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| Policías desplazados a urbes que no conocen |
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Está demostrado que la Policía es una de las instituciones más centralizadas e ineficientes del país. De nada van a servir las declaraciones de emergencia ni la rotación de funcionarios y de altos oficiales. La Policía no funciona porque su modelo de operación es obsoleto e ineficiente.
Un nuevo Policía que llega a Guayaquil tiene que empezar por aclimatarse, luego tiene que aprender a conocer las calles y la ciudad entera, debe destinar una parte importante de sus escuálido sueldo a pagar un lugar donde comer y donde dormir; está afectado por vivir lejos de su familia, su entorno, y debe tratar de ser aceptado por la nueva comunidad a la que está sirviendo.
Si la Policía reclutara elementos guayaquileños no habría esos problemas de adaptación. Un muchacho local podría vivir y comer con sus padres o familiares, y el sueldo no solo le rendiría más sino que también aportaría al presupuesto familiar. Las personas de los barrios se sentirían más cómodas dando información y colaborando con un miembro de su comunidad, al que han visto crecer y con el que se sienten identificados, que con una persona que llega de otra provincia, pensando, actuando, y hablando diferente.
Esta realidad se vive en todas las ciudades del país. Es lamentable que Milagro haya perdido al mejor policía, pero es más lamentable que su mejor policía no haya sido milagreño. Nunca hemos tenido un comandante de Policía costeño.
Las ciudades que han logrado bajar sus índices delincuenciales de forma dramática lo han hecho con policías locales, con destacamentos operativos por barrios, con los recursos necesarios y bajo el control directo de la máxima autoridad civil de la ciudad. Es el momento de cambiar la Policía y cambiarla para siempre. La institución no puede quedarse fuera de esta ola de cambios que vive la patria.
César Terán Sánchez, ingeniero, Guayaquil |
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| “Servicio” al cliente I |
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En un mismo día (viernes 24) tuve el infortunio de recibir dos malos “servicios” al cliente: primero, en el Registro Civil del Guayas, cuando llamé por teléfono a realizar una consulta y la persona que me atendió no esperó a que yo terminara de formularle una pregunta, y me cerró el teléfono. El segundo caso lo viví en un banco, y fue cuando la persona que me respondió parecía no conocer bien los requisitos, y ante tantas preguntas optó simplemente por cerrarme el teléfono.
Lastimosamente, cometí el peor error de todos: no preguntar el nombre de las personas con las que hablé; así hubiera podido acercarme adonde un superior y expresar mi queja, aunque me cuestiono si eso hubiese servido de algo.
Es realmente lamentable que las personas que trabajan brindando información o atendiendo al cliente no estén dispuestas a tratarnos bien, con paciencia, y aclararnos las dudas que se nos presentan, sino que lo hacen con mala cara, un tono de voz desganado o, como en mi caso, nos cuelgan el teléfono. Lo peor de esta situación es que nosotros, los clientes, y todos en algún momento, no reclamamos nada y dejamos que nos traten mal. Somos nosotros los que pagamos los sueldos de esos empleados, ya sea vía impuestos para el sector público o a través del pago del servicio que nos prestan. Ojalá nuestra mentalidad cambie aunque sea un poquito y exijamos respeto y buena atención.
María Gabriela Baquerizo Villacrés, Guayaquil
El sábado 25, en la tarde, mi madrina fue a un local en donde venden cosas de ferretería, a comprar una escalera que se la puede usar de diferentes maneras (plegándola, recogiéndola, alargándola, etcétera) para pintar, limpiar..., paredes, tumbados, etcétera, proporcionando, a más de seguridad, comodidad para hacer esas tareas dentro del hogar.
Fue a la caja, pagó el precio correspondiente, pero una vez que le cobraron no le dieron el producto. Dijeron que debían abrir nuevamente la caja para chequear lo que iba a salir del local.
Esperó y esperó. Los segundos, los minutos pasaban, y nada. Las personas encargadas de atender no aparecían. Andaban conversando. Y mi madrina, quien tenía una rodilla adolorida, seguía ahí parada esperando. No aguantó y fue a reclamar por el producto que había comprado. Al final se lo dieron, pero ya había transcurrido una hora de espera.
