Domingo 02 de noviembre del 2008 Política

Paracaidismo nacional en ejercicios con Italia

Misión italiana hizo maniobras conjuntas con paracaidistas de la fuerza especial de la Brigada Patria.

De paso por Centroamérica, Giorgio Martini pensó en lo interesante que sería saltar en cielo ecuatoriano. Hace un año, este  capitán de corbeta de la Armada italiana tuvo la idea de traer una misión de paracaidistas de su país para hacer maniobras  en  el centro del mundo.

Un  ecuatoriano que conoció durante sus días de preparación fue  el primer contacto. El miércoles pasado, Martini estaba listo para cumplir el ejercicio junto con  25 paracaidistas italianos, de  entre  28 y 59 años, en una pista de Quevedo.

Las maniobras coincidieron con la conmemoración de los 52 años del paracaidismo ecuatoriano. En ella también participaron uniformados de la Brigada Patria, uno de los grupos especiales que estuvo en el conflicto del Cenepa de 1995.

Todo se adecuó desde  temprano. Mezclados en grupos, los paracaidistas ecuatorianos e italianos se preparaban para dejar tierra y brincar desde 500 pies de altura (más de 150 m). Antes del abordaje, cada jefe de salto, identificado con una gorra azul, dio indicaciones.

Simulando estar en el avión,  cada uno repasaba.  “Faltan tres minutos para saltar. ¡Alinearse!”, “mantengan listo el gancho para la apertura”, “¡a saltar!” eran algunas de las frases que se replicaban.

Javier Fuertes, uno de los jefes de salto, comentó que aún cuando se tenga experiencia se deben considerar todos los procedimientos.

No es fácil llegar a dirigir paracaidistas. Los jefes deben tener 30 saltos de banda (de 1.000 a 3.000 pies  o 1.000 m) y un  curso de entrenamiento.

Antes de abordar el avión, Martini mencionó que  “es interesante ver otras normas de seguridad en el aire que se pueden aplicar en el país de uno”.

El primer grupo subió a la aeronave a las 14:00. Se  planificó que salten en ‘pasadas’ de diez paracaidistas. La zona de aterrizaje se definió horas antes, en una especie de maqueta.

Una ambulancia se anticipó al punto de aterrizaje, en las afueras de Quevedo. El lugar: un campo vacío, cuyo suelo está en preparación para sembrar. El avión aparece. Una de sus puertas laterales se abre y comienzan los saltos, uno tras otro. Menos de un  minuto dura cada práctica.
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