jueves 06 de noviembre del 2008 Columnistas

El poder está en las cortes

Desde el oficialismo se ha dicho que los ex magistrados de la Corte Suprema de Justicia son unos irresponsables por no aceptar el sorteo previsto en la Constitución de Montecristi. El propio Presidente de la República ha señalado que los jueces que ahora se niegan a integrar la Corte Nacional de Justicia no pueden actuar “con tamaña irresponsabilidad y dejar descabezada a la Corte”.

Se le olvidó decir que fue el propio asambleísta César Rodríguez quien ya desde el mes de mayo pasado propuso reestructurar la Corte y, por supuesto, también olvidó mencionar que de antemano se sabía que los magistrados no iban a aceptar ser sorteados, así que no cabe que ahora se pretenda endilgar responsabilidades a quienes no la tienen.

Yo creo que no hay derecho a jugar con la frágil memoria de los ecuatorianos y menos a trasladar la culpa a ex magistrados que no aceptaron ser tratados como numeritos premiados de lotería. La culpa la tienen los asambleístas, el buró de Acuerdo PAIS, el Presidente de la República y sus conocidos asesores.

Que la Corte tenía gravísimos problemas, nadie lo duda. Que se trataba con preferencia a funcionarios de Carondelet, tampoco. Que había demoras injustificadas en la resolución de casos importantísimos, ni hablar. Pero suponer que los problemas se solucionan reduciendo el número de sus integrantes de 31 a 21 (¿por qué 21 y no 11, 17, 24 o 9?) y que había que hacerlo de inmediato, sin esperar a una transición ordenada,  constituye una irresponsabilidad sin nombre. ¿Por qué el apuro en transformar la Corte?; ¿será que el apuro tenía como fin impedir que se dicten sentencias en algunos bullados casos, como el caso Filanbanco, por ejemplo?

Una vez que la Corte se ha paralizado, hay voces que claman porque el problema lo solucione el Tribunal Constitucional, que para nadie es desconocido es afecto al régimen. Al ver estas peticiones entendemos por qué el Tribunal Constitucional se autoproclamó Corte Constitucional. Obviamente, para poder interpretar la Constitución y con ello determinar bajo qué mecanismo se puede designar a la nueva Corte a dedo. ¿Qué por qué a dedo? Porque integrarla con conjueces o ministros de cortes superiores o magistrados que no fueron sorteados equivaldría a saber de antemano quiénes administrarán justicia, en función del cálculo político que se hará a la hora de las designaciones y que supuestamente la nueva Constitución iba a desterrar. Lo que se olvidan es que este vacío no se puede llenar con interpretaciones. La única forma de solucionar el entuerto es reformando la Constitución, estableciendo normas claras sobre la forma como debe integrarse la Corte temporal, o simplemente esperar a que se pueda hacer una designación definitiva en la forma que contempla la propia Constitución de Montecristi, lo que nos dejará sin Corte por algunos meses.

Una vez más queda demostrado que hubo una enorme irresponsabilidad en los no deliberantes de Montecristi. Sin embargo, no creo que la paralización de la Corte sea un tema casual. Por el contrario, fueron advertidos oportunamente y por eso creo que la buscaron. Total, los miembros de la vieja partidocracia enquistados en el Gobierno saben perfectamente que quien controla las cortes tiene el verdadero poder.

Ya basta de tanta hipocresía.

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