La muerte inspira tradiciones con raíces indígenas en Latinoamérica, que se expanden hacia lugares como Estados Unidos, por la migración. Hoy los cementerios son escenarios protagónicos.
Lo que en Ecuador viene a ser la colada morada o guaguas de pan, en México son los esqueletos, tequila o mariachis y en Bolivia las frutas, flores u hojas de coca.
La celebración del Día de los Difuntos, el 2 de noviembre, se extiende en el mundo, más con la migración latinoamericana a EE.UU. (donde, más bien, se festeja Halloween) o Europa.
Cada país tiene su forma particular de recordar a sus muertos. Desde las costumbres más sencillas, como visitar a sus muertos ese día o pintar sus tumbas, hasta las más “exóticas”, como llevarles comida, agua o alcohol, porque llegan con hambre y sed del “viaje”.
También se organizan exhibiciones, festivales y hasta desfiles. En México, desde donde más se difunde esta tradición, es común el uso de figuras alusivas a la muerte, como calaveras o esqueletos de cerámica o azúcar. En los últimos años algunos están incluyendo a la “Santa Muerte”, cabeza de una iglesia que en ese país venera a la también llamada “Niña blanca”.