Es la segunda vez que el escritor chileno Jorge Edwards visita el país y la primera que llega a Guayaquil, aunque no la ha podido recorrer, “lo cual es una vergüenza”, dice (es miércoles) como reprochándose su falta de tiempo. De Ecuador recuerda a autores como Pedro Jorge Vera, “y a un poeta que me atacó furiosamente cuando yo escribí Persona non grata (la obra más polémica de Edwards, que es una crítica al sistema cubano y la que hizo que ganara notoriedad literaria en la década de los 70) que se llama Jorge Enrique Adoum”, dice el Cervantes de Literatura 1999 y Premio Planeta-Casamérica 2008, quien reside en Santiago pero viaja con frecuencia y dicta ahora en la Universidad de Chicago, Estados Unidos, un curso sobre el boom latinoamericano. A sus 77 años, Edwards no tiene empacho en reconocer al escritor peruano Mario Vargas Llosa como el latinoamericano que más merece el Nobel de Literatura. Entre sus proyectos están escribir tres novelas cortas y unas memorias. “Pero me van a matar en Chile, porque si uno escribe memorias con algo de veracidad, le llegan los palos”, dice de su país.
¿Y a usted le importa lo que le puedan decir?
No. Yo tengo piel de rinoceronte.
En su novela La casa de Dostoievsky, con la cual ganó en abril pasado el Premio Planeta-Casamérica, el protagonista es un poeta y en toda la obra está presente la poesía. Se intuye que tras este libro está un devoto de la poesía.
En toda buena novela tiene que haber poesía, y pienso que una cosa que fue característica de la generación mía, que fue parte de la generación del boom, es que fuimos jóvenes lectores de poesía y en muchos casos fuimos escritores de poesía –yo escribí poesía de adolescente– y tratamos de que algo de la atmósfera de la poesía entrara en nuestra manera de escribir la prosa. Nosotros no hacíamos una escritura en prosa puramente informativa, sino que hacíamos una prosa más o menos atmosférica. Tratamos de que ciertas situaciones poéticas se pudieran meter en la prosa.
¿Usted cree que eso ya no sucede con las generaciones actuales de escritores?
No necesariamente están interesados en la poesía. Están más interesados en la acción, en el suspenso, en la intriga. No me opongo, pero en nuestra generación nos interesaba que la escritura tuviera un alegato poético. Estoy dando un curso en la Universidad de Chicago y es mi historia personal de lo que fue el boom. He releído mucho, y releyendo a Cortázar, a Donoso, a varios más, veo que hay una relación con la poesía en esa prosa que quizá se ha perdido en la narrativa de estos días.
¿Cuál es su visión personal de la época del boom?
Mi impresión es que fue una época en que la aventura de la literatura era muy profunda, era algo que conmovía completamente a una persona y le cambiaba la vida. Uno descubría la literatura (Mario Vargas Llosa dice que la descubrió leyendo a Flaubert. Yo la descubrí a lo mejor leyendo a otros) se metía en ella y quedaba marcado. Yo creo que la atmósfera, las conversaciones nuestras, iban por ahí. La literatura era todo. Era una forma de vida.
Chile es el único país latinoamericano que tiene dos premios Nobel de Literatura: Pablo Neruda y Gabriela Mistral. Los dos Nobel fueron un peso para los autores de su generación ¿También para usted?
Fueron un gran peso para los poetas, puesto que ellos eran poetas. Pude ser amigo de Neruda porque yo no era poeta. Yo había escrito poesía pero no la había publicado. Entonces no sentía ninguna rivalidad. Pero los poetas de mi tiempo se sentían agobiados por el peso de Neruda e incluso los poetas de la generación anterior. No ser poeta me ayudó a ser amigo de los poetas.
Contrariamente a esa época, en que se premió y difundió la poesía, da la impresión de que ahora en Chile se produce más narrativa. O al menos es lo que más se conoce.
