- OCT. 30, 2008 - Foto - Música - EL UNIVERSO
Un momento del concierto del grupo español El Consorcio, cuyos integrantes formaron parte de la recordada agrupación Mocedades.
El grupo español cantó el pasado martes en el Centro de Convenciones Simón Bolívar de Guayaquil.
“Algo así como el Mocedades de sus mejores tiempos”. Con ese eslogan se publicitaba en Guayaquil el concierto del grupo español El Consorcio. Y no pudo haber mejor definición para este quinteto, que el pasado martes ofreció una noche de música en el Centro de Convenciones Simón Bolívar. Fue como escuchar al Mocedades de las décadas de los setenta y ochenta, con sus canciones inolvidables, con sus voces intactas, con su calidez característica, aunque los cuerpos ya no sean los de entonces.
Iñaki, Sergio y Carlos con barbas y cabellos blancos; Amaya con bastón y Estíbaliz con unas libras de más, se definieron como “un grupo de jóvenes veteranos”, al saludar al público de Guayaquil. Si bien en El Consorcio la “mocedad” ya pasó, quedan la energía, el dinamismo y, sobre todo, las voces espléndidas, esas que volvieron a sus intérpretes íconos de una época. Y también está la sencillez: “gracias por guardarnos un lugar en su corazón”, manifestaron. Amaya refirió que había estado en Ecuador, pero nunca en Guayaquil, y que le daba susto estrenarse.
El concierto inició a las 21:00, y duró hora y media, tiempo que resultó corto para un público entusiasta, que copó la sala y coreó muchas de las canciones emblemáticas de estos artistas y que oyó con respeto los temas nuevos que propuso la agrupación (los de su disco Querido Juan ) o las versiones de canciones que popularizaron otros cantantes, como Tú o ninguna, que se hizo famosa en la voz de Luis Miguel y de la que El Consorcio hizo esa noche una particular interpretación.
Acompañado de cinco músicos, El Consorcio repasó temas muy populares como Cantinero de Cuba, que significó la primera ovación del público. Sin embargo, el éxtasis llegó a las 21:50, cuando Amaya cantó Dónde estás corazón, que el público coreó a viva voz. Ella dejó de cantar para escuchar al auditorio, rodeó sus hombros con sus manos, como en señal de abrazo y dijo: “¡Qué bonito! Es como si hubiésemos ensayado”.
A partir de allí los problemas de sonido, que estuvieron presentes casi desde el principio, se hicieron más evidentes, pero incluso así siguieron cantando, como si nada estuviera conspirando contra el show. Vinieron Eres tú, Tómame o déjame, Amor de hombre y otras canciones, de las que también hacían coreografías: varios temas los bailaron. Sergio era el más entusiasta. Amaya se apoyaba en el bastón. Luego, solo con guitarra, más íntimos, como en una reunión de amigos, propusieron otros temas, e incluyeron un homenaje a Serrat.
A las 22:27 se despidieron, pero el público pidió otra y tuvieron que regresar. Interpretaron Secretaria y Eres tú, al final de la cual dijeron: “Muchas gracias Guayaquil. Hasta siempre”.