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| Explosiones y mucho polvo |
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Vivo en el km 12½ vía a la costa con mi familia enferma de la garganta y vías respiratorias (por ahora), por la cantidad de polvo que sale de las canteras.
La vía está hecha pedazos por los carros pesados que entran y salen todo el día y parte de la noche, a gran velocidad y sin control se lanzan, y como son grandes uno debe cederles paso. Todas las tardes, de 15:00 a 17:00, es como si hubiera un volcán en erupción; es la dinamita que explotan para seguir cavando más las minas. Una comunidad numerosa vivimos en este sector que se sigue poblando; por favor, autoridades, tomen cartas en el asunto. ¡Ayúdennos!
María de Lourdes Vera Navarrete, Guayaquil |
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| ¿Zoonosis o el cuento del gallo pelón? |
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Soy italiano, vivo aproximadamente año y medio en esta linda ciudad, donde la gente no exige sus derechos o no los conoce; por eso creo que solo reclama para sus adentros y tal vez se resigna a que el sistema no funciona.
Tal vez eso da alas a que unos servidores públicos estén tan seguros en sus puestos y no se interesen en servir al público. Comprobé el desdén en cierto momento en el Ministerio de Salud, en Zoonosis, y en la Comisaría de Salud, cuando me tocó hacer una denuncia por la desidia del dueño de cuatro perros agresivos que me impedían a mí y a otros transeúntes la entrada a pie hacia mi casa, en la ciudadela Bellavista. Además, porque rompen las fundas de basura y se orinan en la tapa de mi medidor.
Traté civilizadamente de hablar con el supuesto dueño de los perros, pero por su respuesta me di cuenta de que no haría nada. Me dijo: “¿Qué quiere que haga? He tratado de regalarlos, pero nadie los quiere”. Yo me preguntaba: ¿es justo para esos animales ese trato, que los tengan durmiendo en las piedras y comiendo de la basura?; ¿y qué con la molestia a los vecinos, o el peligro de una mordedura?
Pregunté a los vecinos qué autoridad me podría ayudar y me indicaron que Zoonosis o la Comisaría de Salud. Como no encontraba los números en la guía telefónica y tampoco contestaban en el 104 de información, llamé al número que vi en la guía del Ministerio de Salud, donde me respondieron solo secamente que no era ahí. Llamé a una institución privada canina, tampoco conocían los números, pero me recomendaron que me comunicara con el Municipio. Luego de hablar con varias personas en este, me dieron el número de Zoonosis.
Llamé. Me contestaron que volviera a marcar en 20 minutos porque estaban en reunión. De nuevo los contacté y señalaron que primero debía poner una denuncia llamando a la Comisaría de Salud, donde me dijeron: “No es aquí, tiene que llamar a Zoonosis”. A quien contestó el teléfono le pedí que me comunicara con la persona responsable; luego de tenerme en espera y pasarme a otras personas, me atendió el mismo señor, quien manifestó: “Venga en este momento y le soluciono el problema”.
Apenas llegué, un señor me dijo: “Mi secretaria le va a enseñar las denuncias que recibimos de la Comisaría de Salud, no podemos proceder si primero usted no hace la denuncia. Después cuando esta nos llegue haremos la inspección del lugar”.
No pensé que el asunto fuera complicado. Creí que la institución haría una advertencia al dueño de los perros para que los mantuviera dentro de su propiedad.
Fui a la Comisaría. Había una sola persona en un escritorio, los otros cuatro estaban vacíos. La única atendiendo era una mujer y ni bien empecé a hablar dijo: “Tiene que ir a Zoonosis; no aquí”. Me quiso dar un ataque porque seguramente ella fue la que antes me contestó el teléfono. Mi esposa le explicó que desde las 08:30 estábamos con el asunto y que Zoonosis nos mandaba a esa comisaría para hacer la denuncia. La mujer respondió: “Por ahora les voy a hacer el favor de elaborar la denuncia para que mañana la Comisaría extienda la boleta de citación”. La hizo y añadió: “Vengan mañana a retirarla para que se la lleven al denunciado, porque aquí no tenemos mensajero”.
¿Y si el denunciado no quiere recibir la boleta o si la recibe y no se presenta porque puede alegar que él no la ha recibido?, pensé. Parece que hacen que el procedimiento se haga engorroso y el ciudadano desista del trámite. A eso se suman los horarios de atención (extienden las boletas de 09:00 a 10:00). Los tres días que fui a ese sitio vi a un señor tendido en un escritorio reposando como si fuera su cama. ¿No hay nadie que supervise a esa gente?, mientras el ciudadano está desprotegido en sus derechos.
Giorgio Marturano, Guayaquil |
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| ¡A pelar los dientes! |
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De acuerdo con el Gobierno, debemos pasar sonreídos todo el día; tenemos motivos suficientes para sonreír:
Estamos viviendo en un paraíso; la crisis mundial nos importa dos rábanos y un pepino, no nos afecta en nada; los migrantes seguirán enviando las millonarias remesas de euros a las que estamos acostumbrados...
