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Inteligencia / Roger Cohen

Una desacertada caza de brujas

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Noviembre 02, 2008

NUEVA YORK

El 4 de septiembre, Wolfgang Ischinger, ex embajador alemán en Estados Unidos, asistió al partido de inauguración de la temporada de fútbol americano entre los New York Giants y los Washington Redskins.

Fue una feliz ocasión en el estadio de los Giants – más festiva aún gracias a la victoria del equipo local.

Ischinger, actualmente alto ejecutivo de Allianz, una gran compañía de seguros alemana, era huésped de la familia Tisch, judíos prominentes de Nueva York, dueños de la mitad de los Giants y numerosas propiedades inmobiliarias de Nueva York. Su encuentro aunaba negocios y placer.

Estaban a punto de concluir las negociaciones relativas a un contrato por el cual Allianz pagaría más de US$ 25 millones anuales para que el nombre de la compañía apareciera en el nuevo estadio de los Giants que se está construyendo con un costo de US$ 1.300 millones cerca del viejo estadio en New Jersey y será inaugurado en 2010. Los Tisch, habiendo hecho todos los estudios previos de confiabilidad respecto de Allianz, parecían felices con la idea.

Pero he aquí que se desató un infierno.

Una semana después del partido, el New York Daily News publicó un titular chillando por el “pacto (de los Giants) con el diablo”. Una ilustración mostraba el estadio pintarrajeado con una esvástica.

La chispa del escándalo fue el hecho de que Allianz, igual que la mayoría de las grandes empresas alemanas que existían en esa época, negociaba ampliamente con el Tercer Reich de Hitler, asegurando las instalaciones de los campos de concentración. A Allianz le llevó décadas resolver los reclamos de indemnización realizados por herederos de víctimas del Holocausto.

El 12 de septiembre, el contrato se había cancelado. Ambas partes trataron de mitigar la debacle, pero Allianz, que tiene muchas sociedades y miles de empleados en Estados Unidos, quedó en shock.

“Nadie imaginó semejante tormenta”, me dijo Ischinger. Esta caza de brujas que Nueva York libra contra Allianz me deja pasmado. Viví en Berlín tres años, lapso en el cual cubrí el establecimiento en el año 2000 de un fondo multimillonario en dólares negociado por los gobiernos de Estados Unidos y Alemania para indemnizar a los trabajadores esclavos de la época nazi y resolver reclamos de seguros pendientes.

Como parte de ese convenio, la Comisión Internacional para Reclamos de seguros de la época del Holocausto, de la cual Allianz ha sido un miembro esencial, pagó más de US$ 300 millones.

Sí, llega tarde. Pero Estados Unidos fue parte de ese pacto internacional.

Stuart Eizenstat, el alto funcionario de la administración Clinton que negoció el convenio, fue uno de los consultados por los Tisch antes de que se desatara este alboroto. La memoria es volátil e irracional.

Como señaló el historiador francés Pierre Nora, “La memoria es la vida. Está en permanente evolución”.

La “evolución” llevó varias décadas, pero Alemania, como Allianz, enfrentó la culpa y se esforzó por realizar enmiendas. Ningún otro país sufrió tanta angustia por encontrar una conmemoración adecuada de crímenes nacionales monstruosos. Es tiempo de reconciliación.

Es tiempo de dejar de invocar al diablo. Es tiempo de dejar de pintar esvásticas. Es tiempo de respetar a los empleados estadounidenses de Allianz.

Dije que la memoria es irracional. Estados Unidos tiene un magnífico Museo del Holocausto pero ninguna institución equivalente en Washington para los desastres de la raza. ¿Por qué el Holocausto, tiene más importancia que la esclavitud o la segregación?

No lo sé. Pero es evidente que la elección del senador Barack Obama sería una victoria sobre la dolorosa historia de Estados Unidos. Si Estados Unidos puede hacer eso, Nueva York y su numerosa comunidad judía pueden también triunfar sobre la detestable manipulación de recuerdos penosos.


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