lunes 03 de noviembre del 2008 Columnistas

‘Todos somos judíos alemanes’

Durante la revuelta de mayo de 1968 en París, el líder más visible era Daniel Cohn-Bendit. Un funcionario del gobierno de De Gaulle descalificó al dirigente estudiantil aludiendo a su origen “judío-alemán”. Al día siguiente, el grito de guerra de los jóvenes alzados era “todos somos judíos alemanes”. En realidad considero que Mayo 68 está overated, pero hay quienes no lo consideran así y dicen que debemos emular el ejemplo de ese movimiento. A ellos les recuerdo que si su admirada “revolución” tuvo un dirigente extranjero, no hay que ponerse muy xenófobos al juzgar a cualquier manifestación juvenil.

La participación de extranjeros en conflictos internos de otros países ha sido una constante. La revolución más importante de la historia, la que llevó a la independencia de Estados Unidos, no habría llegado a buen término de no ser por la participación de un contingente francés al mando del marqués de La Fayette. Y qué decir de la independencia ecuatoriana, en la Batalla del Pichincha en el bando patriota había más “extranjeros” (ingleses, irlandeses, argentinos, venezolanos, bolivianos, colombianos, etcétera) que en el bando realista. Giuseppe Garibaldi participó en revoluciones por todo el mundo, antes de luchar por la unidad italiana. Eloy Alfaro fue acusado de utilizar “mercenarios” colombianos en algunas de las guerras que emprendió contra los gobiernos que quería derrocar. Él los defendió diciendo que eran idealistas radicales que ayudaban a la buena causa.

Se puede citar un número infinito de casos similares. Uno de los más importantes generales de las fuerzas independentistas cubanas fue el dominicano Máximo Gómez. En la misma Cuba, el argentino Ernesto Che Guevara fue figura clave en la guerra de guerrillas que llevó a la instauración de la dictadura de Fidel Castro. Estos dos ejemplos demuestran que estas participaciones no son buenas per se. Lo normal es que nos parezcan “generosas” y “heroicas” cuando están a favor de nuestro bando, si lo hacen a favor del otro son “injustificadas e intolerables intromisiones” de “mercenarios”.

En la Guerra Civil Española, la participación de voluntarios “idealistas” en ambos bandos dio pie para que la Unión Soviética, Italia y Alemania interviniesen con fuerza brutal en ese conflicto, en el cual se llegó al extremo del “internacionalismo”. No fue, en ningún caso, un fenómeno positivo. Estas ambigüedades nos llevan a preguntarnos si estas actuaciones son legítimas. La legitimidad no puede venir dada por “la causa”, porque ese siempre será un criterio subjetivo. Entonces deben ser juzgadas por los medios a los que recurren: si usan violencia en situaciones de paz, o del terrorismo en situaciones de guerra, pierden toda justificación. Si no llegan a estos extremos, no hay razón para condenarlas.

Ahora se denuncia, con patriótica indignación, que miembros extranjeros de no sé qué movimiento se han reunido con uno que otro activista ecuatoriano. ¿Pusieron bombas?, ¿mataron a alguien?, ¿introdujeron armas? ¿No? Entonces, por favor... Yo jamás me indigné porque juristas españoles asesoraron a la Asamblea Constituyente, cometieron un error, no un crimen.
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