miércoles 05 de noviembre del 2008 Columnistas

¿Cambios?

Cuando este artículo salga, ya sabremos los resultados de las elecciones en Estados Unidos. Lo que pasa en la potencia del Norte es seguido en el planeta entero y está bien porque nos incumbe. Gran parte de nuestras economías y futuros políticos estarán marcados por lo que suceda o no en Estados Unidos a pesar de que este se encuentre al final de su hegemonía política. Resulta por demás curioso que el día de votaciones no haya sido dedicado a la fiesta de la democracia sino un día de trabajo normal. A pesar de su trascendencia parece un acto administrativo más… Los del Sur vemos lo que ocurre en el Norte con ojos diferentes…

Desde distintas instancias la ciudadanía ha sido convocada a seguir los resultados y analizarlos. Durante mucho tiempo hemos sido espectadores y actores de un guión que no pudimos elegir en el quehacer mundial, pero la oportunidad de la crisis planetaria actual nos está llevando a desempeñar nuestro rol de manera activa y consciente. Empezamos a tomar la palabra y queremos que se nos escuche.

Por lo menos casa adentro. Nos cansa que hablen a nombre nuestro, siempre y a cada rato. Queremos salir de la política de  la imposición y la fuerza, de cualquier lado que esta venga, con nombre de derecha o de izquierda, y construir nuestro futuro personal y colectivo.

No hemos dado un papel en blanco para que otros lo llenen a nombre nuestro y de la democracia.

Quizás la palabra más usada en estos tiempos que vivimos es la palabra cambio. Antes se ofrecía estabilidad, ahora se ofrece la diferencia con lo anterior. Cambio de sistema, cambio en la manera de realizar lo político. Ese cambio va unido a participación, diálogo, construcción de nuevas realidades.

Ese cambio, para ser radical, para ir a la raíz,  requiere ciertas condiciones en los encargados de liderarlos. Por eso sería interesante unirlo al otro elemento que parece ser, en el mundo occidental por lo menos,  una constante. El deseo de armonía, de “buenas energías”.

Hay una búsqueda mística en la humanidad que se expresa en el redescubrimiento del papel del silencio, en la meditación y la contemplación. Los libros que un poco despectivamente llamamos de autoayuda son los que más se venden y se leen. Casi todos los escriben varones y en su mayoría son las mujeres que lo leen.

Pero aún hay una dicotomía en la práctica. Si se dedica a lo espiritual no puede ocuparse de la política o a la inversa. El primero debe mantenerse en una burbuja de cristal que lo separe de opinar de los índices de inflación y de participar como si fueran nefastas en las discusiones políticas, el segundo debe correr para preparar y participar en reuniones, discusiones, decisiones… y no tiene tiempo para meditar.

Unir lo que parece agua y aceite será seguramente parte del proceso de cambio que vive la humanidad.

Hemos conocido en la historia místicos políticos o políticos místicos como Gandhi y Luther King, más cerca en el tiempo Mandela, el subcomandante Marcos. Los tres han marcado a fondo el quehacer humano: son admirados y cuestionados, pero es innegable su aporte.

Con la irrupción de las mujeres en la esfera pública, no solo en el Poder Ejecutivo, como género y de manera global, parece estar gestándose una manera de mirar y construir las cosas de este mundo desde la ternura de Dios, con urgencias pero también con profundidad y esperas pacientes. Con palabras y con hechos. No solo tiempo de cambios sino cambio de tiempos.

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