Domingo 02 de noviembre del 2008 Sucesos

Los guías, punto más frágil en seguridad de la cárcel

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En la Penitenciaría del Litoral laboran 120 guías para vigilar a los más de tres mil internos que permanecen en el centro.

“Señores, ¿quién está fumando marihuana aquí?”, preguntaba el pasado miércoles un guía de la Penitenciaría del Litoral mientras se acercaba a un grupo de internos que descansaba en uno de los patios internos de la cárcel, los observaba e intentaba encontrar al responsable.

Es día de la visita conyugal, pero no todos los internos reciben parejas, así que siguen con su rutina diaria tras las rejas, en la que para los consumidores de drogas la compra de una “tamuga” (paquete pequeño) de marihuana –en $ 0,50 o $ 1– siempre se incluirá.

Después de no escuchar respuesta y de haber inspeccionado levemente a los internos, el guía parece darse por vencido y enseguida se sienta a conversar como el mejor de los amigos con todos los internos, entre ellos Alonso (nombre protegido), quien consumía marihuana cuando se acercó el guardia, pero rápido  la botó lo más lejos que pudo y todo quedó “tranqui”, comentó después.

Esa falta de rigurosidad de parte de los guías es la que las autoridades penitenciarias critican, pues los internos no les tienen respeto y hay casos en que han sido descubiertos como cómplices de los reos.

Uno de los principales motivos para que los custodios tengan esa actitud, según expertos consultados, es la falta de formación académica y desconocimiento de la forma en que deben proceder con los internos.

“Al momento estamos elaborando los perfiles de todos los guías penitenciarios. Sabemos que hay quienes no tienen ni siquiera una instrucción secundaria”, sostiene Mónica Vargas, subsecretaria del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, quien además da a conocer que se abrirá una escuela de capacitación para nuevos guías.

Esa falta de formación, dicen otros expertos, hace que  guías tengan demasiado acercamiento con los  internos e incluso los lleguen a considerar sus “amigos”. De ahí el exceso de confianza y hasta complicidad.

A esa situación también se le atribuyen las huidas de seis reos entre junio y septiembre. En ese grupo están Jhonatan Mauricio Cedeño, sentenciado a 16 años por violación; Edwin Leonardo Monroy Bone, quien estaba en el pabellón C, donde permanecía preso por robo.

En agosto se fugaron tres reos, dos de ellos mujeres: Martha Josefina Córdova Asencio, presa por traficar drogas, había sido traída de Latacunga; y Mónica Lorena Ramírez Baquerizo, de Guayaquil. A ellas se sumó Fausto Alejandro Torrales Alvarado, detenido por robo, quien huyó el 6 de agosto.

Uno de los más peligrosos que ha huido es Luis Torres Jurado, conocido como  El descuartizador  de Milagro,  quien permanecía en el pabellón del Cuerpo Consular, por haber asesinado a machetazos y luego quemado y enterrado a Washington Villamar, de 56 años, y Laura Eufemia Chamorro Arístega, de 50, en el recinto San Francisco de Guavi, de la parroquia Roberto Astudillo, en Milagro.

Ahora  el Consejo de Rehabilitación analiza como posible solución   el intercambio de los guías que laboran en la Penitenciaría con otras cárceles; lo que desde ya  causa molestias, por lo que hoy prefieren el silencio.

DETALLES: Malestar

Enojo
Aunque no quieren que sus nombres se hagan públicos, los guías sí exteriorizan su malestar por la intención que existe de intercambiarlos con otros colegas de diferentes cárceles del Ecuador.

Reacción
“Cómo puede ser posible que se piense que la inseguridad de esta cárcel es solo nuestra responsabilidad, si más bien surge con el hacinamiento”, expresó un guía penitenciario que no quiso identificarse.

Riesgos
“También corremos riesgos en esta cárcel, también recibimos amenazas, los correctivos son otros”, dijo.
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