- OCT. 30, 2008 - Foto - Migración - EL UNIVERSO
En un improvisado altar, sobre una mesa, se velan fotografías de Víctor Betancourt Ruiz, el sacerdote guayaquileño de 42 años que fue asesinado el sábado pasado en Moscú, Rusia.
Su madre, María Ruiz, llora la pérdida del último de sus siete hijos. “Desde niño sintió la vocación de ser sacerdote y ayudar a los demás”, recuerda en su casa ubicada en el centro de Guayaquil, mientras muestra las fotos donde se observa a Betancourt en escenarios de diferentes países.
Recuerda que su hijo hablaba seis idiomas (español, inglés, francés, italiano, ruso y alemán), obtuvo cuatro licenciaturas y un doctorado en Teología, y agrega que su profesión lo llevó a estudiar y a servir en países como Argentina, Alemania, Italia, Irlanda y Rusia, donde estuvo los últimos ocho años.
“Ahora solo quiero que me ayuden a traer su cuerpo”, expresa la mujer que ayer recibió la visita del padre provincial de la Compañía Jesuita, Federico San Feliú, quien la invitó a una misa que esa orden religiosa realizó en memoria del sacerdote en horas de la tarde.
De la muerte de su hijo, Ruiz conoció ayer algo que a su familia le pareció extraño: una persona no identificada y con acento extranjero (que no es ruso) contestó el martes el teléfono de su departamento y dijo que Betancourt estaba descansando, cuando este ya estaba muerto.