Domingo 02 de noviembre del 2008 Cultura

“En toda buena novela tiene que haber poesía”

Clara Medina

Letras y Notas: Jorge Edwards, escritor chileno

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El escritor Jorge Edwards estuvo en Guayaquil dos días. El jueves viajó a Galápagos. Hoy tiene previsto volver a Chicago.

Es la segunda vez que el escritor chileno Jorge Edwards visita el país   y  la primera  que llega a Guayaquil, aunque no la ha podido recorrer, “lo cual es una vergüenza”, dice (es miércoles) como reprochándose su falta de tiempo. De  Ecuador  recuerda a   autores  como Pedro Jorge Vera, “y a  un poeta que me atacó furiosamente  cuando yo escribí  Persona non grata (la  obra más polémica de Edwards,  que es una crítica al sistema cubano y la que hizo  que ganara notoriedad literaria en la década de los 70)  que  se llama  Jorge Enrique Adoum”,  dice   el Cervantes de Literatura 1999 y Premio Planeta-Casamérica 2008, quien reside  en Santiago pero viaja con frecuencia y dicta ahora en la Universidad de Chicago, Estados Unidos,  un curso sobre el boom latinoamericano. A sus 77 años, Edwards no tiene empacho en reconocer al escritor peruano Mario Vargas Llosa como  el latinoamericano que más merece el Nobel de Literatura. Entre sus proyectos están escribir tres novelas cortas y unas memorias. “Pero me  van a matar en Chile, porque  si uno escribe memorias con algo de veracidad, le llegan los palos”, dice de su país.
 
¿Y a usted le importa lo que le puedan decir?
No. Yo tengo piel de rinoceronte.  

En su novela  La casa de Dostoievsky, con la cual ganó en abril pasado el Premio Planeta-Casamérica, el protagonista es un poeta y en toda la obra está   presente la poesía. Se intuye que tras este libro  está un devoto de la poesía.
En toda buena novela tiene que haber poesía, y pienso que una cosa  que fue característica de la generación mía, que fue parte de la generación del boom, es que fuimos jóvenes lectores de poesía  y en muchos casos  fuimos escritores de poesía –yo escribí poesía  de adolescente–  y  tratamos de que algo de la atmósfera de la poesía entrara en nuestra manera de escribir la prosa. Nosotros no hacíamos una escritura en prosa puramente informativa, sino que hacíamos una prosa más o menos atmosférica. Tratamos de que ciertas situaciones  poéticas se pudieran meter en la prosa.

¿Usted cree que eso ya no sucede con las generaciones actuales de escritores?
No necesariamente están interesados en la poesía. Están más  interesados en la acción, en el suspenso, en la intriga. No me opongo, pero en nuestra generación nos interesaba que la escritura tuviera un alegato poético. Estoy dando un curso en la Universidad de Chicago y  es mi historia personal de lo que fue el boom. He  releído mucho, y releyendo a Cortázar, a Donoso, a varios más,   veo que hay una relación con la poesía en esa prosa  que quizá se ha perdido en la narrativa de estos días.

¿Cuál es su visión personal de la época del boom?
Mi  impresión es que fue una época en  que la aventura de la literatura era muy profunda, era algo que conmovía completamente a una persona  y   le  cambiaba la vida.  Uno descubría la literatura (Mario Vargas Llosa dice que la descubrió leyendo a Flaubert.  Yo la descubrí a lo mejor leyendo a otros) se metía en  ella y quedaba marcado. Yo creo que la atmósfera, las conversaciones nuestras,  iban por ahí. La   literatura era todo. Era una forma de vida.

Chile es el único país latinoamericano que tiene dos premios Nobel de Literatura: Pablo Neruda y Gabriela Mistral.  Los  dos Nobel fueron un peso para los autores  de su generación ¿También para usted?
Fueron  un gran peso para los poetas, puesto que ellos eran  poetas. Pude ser amigo de Neruda porque yo no era poeta. Yo había escrito poesía pero no la había publicado. Entonces no sentía ninguna rivalidad. Pero los poetas de mi tiempo se sentían  agobiados por el peso de Neruda e incluso los poetas de la generación anterior.   No ser poeta me ayudó a ser amigo de los poetas.
 
