Lunes 03 de noviembre del 2008 Cultura

La plaza del tango, un lugar para oírlo y bailarlo

El miércoles es el día en que se reúnen los tangueros

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Duval Barrezueta y Cinthya Espíndola, la pareja de bailarines de tango que ofrece su espectáculo los miércoles, junto con el cantante Fabián Fariña.

En Guayaquil crece el interés por el género que popularizó Carlos Gardel e incluso se ha abierto una academia para aprender este ritmo.

Los miércoles, a las 21:30, las calles de Guayaquil van quedando  desiertas. Pero en la Plaza del Sol, un espacio al aire libre  ubicado junto a los  hoteles Sheraton y Howard Johnson, sucede lo contrario. Poco a poco se copa de gente de todas las edades y en especial de adultos. Llegan hasta allí para escuchar tango, mientras toman un trago o pican algo; para verlo bailar o incluso para bailarlo. Es el rincón de los tangueros.

“Cada vez nos sorprendemos más de que aquí en Guayaquil sí hay una cultura para  el tango”, comenta Cinthya Espíndola. Es bailarina y profesora de tango, y junto con el también bailarín y profesor Duval Barrezueta y el cantante  Fabián Fariña brinda  el espectáculo gratuito cada miércoles. Ellos forman la compañía  A Ritmo de Tango, que es la que le imprime a la noche guayaquileña un tinte argentino, un aire más cosmopolita.

Duval y Cinthya son pareja de baile desde hace tres años. Ellos danzan  mientras Fariña le pone  voz a esas letras que   hablan de una  diversidad de situaciones y básicamente de las melancolías en las cuestiones  del amor. Desde el público, uno que otro se anima   a hacerle dúo al cantante: “Yo la quise, muchachos, y la quiero/  y jamás yo la podré  olvidar...”.

Otros  miran con atención  a los bailarines. No se pierden un paso, un detalle. Es como si los analizaran.  Saben que en algún  momento de la noche  serán invitados al escenario y tendrán  que bailar.   Son los alumnos de   Duval y Cinthya, pareja que  hace cuatro meses abrió  una academia en la que  enseñan a  bailar tango.  Los miércoles convidan  a sus estudiantes para que practiquen lo aprendido.

“El bautizo aquí en Plaza del Sol es la peor parte”, refiere Sandra Ramos,  una de las alumnas, quien lleva dos meses y medio en la academia. Como anécdota cuenta que el día de su debut, accidentalmente se le desabotonó   la blusa y entró en pánico. Sin embargo,  susto aparte, tiene claro algo: “Si vienes acá, es que estás predispuesto a salir a bailar,  aunque  hayas ido solo a una clase”. Es jefa  de una agencia bancaria y  considera  al tango “una pasión”.

Sandra está  en una mesa tomando   café, junto con otras compañeras de la academia, entre ellas Mariana Andrade,  una  ingeniera comercial que practica sanación y es máster en reiki, quien  todavía no  ha debutado en Plaza del Sol, pero espera hacerlo pronto. “El primer día de clases casi salgo corriendo, sin embargo, me dije tengo que aprender. Llevo  un mes en la academia y ya bailo algo”, relata. Lo que sí lamenta  es que no haya  muchos hombres que sepan bailar tango o que estén interesados en aprenderlo. “Tendré que invitar al profesor que vaya a las fiestas”, bromea.

Patricia Bravo, quien es   gerente comercial de una empresa de plásticos, relata que llegó a la academia como producto de una vergüenza. Estaba en Buenos Aires y la sacaron  a bailar tango. Quedó muy mal,   y entonces a su regreso la tarea que se impuso fue aprenderlo.

Cinthya,  formada como balletista  y  que en los últimos años se ha apasionado por el tango al punto de  convertirlo en su trabajo cotidiano, sostiene que no hay edad   ni   físico que te impida aprender este género si te gusta. “Para aprenderlo solo  hay que tener  ganas”, comenta esta joven, de 21 años, que a  fines de mes, junto con Duval, viajará a Buenos Aires a tomar clases  con  el bailarín de tango  del siglo, Juan Carlos Copes, como se lo conoce en Argentina . No es la primera vez que saldrán del país por cursos. Ya han ido otras veces a Argentina y a Chile.

Duval aprendió a bailar tango en Chile, y  contrariamente a Cinthya, que tiene estudios de ballet, él es un  bailarín popular.  “La  mayoría de  parejas exitosas están integradas  por una bailarina formada de danza  clásica y por  un milonguero. El hombre no  puede ser tan  académico. El tango no vino de una escuela. No vino de un ballet.  El tango se bailaba en los arrabales, en los prostíbulos”, cuenta.

Duval afirma  que son la única pareja de tango en Guayaquil. En Quito, en cambio, sí hay más bailarines de este género, anota.  La voz de Fariña inunda la fresca noche: “Sentir que es un soplo la vida,/  que veinte años no es nada...”. Son más de las 23:00.  Algunas personas   del público se van. La mayoría sigue hasta que termine el show, pues sabe que no habrá otro hasta  el próximo miércoles. Las calles están vacías, pero allí suena el tango.

DICEN LAS ALUMNAS DE TANGO

MARIANA ANDRADE
“Con el tango  me olvido de los problemas, del estrés.    Además,   me parece muy sensual”. 

SANDRA RAMOS
“A mi novio le dije que tenía que aprender tango,  porque  yo bailo con  él o sin él”. 

PATRICIA BRAVO
“Para aprender a bailar es importante que te guste y lo  sientas. Y si te estresa, no bailes”.
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