Ahora se hace mucha novela en Chile, por lo menos entre la nueva generación. Antes los jóvenes eran todos poetas, y los que eran cuentistas o novelistas éramos la excepción, era como raro. Ahora los jóvenes son todos novelistas, y si hay alguno que sea poeta es una rareza. Lo que predomina es la escritura narrativa.
Octavio Paz fue en 1990 el último latinoamericano a quien le otorgaron el Nobel de Literatura. ¿A qué escritor de este continente, según su criterio, la Academia debería entregarle el Nobel?
Yo creo que el Nobel lo tiene archiganado Mario Vargas Llosa. Uno puede estar en desacuerdo con él en política, pero ha hecho una obra muy sólida, poderosa, y debería ganarse el premio. Yo tengo que enseñar, que comentar mi relación con él mañana en Chicago. Así que estoy releyendo La orgía perpetua, su libro sobre Flaubert, muy decidor de una elección de una forma de escribir: esa forma tan armada, tan bien construida y tan eficaz.
Latinoamérica experimenta un vuelco hacia la izquierda. Muchos de los países latinoamericanos tienen gobernantes de izquierda. ¿Cómo ve esa tendencia?
Yo no sé si este izquierdismo nuevo de América Latina es un fenómeno verdaderamente serio o es un sarampión que ha brotado y que va a terminar mal. Veo con cierto pesimismo el asunto. Considero que hay dos países que son gobernados por gente de izquierda, pero que siguen una política de lo posible y eso ha dado algún resultado. Son el Brasil de Lula y el Chile de Bachelet. Lastimosamente ha venido esta crisis mundial que nos va a complicar la vida a todos. No soy muy optimista y creo que si los gobiernos de izquierda de América Latina no proceden con inteligencia y con cuidado, y no dejan la provocación constante y en el fondo innecesaria que no los ayuda, van a cometer errores.
Usted vive en Santiago. ¿Fue la nostalgia que lo llevó a reinstalarse en su país o le gusta realmente?
Creo que hubo un elemento de nostalgia, de familia. Hubo cosas muy complejas. No me termino de explicar todavía por qué regresé a Chile. A veces pienso que vivo allá para que se molesten, para que sientan envidia porque me saqué un premio. Es mi tierra, es mi ciudad, y mi literatura tiene que ver mucho con esa ciudad. Cuando joven, yo era lector de las literaturas más avanzadas y había que conseguir los libros con mucha dificultad. Leía a Kafka, a Joyce. Hay un libro de Joyce que me gustó, que se llama Dublineses y es sobre la ciudad de Dublín. Joyce se escapó, vivía en un exilio voluntario. Yo escribí un libro que se llamaba Gente de la ciudad, que era sobre la gente de Santiago y que era mi homenaje secreto a Dublineses. Yo también escapé, pero resulta que ya de viejo volví. Será que volví como los elefantes, que vuelven a morirse al lugar de origen. Pero a pesar del tiempo que ha pasado, nunca renuncio a la idea de volverme a escapar. De repente digo “a lo mejor me voy Madrid y me quedo allá” y también me dan ganas de irme a París. Tengo unos amigos en Francia y les pregunté: “¿Ustedes, si yo me vengo a vivir a París, se comprometen a incinerarme y a tirar mis cenizas al Sena”. Me dijeron “sí”.
¿Y su familia?
Mi mujer murió hace años. Tengo dos hijos.
¿Y nietos?
No, no tengo nietos. Mis hijos no se han casado. Son solterones. Son un chico y una chica muy modernos para sus cosas. No creen en el matrimonio.
¿No lo ilusiona la idea de ser abuelo?
No sé, porque lo envejece a uno andar de abuelito.
PERFIL: Jorge Edwards
EDAD
77 años. Nació en Chile el 29 de julio de 1931.
OCUPACIONES
Es escritor, crítico literario, periodista y diplomático.
OBRAS
Entre sus libros están Persona non grata, que creó una gran polémica entre los escritores latinoamericanos; El origen del mundo, El sueño de la historia, El inútil de la familia y, últimamente, La casa de Dostoievsky.