Ante las dificultades del creciente número de pobres, presas del hambre, y las fluctuaciones extremas del precio de los granos, los científicos alimenticios proponen una solución original ante la crisis alimenticia global: comer papas.
Granos como el trigo y el arroz tienen mucho de ser las bases de las dietas de la mayor parte del mundo y la principal moneda de la ayuda alimenticia. Numerosos científicos, nutriólogos y especialistas en ayuda se muestran cada vez más convencidos de que la papa debería desempeñar un papel mucho mayor para garantizar un suministro alimentario estable en el mundo en vías de desarrollo.
Desde antes de que se dispararan los precios a principios de este año, los gobiernos de países desde China hasta Perú y Malawi habían empezado a impulsar tanto su cultivo y consumo para asegurar la alimentición y elevar los ingresos rurales.
Hace una década, la gran mayoría eran cultivadas y consumidas en el mundo desarrollado. Hoy, China e India, que no solían ser grandes consumidores, ocupan respectivamente el primer y el tercer lugar global en el cultivo del tubérculo. En el 2005, por primera vez, países en vías de desarrollo produjeron la mayoría de las papas del mundo.
“La papa es considerada cada vez más como un cultivo vital para la seguridad alimenticia y un sustituto para las costosas importaciones de granos”, expresó NeBambi Lutaladio, experto en raíces y tubérculos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, con sede en Roma. “El consumo crece en los países en vías de desarrollo, donde constituye una fuente cada vez más importante de alimento, trabajo e ingreso”.
Si bien el precio de los granos ha disminuído en los últimos meses, tras alcanzar niveles históricamente elevados, sigue muy superior a lo que era hace sólo dos años. La FAO continúa instando con fuerza a los países a diversificarse a la producción a papa, de acuerdo con Lutaladio, que agregó: “La economía mundial ha entrado en una fase de oscilaciones extremas. Nuevos episodios de altos precios, y hasta más severos, podrían estar a la vuelta de la esquina”.
Así, la imagen de la papa cambia para dejar de ser un alimento propio de campesinos y cerdos para convertirse en un apoyo nutritivo significativo y objeto de estudio científico. Cuando la ONU anunció, el año pasado, que el 2008 sería el Año de la Papa, pocos la tomaron en serio. Eso fue antes de que los precios de los granos se duplicaran, entre principios del 2007 y la primavera 2008, y el Programa Alimenticio Mundial (PAM) de la ONU anunciara que necesitaba 500 millones de dólares adicionales para comprar granos.
Pamela K. Anderson, directora del Centro Internacional de la Papa, institución de investigación global, en Lima, Perú, indicó que, hasta el año pasado, la pregunta más común que se le hacía tenía que ver con su receta favorita de papa. “El sistema alimenticio está tan frágil hoy, que la gente ha dejado de reírse. Se pregunta: ‘¿cómo pueden las papas ayudar a resolver este problema?”
Anderson fue una de docenas de científicos de todas las naciones que se reunieron hace poco en Vitoria-Gasteiz, en el corazón del país vasco, en Neiker Tecnalia, centro de investigación de la papa, fundado hace dos siglos. Su objetivo: estudiar los avances en el cultivo de la papa, entre ellos el desarrollo de especies resistentes a las plagas y a la sequía que podrían emplearse en países más pobres.
La papa es una buena fuente de proteína, almidón, vitaminas y minerales como el zinc y el hierro.
Su cultivo requiere menos energía y agua que el trigo, con sólo tres meses entre siembra y cosecha. Dado que es pesada y resulta difícil de transportar, no suele negociarse en los mercados financieros internacionales, lo que vuelve su precio menos vulnerable a la especulación.
Cuando los precios de los granos se dispararon, los de la papa permanecieron estables.Su cultivo y consumo ya tienen cinco años de experimentar un alza sólida en los países africanos, aunque el tubérculo apenas llegó a ese continente hace unos 100 años.