miércoles 29 de octubre del 2008 Columnistas

Nicholas D. Kristof

Con Obama, nueva presentación de Estados Unidos

EE.UU. |

Estamos empezando a tener idea de cómo el éxito político de Barack Obama cambiaría las percepciones mundiales sobre Estados Unidos, redefiniendo la “marca” estadounidense para que tenga menos que ver con Guantánamo y más con la igualdad.


Hace poco sostuve una conversación con una amiga de Beijing y le mencioné que Barack Obama estaba a la cabeza en la contienda presidencial:

Amiga: ¿Obama? Pero él es negro, ¿cierto?

Yo: Sí, exacto.

Amiga: Pero, seguramente, un hombre negro no podría convertirse en presidente de Estados Unidos.

Yo: Todo parece indicar que él será elegido.

Ella: ¿Pero, presidente? ¡Ese es un cargo de suma importancia! En Estados Unidos, yo pensaba que los negros eran conserjes y jornaleros.

Yo: No, los negros tienen todo tipo de trabajos.

Ella: ¿Qué piensan los blancos con respecto a eso, con la idea de tener un presidente negro? ¿Están molestos? ¿Están enojados?

Yo: No, ¡por supuesto que no! Si Obama resulta elegido, será porque el segmento blanco votó por él.

(Una larga pausa)

Ella: ¿En verdad? ¡Es increíble! ¡Qué país tan asombroso!

Estamos empezando a tener idea de cómo el éxito político de Barack Obama cambiaría las percepciones mundiales sobre Estados Unidos, redefiniendo la “marca” estadounidense para que tenga menos que ver con Guantánamo y más con la igualdad. Este cambio en las percepciones contribuiría a regenerar un capital político en Estados Unidos en la forma que lo hizo el Plan Marshall en los años cincuenta, o como la presidencia de John F. Kennedy a comienzos de los años sesenta.

En su apoyo a Obama, Colin Powell notó que “el nuevo presidente tendrá que enmendar la reputación que hemos perdido ante el resto del mundo”. Esto no se debe a que ansiemos admiración, sino debido a que la cooperación es esencial para enfrentar los desafíos del siglo XXI; no es posible disparar misiles crucero a la crisis mundial de finanzas.

Expresando su apoyo, Powell agregó que la elección de Obama “no solamente electrificaría a nuestro país, sino que, creo, electrificaría al mundo”. Ya es posible verlo. Una encuesta de la cadena BBC entre 22 naciones encontró que los electores en el extranjero preferían a Obama sobre McCain en todos ellos, en una proporción de cuatro a uno en general. Casi la mitad de los encuestados en el sondeo de la BBC dijo que si Obama, quien es afroestadounidense, era elegido, eso “cambiaría fundamentalmente” su percepción de Estados Unidos.

Europa se muestra particularmente intoxicada ante la posibilidad de restablecer la amistad con Estados Unidos en una presidencia de Obama. En las palabras de  The Economist: “A lo largo del continente, el odio de Bush ha sido reemplazado por la Obama-manía”.

Steven Kull, el director del Programa de Actitudes sobre Política Internacional, que condujo la encuesta de la BBC, dijo que en una reciente conferencia a la que asistió en Malasia, muchas personas musulmanas expresaron asombro ante el ascenso de Obama, ya que eso iba muy en contra de lo que ellos suponían de Estados Unidos. Recuerden que lo único que incontables millones de personas alrededor del mundo “saben” acerca de Estados Unidos es que el país está controlado por una cábala de banqueros blancos y judíos que envían a la policía con mangueras para reprimir a los negros. Para ellos, el ascenso de Obama desata una severa disonancia cognitiva.

“Es una anomalía, tan contraria a su expectativa que los vuelve receptivos a un nuevo paradigma para Estados Unidos”, dijo Kull.

A los europeos les gusta burlarse de la política estadounidense por considerarla desabrida, pero también reconocen que sería difícil imaginar a una persona morena o negra encabezando a Francia o Alemania.

En cuanto al África, el padre keniano de Obama era de la tribu luo, minoría que ha sufrido por largo tiempo de una brutal discriminación tanto en Kenia como en Uganda (donde es conocida como ‘acholi’). La amarga broma en el oriente de África es que un luo tiene más probabilidades de convertirse en presidente en Estados Unidos que en Kenia.

No obstante, antes que vayamos muy lejos con las felicitaciones a nosotros mismos, vale la pena recordar algo más.

En el mundo industrializado de Occidente, lleno de graduados universitarios y marinado en principios de igualdad, la idea de elegir a un integrante de una minoría racial para el mayor cargo de elección popular parece un asombroso avance. Sin embargo, la población de Jamaica, integrada por negros en 95 por ciento, eligió a un hombre blanco como su Primer Ministro en 1980, y lo mantuvo en el cargo a lo largo de esa década.

De manera similar, la nación africana de Mauricio eligió a un primer ministro blanco de origen francés. Y no olviden que la India es abrumadoramente hinduista, pero ahora tiene un Primer Ministro sikh y un cristiano blanco como presidente de su partido gobernante, y hasta el año pasado tenía a un musulmán en la posición de Presidente, puesto mayormente ceremonial.

Miren, el color de la piel de Obama es una mala razón para votar por él o en contra de él. La sustancia siempre debería superar al simbolismo.

Sin embargo, si esta elección resulta como indican las encuestas, los estadounidenses podríamos encontrar una senda para restablecer la influencia mundial de Estados Unidos –y, por lo tanto, alcanzar algunos de nuestros objetivos internacionales– en parte, debido a que el mundo está concluyendo que los estadounidenses, después de todo, pueden ver más allá de la epidermis de una persona. Mi corazonada es que eso es correcto, y que somos tan abiertos con respecto a las minorías raciales como los jamaiquinos ya lo eran hace 25 años.

© The New York Times News Service.

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