La orilla del río Jordán se llenó este jueves de fieles cristianos que
acudieron entonando salmos al lugar donde se cree que fue bautizado Jesucristo y
al que Israel permite la entrada un solo día al año.
La procesión, de ambiente festivo y que recuerda el bautizo de Jesús por Juan
Bautista, se inició en los alrededores de un convento griego abandonado, desde
el que se descendió hasta las inmediaciones de la ribera, vigilada estrechamente
por el Ejército israelí.
El padre franciscano Ovidio Dueñas fue, como cada año, el encargado de hacer
acopio de varias garrafas de agua, que él mismo se encargará de purificar y
distribuir entre los creyentes que acuden al convento de San Salvador, en la
ciudad vieja de Jerusalén.
Ese mismo agua, metida en pequeñas y antiguas botellas con la insignia de la
Cruz de Tierra Santa, símbolo de la Custodia de los franciscanos, es la que
Dueñas envía a la Casa Real española cada vez que nace un nuevo miembro y con la
que han sido bautizados todos los nietos de los Reyes Juan Carlos y Sofía.
En este día, explicó el padre Artemio Vítores, vicecustodio de Tierra Santa,
"cada uno recuerda su bautismo. Como cristianos comenzamos nuestra vida
cristiana con el bautismo, recordando este momento de Jesús que, para nosotros,
es muy importante".
Los peregrinos vivieron esta jornada con alegría, si bien no dejaron de
expresar su malestar por el hecho de no poder acceder a este lugar más que un
día al año y su deseo de que el sitio se acondicione y sea de libre acceso para
todos los cristianos del mundo.
El punto del Jordán donde se cree que Jesús fue bautizado es, desde la guerra
de 1967, una zona militar cerrada, rodeada de campos minados y que las
autoridades abren únicamente para los católicos el último jueves de octubre.
Para Alñeida Villa, una colombiana que trabaja en Tel Aviv, "estar aquí es lo
más hermoso, porque el anhelo de todo latinoamericano es venir a Tierra Santa",
y "es muy doloroso que por motivos políticos no haya acceso, no sólo aquí, sino
también en otros lugares sagrados", añadió.
El padre Artemio señaló que "este lugar para los cristianos tiene un alto
valor simbólico pero también tiene sus connotaciones políticas", y recordó que
los palestinos de la cercana Jericó tienen prohibido entrar en este lugar.
"Desde la guerra de 1967 esto es todo zona minada: yo llevo aquí desde el año
1970 y estuve 18 años sin poder venir aquí", indicó el vicecustodio.
Según el sacerdote, hoy acudieron "casi un millar de personas, pero si
pudieran venir más, vendrían más".
"Este tendría que ser un lugar de encuentro y, por desgracia, es un lugar de
división", se lamentó el padre, que mostró su esperanza de que "un día este sea
un lugar de paz, un lugar donde podamos convivir todos".
Los cientos de creyentes participaron en una misa presidida por el cardenal
Zen, de Hong Kong, que se abrió con una petición por la paz en la región.
La homilía recordó el pasaje del Nuevo Testamento que reza: "Tan pronto como
Jesús fue bautizado, subió del agua. En ese momento se abrió el cielo y él vio
al Espíritu de Dios bajar como una paloma y posarse sobre él. Y una voz del
cielo decía: Éste es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él" (Mateo
3:16-3:17).
Tras la misa los peregrinos ascendieron al Monte de las Tentaciones, en
Jericó, donde, según la tradición, Cristo pasó cuarenta días y fue tentado tres
veces.
En este lugar se ofició una nueva misa y se dio por terminada la
peregrinación, que, en principio, no podrá repetirse hasta finales del próximo
octubre.