El ciudadano Correa es una persona que no miente jamás. Lo que dijo de que todo el mundo quería comer en Carondelet desde que había conseguido un chef belga es un invento de “las bestias salvajes”; aunque al día siguiente haya salido una página entera en el periódico de una entrevista al famoso chef.
También dijo que la crisis a él no le importaba, pero luego aclaró que era la prensa escandalosa la que había tergiversado sus palabras.
Además, siempre se lo escucha en la televisión con voz de niño acongojado, quejándose del “monstruo” de Uribe que está tratando de bombardearnos. Me gustaría saber ¿qué habrían hecho Chávez y él si hubieran estado en los zapatos de Uribe en esa ocasión? Seguramente, con toda la amabilidad, cultura y educación de la que hacen gala, le hubieran solicitado comedidamente al caballero Raúl Reyes que abandone el país con su séquito de estudiantes extranjeros que, “de casualidad y sin conocer el país”, habían llegado al Ecuador.
Así que compatriotas: ¡a sonreír se ha dicho, ya que las diarias muertes y asaltos a manos del hampa, la falta de empleo, la subida diaria de los precios de los víveres, etcétera, son simples “percepciones” de ciudadanos escandalosos.
Lourdes Meloni de Rojas, Guayaquil
Nos invitan gratuitamente por televisión, radio, periódicos en decenas de decenas de anuncios, a que todos los ecuatorianos abramos bastante la boca para pelar muy bien los dientes, así estemos “desdentados” o carentes no solo de molares y otros huesos dentarios, sino de trabajo, seguridad cuidada, seguridad jurídica, seguridad social...
Muy bonito se ve y escucha en esas cuñas a los modelos que actúan y dicen, como esa que hace de vendedora de camisas en su almacén, que “bajará el precio de todas las camisas” con tal de que la gente se las compre y eso la haga feliz a ella; y supongo que a las personas compradoras.
Eso habla del desconocimiento en asuntos sumamente importantes, graves y vitales en el Ecuador, en los que deberían emplear el dinero y no despilfarrarlo en superficialidades absurdas como las de hacer cuñas para decirnos Sonríe Ecuador, cual si estuviesen “martillando” nuestras cabezas y oídos. Sin duda, estamos ahora como creo nunca antes, viendo, oyendo cosas inverosímiles, en nuestro pobre y desatendido país de las “mil maravillas” o de las mil fantasías.
Gina de Morales Guayaquil |
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| Colores de Azogues |
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Azogues, capital de la provincia del Cañar, cumple hoy 188 años de emancipación política. Hace años, antes de la solemnidad, por cuenta propia los propietarios de viviendas y edificaciones las pintaban como muestra de amor a la ciudad.
Así se lograba cierto colorido visual, artístico y ornamental sobre todo en la calle Bolívar, por donde se oficiaban los festejos cívicos militares. Aquella costumbre se ha eclipsado y la ciudad ha perdido ese encanto que solía mostrar en sus efemérides y después de ellas.
Hoy, el gris de la caliza recocida del cemento es espolvoreada sobre toda la ciudad, al extremo de habérsela tornado incolora, en atentado contra el medio ambiente del que no se dice nada.
Aquel concepto de estética y ornato ha cambiado. Ya no se piensa solo en la pintura de fachadas o en las macetas de barro colgadas de balcones. ¡La idea va más allá! La ciudad hoy personifica la vida de la población bajo sus formas complejas. Por ello no puede ser descuidada, sino entendida como obra de arte. Y siendo arte, las reglas son absolutamente rigurosas. No hay cabida para “pareceres” ni “iniciativas”, peor para floreros; sí en cambio para leyes urbanísticas y arquitectónicas adheridas a una estrategia de planificación y acción.
A toda ciudad se la concibe como una secuencia infinita de percepciones; ahí radica el hecho de ser testigos de los procesos históricos de transformaciones sociales y políticas, pues son y seguirán siendo el producto de la actividad de numerosos constructores que modifican constantemente su estructura. Azogues es una de ellas. La actividad comercial y constructiva la han llevado a desbordarse de sus límites urbanos. No obstante, su naturaleza y trazado vial, su arquitectura vernácula, topografía, muestran esa faceta de urbe pujante ligada a su entorno natural, a acontecimientos y recuerdos.
La imagen que de ella tenemos siempre estará impregnada de reminiscencias y significaciones. El aporte del pasado, de los barrios y de algunas autoridades ha dado continuidad a la edad de la ciudad. Cumplimos 188 años y el “fuerte” del festejo no debe ser el simple hecho de cumplir años, sino en lo que se ha hecho en ese tiempo y en el papel de los cabildos en la historia de la urbe. Lo que hagan o dejen de hacer siempre repercutirá positiva o negativamente en la armonía, imagen, identidad o carácter que presente la ciudad. Para satisfacer estas exigencias es imperativo preparar planes a diversos niveles, realizando investigaciones y asegurando la participación de actores de la población en disciplinas como antropología, sociología, psicología, economía, demografía..; en el deseo de que las decisiones tengan aval profesional y técnico. Solo así nuestra ciudad crecerá bien estructurada y armonizada con un medio natural y geográfico de múltiples significaciones.
Eugenio Morocho Quinteros, arquitecto, Azogues, Cañar, |
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