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| Señores del IECE, ¿cuándo me responden? |
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El 15 de marzo del presente año, ilusionado con poder obtener mi título de abogado, presenté una carpeta con todos los requisitos para un crédito educativo que financia el IECE (Instituto Ecuatoriano de Crédito Educativo), específicamente para mi tesis y comprar una computadora, suministros de oficina y demás implementos para realizar el trabajo.
Dicha carpeta previamente fue revisada extraoficialmente por la coordinadora del IECE en Machala, antes de ser enviada a Guayaquil, y recibió el visto bueno. Desde esa fecha, hace un mes recibí una llamada telefónica en la que me pedían que actualizara mis certificados de ingresos, ya que el que había adjuntado estaba “caducado”. Cómo no iba a caducar después de tanto tiempo.
Durante los seis meses en que vía telefónica me comunicaba con el IECE en Guayaquil, no me daban respuestas, nadie conocía nada.
Envié un correo electrónico a ese organismo en Quito y Guayaquil pidiendo ayuda, la cual no se concretó. Durante todo este tiempo, como tenía la esperanza de que me dieran el crédito educativo, pedí dinero prestado al chulco, con lo cual cubrí los gastos de grado, especies y compré la computadora (no la tenía porque pertenezco a la mayoría de personas que nos esforzamos por ser alguien y trabajamos humildemente para ganarnos la vida).
Cada vez que llamaba a Guayaquil para saber cómo iba mi trámite, me decían “ya mismo sale”. Desde que presenté mi carpeta en Machala el 15 de marzo del 2008 hasta hoy (siete meses) no recibo una respuesta sobre si me negaron o aprobaron dicho crédito. Esto me ha causado un grave daño ya que me endeudé esperando cubrir dichos valores con el crédito educativo.
Terminé mi tesis, obtuve el título de abogado y todavía no recibo respuesta. Esta carta tiene la finalidad de hacerle saber al presidente del Ecuador, economista Rafael Correa, lo que pasa en instituciones públicas, específicamente en el IECE, donde parece que no comprenden que la burocracia no puede seguir matando la esperanza de la gente pobre que acude a pedir dinero, que lo tenemos que devolver con intereses. No es regalado. Espero que se sancione a los responsables de esta negligencia.
Servio Efraín Ordóñez Mendoza, Machala, El Oro |
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| Ganas de vivir |
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Cuando andamos desganados, nos cuestan más las cosas. Ante la desgana, lo mejor es no asustarse. No hay que dar pábulo a especulaciones interiores del no puedo, no valgo, no quiero, no tengo ganas...
Las ganas y la ausencia de la misma nos facilitan o dificultan las cosas, pero por encima de este primer impulso está el sentido común que nos lleva a razonar por qué las hacemos. Son caprichosas y juegan al escondite. Inoportunamente se esconden cuando más las necesitas y te dejan tiritando y contrariado.
Por eso es bueno tener fondo de armario: razones de peso que nos recuerden el porqué de nuestros actos, qué los motiva, qué los sostiene; esperanza de vida y ganas de vivirla.
Todos queremos bajarnos del mundo en ocasiones. Y todos deseamos permanecer por muchos años en él. Largo y corto es el tiempo, y las ganas o su distancia no pueden impedirnos vivir. No pasa nada si el fango nos cubre, si nos sacude el alma, si hace sol o frío, o si estamos en rojo en las reservas de ganas. La vida es para vivirla y, en la medida de lo posible, disfrutarla.
¡No permitas que decida sobre tu voluntad semejante marioneta!
María Luisa García Ocaña, Málaga, España |
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| Mimos a unos y porras a otros |
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¿Qué es lo que está pasando con nuestras autoridades? Enérgicos y exigentes frente al gobierno de Colombia, pero blandos y hasta protectores en cuanto a las guerrilleras de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) heridas en Angostura, y haciéndonos de la vista gorda en cuanto a la intromisión de quien se atrevió a decir que Guayaquil es separatista.
Enérgicos y exigentes contra quien se atreve a ofender a la majestad del Presidente, contra los estudiantes de la Universidad Católica, contra los estudiantes secundarios que se tomaron las calles de Quito; pero blandos y sin respuestas ante el embate delincuencial que azota al país entero. ¿Será que se está aplicando la ley del embudo?
Al Presidente no se lo puede ofender, y es lo justo. Pero ¿y él?, ¿qué ocurre en los enlaces de los sábados?
¡Pienso que es hora ya de tomar acción. Aún se está a tiempo! ¡Hay que bajar el nivel de confrontación y prestar atención a la situación actual, eso deseamos los ecuatorianos. Hay prioridades que no esperan: la salud, la educación y la tranquilidad ciudadana.
Se sigue ofreciendo actuar contra la delincuencia, y el resultado es totalmente negativo. ¿Será acaso que debemos pagar protección a los delincuentes, para solamente así sentirnos seguros?
Algo está funcionando mal, y es hora de pedir cuentas a los responsables de este mal funcionamiento. Los culpables, sea por incapacidad, por negligencia o por soberbia, ¡deben de irse! Si tuvieran dignidad, ya deberían renunciar.
Xavier Vallejo Iturralde Guayaquil
Desde el momento en que nos encontramos frente a la realidad ineludible de la diferencia de votación alcanzada para llegar a la asamblea (así, con minúsculas, porque las mayúsculas hay que ganárselas), fuimos testigos de que lo que realmente se iniciaba era una larga época de complicidad democrática. Es decir, como somos más, podemos hacer y tapar todo lo que nos dé la gana, y nadie puede discutirlo.
Eso no se llama democracia. Eso tiene otro nombre. Llegan al colmo de abusar de celulares, de comidas, de alquiler de vehículos, en impresiones de artículos de constituciones antiguas...; todos, casos de peculado, que si realmente la justicia estuviera vigente ya estarían, por lo menos, en Panamá.
De tanto repetirlo, lo dicen casi naturalmente: “Nosotros somos honrados porque nosotros lo decimos”. ¡Increíble!, pero eso es lo que nos hemos ganado con creer en la frase que antes mencioné. Ahora ¿qué nos queda a los ecuatorianos que tenemos otra concepción de la democracia?, pues cada vez que veamos un abuso, un dolo, un delito cometido por abusadores, denunciarlos, agradeciendo que al menos todavía existen espacios como este que reciben nuestros mensajes de aliento y esperanza. Esperanza en que pronto –olvidando las “ventajas” que podamos conseguir correcta o incorrectamente de estar cerca del gobierno (nuevamente, con minúsculas)– los ecuatorianos seamos capaces de expresarnos, de enjuiciar y hasta de condenar (y lo que sea necesario hacer) para que vuelva al Ecuador el respeto por la democracia, lo que siempre ha sido el sueño de todos nosotros.
¡No nos comprarán ni nos asustarán a todos!
José Marín López, ingeniero, Guayaquil
El azote de todos los días de la delincuencia en Ecuador nos hace pensar dos veces antes de regresar a nuestro país.
¿Para qué?, ¿para vivir asustados por la inseguridad?, ¿para ver cómo se desarma a los policías privados y metropolitanos y a la gente que tiene armas con licencia para portarlas?; ¿para ver cómo se da seguridad a guerrilleros, inmunidad a narcotraficantes mulas?; ¿para ver cómo se manda de regreso a las calles a peligrosos delincuentes y cómo se persigue a estudiantes y al que haga gestos o muecas cuando la caravana oficial pase?
José Brito, Génova, Italia |
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