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Edición del DOMINGO 2 de Noviembre del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Soporte Emocional
El abuso infantil y la depresión en el adulto
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Dr. Lenin E. Salmon | lsalmon@gye.satnet.net

La depresión en el adulto ha sido y es uno de los temas más estudiados en psicología. Se podría decir que, por ser tan devastadores sus efectos en el equilibrio emocional, es la patología que más armas psicoterapéuticas y psicofarmacológicas ha impulsado a diseñar desde los albores de la psicología y la psiquiatría.

Ningún adulto se siente totalmente a salvo de ella, y más de la mitad tomarán una medicina antidepresiva en el transcurso de sus vidas.

En términos generales se considera que existen dos grandes causales para la depresión en el adulto: la pérdida de algo muy importante (un ser querido, un amor, un trabajo, es decir, un evento que causa mucho estrés y dolor, y necesita de un periodo de duelo) llamada depresión exógena y la depresión endógena, producto de una alteración en la comunicación a nivel de neurotransmisores en el sistema nervioso, un proceso químico. Pero la explicación no termina allí.

Existen adultos más proclives a reaccionar con depresión ante eventos que para otros no son motivo de mayor alteración, o requieren de una intervención profesional más profunda, o tardan más tiempo en recuperarse.

En muchos de estos adultos se ha encontrado una historia de abuso y/o negligencia de parte de sus mayores durante la niñez. Tal parece que estas influencias traumáticas tempranas dejan huellas profundas en el sistema nervioso del niño, daños emocionales que pueden permanecer en estado de latencia por años hasta que un nuevo evento emocionalmente fuerte los activa, produciéndose el episodio depresivo mayor.

El principal componente es el abuso físico o castigo físico indiscriminado, seguido del maltrato psicológico (irresponsabilidad, abandono, crueldad mental). El abuso sexual está incluido entre las principales causas de la depresión en mujeres adultas, no existiendo suficiente información sobre la población masculina.

Lo más grave de todo es que las experiencias traumáticas infantiles no solamente dejan secuelas emocionales sino también huellas físicas, porque alteran la sensibilidad del sistema nervioso en su reacción al estrés, haciendo que su umbral de tolerancia al mismo sea muy baja y se produzca con facilidad la secreción de hormonas del estrés. Estas, a su vez, influyen en los centros nerviosos correspondientes para crear  síntomas depresivos como alteraciones del sueño, la pérdida de la sensación de bienestar, o lentitud en la reacción al entorno.

Gradualmente cualquier evento estresante, que para la mayoría de la gente pasaría casi inadvertido, producirá en esta persona sensible una reacción depresiva significativa, se convertiría en una persona emocionalmente lesionada. Ante situaciones más complejas la reacción depresiva alcanzaría niveles críticos.

El abuso y la depresión por lo general ‘vienen en familia’, es decir, se transmiten por generaciones porque casi siempre el adulto que fue abusado se convierte a su vez en abusador.   La única forma de terminar con esta cadena patológica y liberarse de la vulnerabilidad a la depresión es enfrentándose a la causa, esto es, haciendo un ‘mapa reconstructivo’ del proceso abusivo que el adulto sufrió de niño.

Por lo general esto se consigue con la ayuda de la familia cercana, idealmente incluyendo a los abusadores, y con la guía de un profesional presto a utilizar los mecanismos terapéuticos apropiados para que el paciente pueda gradualmente asimilar su historia, y luego desarrollar recursos que le permitan entender y controlar su mundo interior para mejorar su interacción con el mundo exterior.

Ahora, mucho de lo arriba expuesto, que es solamente una parte del infierno en el que puede convertirse la vida del adulto depresivo, es factible de evitarse.

Lo que se necesita hacer es tomar en cuenta la inocencia, la vulnerabilidad y la impotencia del niño a las influencias que recibe de nosotros los mayores, y pensar mucho más de una vez antes de actuar con irresponsabilidad, agresividad o violencia.

El adulto nos lo agradecerá.


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