal y no se repita  el problema.

Edwin Vladimir Gaibor León,
licenciado, Guayaquil

No provoque a Guayaquil I

Con verdadero estupor y sobre todo con mucho dolor, veo el continuo ataque que sufre la ciudad de Guayaquil a través del  ya muy triste y famoso enlace de los  sábados del Presidente, parecería mal llamado, de “todos” los ecuatorianos.

Soy un ciudadano quiteño que vive en esta hermosa ciudad.

Me siento orgulloso de ser parte de esta ola de cambios, especialmente arquitectónicos que ha experimentado la Perla del Pacífico, que la siento tan ecuatoriana como todas las ciudades de este pobre y lindo Ecuador.

Soy parte de esta regeneración urbana, ya que he colaborado como profesional de la construcción en esta tan ya reconocida tarea.

Mientras el Presidente para nada confía en los profesionales ecuatorianos, por cuanto las obras de construcción que se han contratado en nuestro país, según él, los únicos que pueden hacer son los señores del Cuerpo de Ingenieros  del Ejército; quitando la posibilidad a miles de honestos y capaces ingenieros y arquitectos ecuatorianos de prestar todo su valioso contingente en la reconstrucción de las obras de este país.

¡Basta señor Presidente, si “la patria ya es de todos”, deje en paz a Guayaquil y a su Alcalde!

Deje que esta hermosa e hidalga ciudad prospere y siga adelante.

No más bravuconadas, no más odios. ¡Ya es hora de que trabaje por su Ecuador!, para eso se lo eligió, no para desgobernar  ni  hacer el papel de moderador radial los sábados de todos los meses y de todos los años que lo tengamos de Presidente.

Que la revolución ciudadana empiece con los suyos, con sus colaboradores y sobre todo, en su interior donde parece que se almacenan resentimientos, que para un Mandatario están por demás.

No se debe gobernar con caprichos, y peor aún  con un espíritu electorero sin antecedentes en la historia del Ecuador.

Señor Presidente, ya ha hecho en estos últimos dos años una campaña electoral para todos sus antojos de poder, pero ahora deje que las ciudades busquen sus mejores hombres para que las dirijan.

Ya basta de creer que usted es el que tiene que financiar las campañas con nuestro dinero, para que elijamos a alcaldes y prefectos de su partido.

¡Haga obra, no la destruya! Jamás podrá recuperar el tiempo perdido.
La patria sí es de todos, pero más es de los suyos, los llamados incondicionales.

Por último,  haga una alianza, pero con su conciencia.

José Andrés González S.,
Guayaquil

No provoque a Guayaquil II
No hay más que hacer, solo lo que digo: ¡hay que esperar hasta el último. El pueblo está en observación de que se cumpla   la “canasta navideña” prometida!

No quisiera estar en el pellejo de este Gobierno, porque está en la mira de las masas. ¡Si no cumple, que huya del país, porque un pueblo engañado es un pueblo enardecido!

Auguro que las cosas las hagan bien: ¡cero corrupción, porque el pueblo ya no aguanta más! Ya no hay más pretexto de no comenzar a trabajar, ejecutar, lo que es correcto y productivo para el país, con justicia de respeto a los derechos de las personas jurídicas y naturales; para conseguir el  bienestar de  ricos, pobres, blancos, negros, pelucones, no pelucones, de izquierda y derecha; ya que para Dios y esta Constitución  todos somos iguales; sean gordas horrorosas o no,  pitufos o no...

Más vale que sea así, porque esperamos y observamos.

Pedro Palacios,
ingeniero comercial, Guayaquil

¿Han notado en el Primer Mandatario cuánta amargura deja entrever cada vez que Guayaquil inaugura una obra?, ¿cada vez que la ciudadanía porteña adquiere una mejora en su solaz y en su brillante progreso?

Recordemos que así pasó con el aeropuerto y la terminal terrestre.

La grandiosa obra de los túneles de San Eduardo ha sido motivo de la última amarulencia del presidente Correa, quien no desaprovecha oportunidad en los incesantes recorridos de su infatigable campaña electoral para exacerbar sentimientos regionalistas.

Lo dijo en Esmeraldas, lo repitió en Cuenca y Azogues calificando como “injusticia social” el que Guayaquil tenga obras “monumentales” como el hermoso malecón Simón Bolívar  y ahora los importantes túneles.

Así como Judas Iscariote, cuando María Magdalena ungió de perfume de gran valor los pies de Jesús, reclamó por qué ese ungüento no se vendió en trescientos denarios para dárselo a los pobres; piensa que con los 50 millones de dólares que costaron los túneles de Guayaquil podían haberse hecho otras obras para ciudades menos favorecidas del Ecuador.

¿Hasta cuándo deja de sentirse afectado ante los logros de la obra municipal?

¿Por qué no se pone a la par y contribuye al engrandecimiento de esta urbe, hacia la cual cada día llegan marejadas de migrantes de todas las provincias en pos de mejores días, porque allá en sus parcelas, aunque “la revolución está en marcha”, no encuentran cómo sobrevivir pese al mendigante bono?

Hasta podemos imaginar que para opacar la belleza de esta ciudad, la antipatía ha impulsado el caos para que cientos de vendedores informales se tomen las calles y vuelvan a convertir a nuestra Guayaquil en la letrina de antes.

Además de permitir que   la delincuencia tome  cuerpo, oponiéndose en un primer momento a que las autoridades locales actúen y contrarresten esta ola de violencia que ahora, a pesar de los vanos intentos gubernamentales, es bien difícil de frenar.

Tendrá que volver a cambiar o despedir a sus autoridades policiales y de seguridad, pero, dudamos de que pueda poner coto a este gran monstruo que su Gobierno dejó crecer.

Una vez más  se le aconseja: ¡póngase a trabajar!

Descienda, por favor, de la nube rosada y deje de seguir buscando aplausos y loas.

A nuestro país, el Ecuador, le esperan días nada halagüeños.

Gladys Isabel García P.,
periodista,  Guayaquil

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