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La religión incita violencia en India

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Los cristianos culpan a militantes hindúes de las conversiones forzadas. Una cristiana en su hogar incendiado, en Orissa.
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Noviembre 02, 2008

Por SOMINI SENGUPTA | BOREPANGA, India

La familia de Solomon Digal fue citada por vecinos al lugar que sirve de plaza pública, frente a la tienda de tés de la aldea.

Se les ordenó arrodillarse y hacer una reverencia ante el retrato de un predicador hindú. Se les pidió que entregaran sus Biblias, himnarios y las dos imágenes de calendario de colores brillantes de Cristo que colgaban de su pared.

Después, Digal, de 45 años, cristiano desde su niñez, fue obligado a ver como sus vecinos hindúes le prendían fuego a los artículos.

“Acojan el hinduismo y su casa no será demolida”, recordó Digal que le dijeron esa tarde de septiembre.

“De lo contrario, serán asesinados o serán expulsados de la aldea”. India, la democracia más poblada del mundo y, oficialmente, un país secular, hoy es perseguida por un franco ataque contra una de sus libertades fundamentales. En el estado de Orissa, en el oriente de India, fracturado por semanas de enfrentamientos religiosos, las familias cristianas, como los Digal, dicen ser obligadas a renunciar a su fe a cambio de su seguridad.

Las conversiones forzadas llegan entre ataques contra cristianos en Orissa y en por lo menos otros cinco estados del país, al tiempo que India se prepara para las elecciones nacionales, la siguiente primavera.

En Kandhamal, el distrito que ha visto la mayor violencia, más de 30 personas han sido asesinadas, 3.000 hogares incendiados y más de 130 iglesias destruidas. En la zona yacen los restos chamuscados de viviendas de barro y techo de paja. Los negocios de propietarios cristianos han sido atacados sistemáticamente.

La violencia religiosa entre los cristianos, que constituyen alrededor de 2% de la población, y la mayoría hindú, de 1.100 millones de creyentes, no es nada nuevo. Pero este episodio más reciente es el más intenso en años.

El detonador fue el asesinato, el 23 de agosto, de un carismático predicador hindú, conocido como el swami Laxmanananda Saraswati, quien, durante 40 años, había incitado a los habitantes de la zona a que escogieran el hinduismo sobre el cristianismo.

La Policía ha culpado a guerrillas maoístas del asesinato del swami, pero los radicales hindúes siguen responsabilizando a los cristianos.

Detrás de los enfrentamientos yacen tensiones de mucho tiempo entre grupos igual de empobrecidos: los panas y los kandhas. Originarios de esas tierras, ambos grupos adoraron a los mismos dioses durante generaciones. En las últimas décadas, la mayoría de los panas se volvió cristiana a medida que misioneros católicos y bautistas arribaron a la región, hace más de 60 años, seguidos más recientemente por los pentecosteses.

Los kandha, en parte a través de las enseñanzas de Laxmanananda, acogieron el hinduismo.

El odio también ha sido alimentado por las tensiones económicas, al darle el Gobierno una clasificación diferente a cada grupo y, por lo tanto, privilegios distintos.

Los kandhas acusaron a los panas de hacer trampa para obtener cuotas codiciadas de empleos gubernamentales.

Los panas cristianos, a su vez, afirman que sus vecinos han desarrollado resentimientos en su contra a medida que ellos se han educado y prosperado.

Sus rencillas se manifestaron en choques esporádicos en los últimos 15 años, pero estallaron con furia desde el asesinato de Laxmanananda.

Dos noches después de su muerte, una turba hindú, en la aldea de Nuagaon, sacó a un sacerdote y una monja a rastras de su residencia, les arrancó la mayor parte de su ropa y los exhibieron por las calles.

La monja le señaló a la Policía que había sido violada por cuatro hombres, cargo que las autoridades dijeron fue respaldado por un examen médico.Nadie fue arrestado en relación al caso hasta cinco semanas después, tras una abundante cobertura en los medios. Cinco hombres están bajo arresto en relación con haber incitado los disturbios.

Subash Chauhan, líder estatal de mayor rango de Bajrang Dal, grupo radical hindú, describió gran parte de la reciente violencia como “una reacción espontánea”.

Se le preguntó una y otra vez si se les debía dar a los cristianos en Orissa la libertad para adorar al dios de su elección. “¿Por qué no?”, respondió finalmente, pero advirtió que no era realista esperar que los kandhas permitieran amablemente que sus enemigos panas vivieran entre ellos como seguidores de Jesucristo.


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