miércoles 29 de octubre del 2008 Columnistas

Nelsa Curbelonelsa@telconet.net

Felicidad a la carta

El deseo fundamental del ser humano es el deseo de la felicidad. Es tan profunda esta aspiración que las religiones elaboran todo un camino y unas condiciones para llegar a ella, si no se alcanza en este mundo por lo menos tenemos la promesa de acceder a él en el posterior, del cual este es la antesala.

Alimentamos el sueño del paraíso perdido al que queremos regresar. El paraíso en realidad nunca existió porque no existieron históricamente Adán y Eva. El relato del Génesis es una profecía proyectada al pasado, aquello que anhelamos se presenta como algo que existió y perdimos. Y esperamos regresar a él, como quien regresa al querido vientre materno… Soñamos con un mundo sin sufrimientos y de convivencia, de amor y de armonía. Y en general pensamos que es algo a lo que tenemos que volver en lugar de ser un bien que tenemos que construir. En conjunto no hacemos mucho por lograrlo, concebimos la felicidad como un don individual, no el fruto, también, de un quehacer colectivo. Y si bien la felicidad es evidentemente personal, es muy difícil serlo cuando el resto de personas no lo es.

El papel del sufrimiento en la experiencia anhelada de plenitud sigue siendo una etapa del camino que nos ayuda, bien vivido, a valorar las cosas más importantes de la vida. En las tempestades más violentas, mantenerse en el ojo del huracán es encontrar el lugar de calma a pesar de las vertiginosas velocidades de los vientos que la originan.

Hace pocos días la BBC informó que el Dr. Joe Tsien de la universidad de Georgia ha desarrollado un método con el cual se pueden borrar selectivamente recuerdos traumáticos en ratones, sin dañar el cerebro.
Son ratoncitos siempre felices. (Todo parece indicar que los ratones son nuestros parientes lejanos porque lo que se aplica a ellos se puede aplicar a nosotros, tendremos que tener cuidado cuando queramos eliminarlos, son parte de nuestra familia…). El desarrollo de las investigaciones podría llevar a desarrollar estrategias aplicables al cerebro humano.

La noticia tiene elementos positivos y también inquietantes. El proceso de asimilar traumas es complejo y doloroso. Pero es parte del aprendizaje humano. Es parte de la necesaria valoración de los bienes imprescindibles de la vida. Los recuerdos son fundamentales para aprender, de hecho en ellos se basa el aprendizaje. Si asimilamos aquellos que nos hacen sufrir, esto nos ayuda a no cometer los mismos errores y sanar la vida personal y social desgarrada por las tragedias que hemos provocado.

El presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, en diciembre del 2005 sostuvo que el holocausto de los judíos es un mito: “Ellos han inventado una leyenda en la cual los judíos fueron masacrados… En Occidente se le ha dado mayor significado al mito del genocidio judío, aún más que a Dios, la religión y los profetas…”, sostuvo.

Si con toda la documentación existente se puede negar hechos históricos “traumáticos”, la mejora de la calidad de vida puede pasar por borrar aquello (o aquellos…) que nos resulta incómodo, doloroso, para permanecer contentos, risueños, felices…

Lo que deberíamos borrar es la convicción arraigada de que somos mejores que los demás. Superiores en raza, género, color, preparación, religión, poder económico, partido o movimiento político. Y que sostener y defender esa superioridad es la condición para ser felices acompañados de recuerdos felices para vivir una felicidad a la carta…
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