Contrariamente a esa época, en que se premió y difundió la poesía,    da la impresión  de  que ahora  en Chile se produce  más   narrativa. O al menos es lo que más se  conoce.
Ahora se hace mucha novela en Chile, por lo menos entre la nueva generación. Antes los jóvenes eran todos poetas, y los que eran cuentistas o novelistas éramos la excepción, era como raro. Ahora los jóvenes son todos novelistas, y si hay alguno que sea poeta es una rareza. Lo que predomina es la escritura narrativa. 

Octavio Paz fue en 1990 el último latinoamericano a quien le  otorgaron el Nobel de Literatura.  ¿A qué escritor de este continente, según su criterio,   la Academia  debería entregarle el   Nobel?
Yo creo que el Nobel lo tiene archiganado Mario Vargas Llosa. Uno puede estar en desacuerdo con él en política, pero ha hecho una obra muy sólida,  poderosa, y debería ganarse el premio. Yo tengo que enseñar,  que comentar mi relación con él mañana en Chicago. Así que estoy releyendo  La orgía perpetua,  su libro sobre Flaubert, muy decidor de una elección de una forma de escribir: esa forma tan armada, tan bien construida y tan eficaz.
 
Latinoamérica experimenta un vuelco hacia la izquierda. Muchos de los países latinoamericanos tienen gobernantes de izquierda.   ¿Cómo ve esa tendencia?
Yo no sé si este izquierdismo nuevo de América Latina es un fenómeno verdaderamente serio o es un   sarampión que ha brotado y que va a terminar mal.  Veo con cierto  pesimismo el asunto. Considero  que hay dos países que son gobernados por gente de izquierda, pero que siguen una   política de lo posible y  eso ha dado algún resultado. Son el Brasil de Lula  y el Chile de Bachelet. Lastimosamente ha venido esta crisis mundial que nos va a complicar la vida a todos.   No soy muy optimista  y  creo que si los gobiernos de izquierda de América Latina  no proceden con inteligencia y con cuidado, y no dejan la provocación constante y en el fondo innecesaria que no  los ayuda, van a cometer errores.

Usted vive en Santiago. ¿Fue la  nostalgia que lo llevó a reinstalarse en su  país o le gusta realmente?
Creo que hubo un elemento de  nostalgia, de familia. Hubo cosas muy complejas. No me termino de explicar todavía por qué regresé a Chile. A veces pienso que vivo allá para que se  molesten, para que sientan envidia porque me saqué un premio. Es mi tierra, es mi ciudad, y mi literatura tiene que ver mucho con esa ciudad. Cuando joven, yo era lector de las literaturas más avanzadas  y había que conseguir  los libros con mucha dificultad. Leía a   Kafka, a Joyce. Hay un libro  de Joyce que me gustó, que se llama Dublineses y es   sobre la ciudad de Dublín.   Joyce se escapó, vivía en un exilio voluntario. Yo escribí un libro que se llamaba Gente de la ciudad, que era sobre la gente de Santiago y que era mi  homenaje secreto a  Dublineses. Yo también escapé, pero resulta que ya de viejo volví. Será que volví como los elefantes, que vuelven a morirse al lugar de origen. Pero a pesar del tiempo que  ha pasado, nunca renuncio a la idea de volverme a escapar. De repente  digo “a lo mejor me voy  Madrid y me quedo allá”  y también me dan ganas de irme a París. Tengo unos amigos en Francia y les pregunté: “¿Ustedes, si yo me vengo a vivir a París,  se comprometen   a incinerarme y a tirar  mis cenizas al Sena”. Me dijeron “sí”.
 
¿Y su familia?
Mi mujer murió hace años.  Tengo dos hijos.
 
¿Y  nietos? 
No, no tengo nietos. Mis hijos no se han casado. Son solterones. Son un chico y una chica  muy modernos para sus cosas. No creen   en el matrimonio.
 
¿No lo ilusiona la idea de ser abuelo?
No sé,   porque lo envejece a uno andar de abuelito.


PERFIL: Jorge Edwards

EDAD
77 años. Nació en Chile el 29 de julio de 1931.

OCUPACIONES
Es escritor, crítico literario, periodista y diplomático.

OBRAS
Entre sus libros están Persona non grata,  que  creó una gran polémica entre los escritores latinoamericanos; El origen del mundo,  El sueño de la historia, El inútil de la familia   y, últimamente, La casa de Dostoievsky.

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