Si la memoria electoral de los electores estadounidenses se despeja de los rigores raciales que tradicionalmente la han acompañado, estamos ante un hecho histórico y probable, cual es la elección del primer presidente de raza negra en Estados Unidos, posibilidad que hasta la presente, solo estaba destinada a novelas o películas de suspenso con desenlace generalmente previsible y trágico, pues en casi todas ellas, el mandatario de color era finalmente asesinado. En todo caso, la circunstancia histórica de la elección de la próxima semana, nos lleva a la posición de reflexionar respecto de qué es lo que puede esperar nuestro país y en general esta región de Barack Obama, en el evento que llegara a convertirse en el presidente de Estados Unidos.
Lo primero que habría que preguntarse es la percepción que de Latinoamérica tiene Obama, pues su respuesta en gran medida depende de ello; en otras palabras, si pretende recuperar el sentido de liderazgo al menos referencial que antes Estados Unidos mantenía para lo cual debe tomar en cuenta una serie de factores que van desde el protagonismo de gobernantes fantoches a la realidad de una región que busca desesperadamente el cambio. Hace pocas semanas, el presidente de Costa Rica señalaba que la cooperación que está dando Venezuela es muy superior que la que ofrece Estados Unidos; quienes conocemos que tales ofertas tienen un alto contenido de incertidumbre por provenir de un blofeador, pueden no estar de acuerdo con aquello, pero resulta innegable la necesidad que tiene Estados Unidos de replantear sus relaciones con Latinoamérica.
Tratando casos específicos, resulta interesante señalar las diversas posiciones de Obama frente a Colombia, que relacionan a nuestro país de forma directa, con mayor razón cuando ahora se acusa a la CIA de haber cooperado en el ataque al campamento de las FARC. Cuando se produjo dicho ataque, Obama estuvo abiertamente con la postura colombiana, agregando que respaldaba el derecho de Colombia a atacar a los terroristas que buscan refugio más allá de las fronteras (en alusión directa a lo que ocurrió en territorio ecuatoriano). Paradójicamente, Obama ha criticado el Tratado de Libre Comercio que se daría entre Estados Unidos y Colombia, lo cual se puede explicar por la posición del partido Demócrata respecto del libre comercio.
En el pasado mes de mayo, Obama presentó ciertos lineamientos de lo que podría ser su manejo con Latinoamérica, con la llamada campaña “A new partnership for the Americas”, que contrasta claramente con el denominado “Consenso de Washington”, iniciativa que fue considerada en la década de los noventa el camino a seguir por parte de los países latinoamericanos. Por otra parte, no se conoce una alusión directa que Obama haya hecho respecto del presidente ecuatoriano, a diferencia de sus opiniones respecto de otros gobernantes de la región. Sin embargo, si se mantiene la posición que tuvo en su momento Obama respecto del derecho del gobierno colombiano a atacar a las FARC, las relaciones podrían sufrir claros tropiezos, con mayor razón con la decisión de nuestro Presidente de estrechar relaciones con países como Irán, de abierta hostilidad hacia Estados Unidos. Por ahora, solo toca esperar.