Amigas y amigos: las cosas llegan en tropel. Es imposible ahondar en todas ellas. Me detengo en lo factible: enumerar acontecimientos, consignarlos para la historia, intentar descripciones someras, aventurar ciertos juicios de valor. Tal vez algún día, quizá cuando se derrumbe la Babel financiera que nos estremece, nos queden horas para volver a pensar en cómo era la vida antes de que intentáramos tocar el cielo con nuestros atrevimientos. No me invade la nostalgia; me agobia la desazón de comenzar a perder piso en la gran aldea global.
Viernes 24 de octubre. Viajamos a Manabí y Santa Elena. Guayaquil-La Cadena, vía concesionada: excelente. La Cadena-Jipijapa-La Pila-Montecristi: mala, peligrosa. Montecristi-San Mateo: muy buena. San Mateo-San Lorenzo, se trabaja en su reparación. San Lorenzo-El Aromo-Pile: un desastre; Clemencia pide clemencia: una calamidad. Puerto Cayo-Machalilla-Puerto López-Salango: la vía es un tormento. Desde Piqueros Patas Azules hasta Pueblo Nuevo (Santa Elena) se trabaja en reacondicionar la vía. Se dice que en dos años se concluirá esta primera fase. ¿Cuándo comenzará el hormigón rígido en la Ruta del Sol o del Spondylus? Esta fue una de las tantas promesas de campaña. Viajamos en busca de un tramo ya trabajado, en cemento. Inútil viaje. Bien hecho por confiados, por crédulos.
Visitamos El Aromo, lugar donde los presidentes Chávez y Correa pusieron hace algunos meses una primera piedra. Me recibe un guardia y me cuenta que hace meses nadie llega por ahí. Refinería: ¿en dónde mismo, para cuándo, quién la construirá, dónde están los planos, el financiamiento, etcétera? Ecuador necesita verdades completas. Vender esperanzas es un negocio de alto riesgo. El Aromo es un lugar privilegiado por la naturaleza, un oasis similar a Yunguilla, Yangana, Malacatos, en parajes y altitudes diferentes; la tierra rinde pleitesía a la naturaleza. (En Puerto Cayo se oferta gasolina súper, pero nunca la tuvieron. Puerto López no tiene gasolina extra ni súper, llegará por la noche, nos dicen; el propietario del Delfín Mágico nos auxilia con un galón. Así está nuestro turismo, amigas y amigos).
Sábado 25. Por la noche me reúno con un grupo de tungurahuenses de nacimiento y de adopción. Qué buenas gentes: respetuosos, de mirar franco, profesionales en diversas ramas del saber, querendones de su patria chica, amigos entrañables de vieja data, buenos “cuarenteros” y algo más que cuarentones; voces privilegiadas, hábiles pulsadores de la guitarra, con el chiste en la punta de la lengua y la amabilidad a flor de piel. Guido Montalvo, Rodrigo Morales, Hugo Molina, Rodrigo Núñez, Jorge Céspedes, José Ulloa, Enrique Hernández, Nicolás Corral, Carlos Burbano, Bolívar Pacheco (cumpleañero) y Valo Rodríguez, son personajes que se meten en el alma sin antepasados ni protocolos; son amigos nuevos de raíces añejas; son seres a quienes Dios les dio la misión de ser antes que tener, de compartir antes que poseer, de sonreír con la ingenuidad de un niño y de prometer con la terquedad de un anciano. El mundo sigue siendo humano, amigas y amigos, es menester descubrirlo, conocerlo, maravillarnos de él.