- NOV. 02, 2008 - Foto - Religiosa y Obituarios - EL UNIVERSO
Los del Purgatorio
Coincide este domingo con la conmemoración de los Difuntos; con el día en que la Iglesia nos recuerda el Purgatorio.
Ayer nos hizo festejar dos imponentes verdades: que Dios nos quiere para siempre junto a Sí, y que muchos hombres y mujeres, aunque no hayan sido puestos en el Canon de los Santos, han alcanzado esta meta.
¿Qué hicieron con su vida estos hermanos para ser premiados? Pues vivir como el Señor había determinado que vivieran –es decir, tratando de cumplir su Voluntad– y terminar como el Señor había establecido que acabaran. Esto es, teniendo plena confianza en su Misericordia. Y además, posiblemente, tuvieron que pasar por una purificación final después de muertos, llamada por la Iglesia Purgatorio.
He dicho “posiblemente”, porque el paso por el Purgatorio no es imprescindible. Solamente es necesario cuando el alma, después de haber sufrido la muerte, no se encuentra todavía en condiciones de que Dios la abrace.
En realidad, nadie nace para que el Señor le tenga que esperar después de muerto. Todo el que vive recibe, con la vida y con la muerte, las ayudas necesarias para ser llevado al Cielo de inmediato. Aunque muy probablemente, no pocos nos vayamos de este mundo sin aprovecharlas todas.
Si esto pasa, la Misericordia del Señor actúa una vez más. Se toma, por así decirlo, la molestia de quitarnos una a una, como el médico de piel, las arrugas y verrugas, los lunares y las manchas que tenemos.
Mientras dura este proceso de embellecimiento, el alma nada puede hacer para acortarlo. Más aún: conforme su limpieza avanza, aumenta su dolor. Sufre más y más, aunque con alegría, porque siente más y más lo mal que se portó en la tierra.
No puede el alma hacer menos molesto el Purgatorio, pero puede –como usted y como yo, que somos pecadores– pedir por sus amigos de la tierra.
Estos amigos terrestres, sí que pueden acortar su purificación. Pueden –o mejor dicho, podemos– ofrecer lo más valioso de este mundo que es la Santa Misa, lo que el día nos presenta de ordinario –el trabajo, la paciencia, la sonrisa– y las contrariedades no ordinarias. Todo, todo, puede ser alivio para los del Purgatorio, si se ofrece a Dios por ellos.
Por eso, hoy le recuerdo con la Iglesia que debemos evocar a los todos los difuntos, católicos o no, que se encuentren padeciendo en el Purgatorio.