La salida de ese sábado, que en un comienzo fue de relajamiento para hacer una compra supuestamente rápida, le dejó finalmente a mi madrina una jaqueca; todo por culpa de comercios que no aplican lo que es “servir” al cliente.
María López, Guayaquil |
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| “Servicio” al cliente II |
El sábado 11 entré a una juguetería de Manta a comprar un juguete a mi hijo, para que le sirva como terapia, ya que es un niño con parálisis cerebral.
Siempre he probado los juguetes antes de comprarlos, para ver el grado de dificultad que puedan representar para mi hijo, y en esa ocasión pedí el favor de que me hicieran una demostración del funcionamiento del juguete. El cajero, muy gentilmente, fue a comunicárselo al subadministrador, quien hizo caso omiso a mi pedido y no le importó lo que el cliente requería, sino que siguió conversando muy amenamente con otro empleado del almacén. Mientras, otro empleado dijo que no se podía probar nada porque había que abrir una envoltura de pilas, y después quedaban abiertas. Les respondí que no había ningún problema, que yo las compraba, pero lo que necesitaba era probar el juguete.
El subadministrador observó todo y no fue capaz de decir palabra alguna. Las personas encargadas de probar los juguetes también respondieron que estaban demasiado ocupadas y no podían atender a nadie.
Hago este reclamo porque hay supermercados que tienen la política de tratar y atender bien a los clientes, pero no se está cumpliendo dicha política porque el subadministrador de ese almacén no supo darme el servicio que yo buscaba.
Patricio Rodríguez Mera, Manta, Manabí |
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| ¡Déjense de “percepciones”! |
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El Ministro, en su fortaleza amurallada de “pelucolandia”, que no es únicamente Samborondón, custodiado por su séquito de guardaespaldas, seguramente no será víctima del hampa; pero los ciudadanos comunes, que no contamos con esos privilegios, debemos vivir diariamente con el temor de ser ultrajados, asaltados y atacados en nuestra integridad.
Ahora debemos vivir entre delincuentes que mientras cometen sus fechorías se ufanan de haber salido de las cárceles gracias al mandato que libera a las mulas de la droga (esto lo dicen a sus víctimas). Al igual que los drogadictos que bajo el influjo de las drogas, mientras cometen actos reñidos con la ley, pregonan que no son delincuentes, solo consumidores. El Ministro afirma y reafirma que no pasa nada, que todo está bien, que los medios exageran, que las estadísticas mienten. Sí, claro, mienten porque existe un alto porcentaje de víctimas de la delincuencia que no denuncian el hecho.
Ministro, la delincuencia siempre ha existido, pero no en los niveles alarmantes que hoy vemos y que por las medidas que se han tomado parecería que la misma cuenta con la anuencia de autoridades. ¿De qué sirve armar a los policías si su número es insuficiente? ¿De qué sirve un guardia privado desarmado si, en contraparte, se liberan a delincuentes por mandato, que salen de las cárceles llenos de revancha contra la sociedad? ¿Será que esto es también parte de la revolución ciudadana, o que la delincuencia también es de todos?
Por el momento, nos toca creer en las palabras del Ministro: “Todo es cuestión de percepción”. Y por pura percepción los delincuentes matan, asaltan, violan. Estamos a merced de la delincuencia en todos sus rangos. Procuraré estar atenta a cada paso que dé fuera de mi casa, no sea que por pura percepción termine drogada con escopolamina o algo más. Y ya sea por necesidad psicológica o por emulación de la campaña televisiva, trataré de unirme a la de nuestro Vicepresidente: “Sonríe Ecuador”. “Sonríe Ecuador, que estamos en día de fiesta”, aunque sospecho que esto para la mayoría de ecuatorianos es pura percepción.
Maricruz Piedad Rodas Herrera, Guayaquil |
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En el Centro de Convenciones, a las 10:00, se realiza la conferencia ‘Formación de valores, clave para una educación de calidad’. Esta charla la dictará el Dr. José Ignacio Beteta (director académico del Programa de Valores Aprendiendo a querer, para Latinoamérica). Mayor información al 283-0877. |
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