Lo primero, no esperar a que se produzcan.
El desastre más frecuente en Ecuador es causado por el fenómeno El Niño.
El Niño no aparece con regularidad, pero sabemos que vendrá. El Niño trae lluvias a veces torrenciales, que afectan sobre todo el centro de la Costa, produciendo inundaciones, desbordamiento de los ríos, daños en carreteras y caminos, destrucción de viviendas y cultivos, enfermedades como la diarrea (en particular en los niños), reactivación de epidemias, imposibilidad de llegar con auxilios médicos, dificultad de abastecimiento de víveres y artículos de uso doméstico. Los Niños anteriores (1982 y 1988) encontraron al país desprevenido. Se clamó entonces porque se hicieran las obras indispensables para mitigar los efectos del siguiente fenómeno.
Por supuesto, las autoridades ofrecieron poner en marcha medidas precautelares, pero llegó El Niño 2007-2008 y el país no había aprendido la lección. El Gobierno tuvo que adoptar, como en ocasiones anteriores, medidas de emergencia con fondos extraordinarios que, por lo general, son escasos.
Lo segundo a hacer antes de que se produzcan otros desastres es evaluar la intensidad de los ya ocurridos, identificando las zonas geográficas que fueron más afectadas, con una revisión preventiva de puentes, represas y canales. Se conoce de sobra que la contaminación atmosférica ha vuelto cada vez más violentos a estos fenómenos, de modo que las zonas afectadas por desastres anteriores corren riesgos todavía peores y merecen mayor atención.
Lo tercero a hacer antes de que se produzcan más catástrofes es investigar qué han hecho otros países sometidos a parecidas vicisitudes. Mencionaré a México que sufre sobre todo de huracanes y terremotos.
(Nosotros también hemos sufrido de grandes y pequeños terremotos; en 1949 se produjo uno de los más graves, el de Pelileo-Ambato). México ha creado un fondo especial, el Fonden, para afrontar gastos de emergencia: remoción de escombros, construcción y más. El Fonden se alimenta de una partida anual del presupuesto nacional y tiene en depósitos la suma de 500 millones de dólares. Este fondo está reasegurado en el mercado de inversiones internacionales, lo que previene su descapitalización en caso de desastres de grandes proporciones. Para proteger el fondo se ha constituido un instrumento financiero llamado Bono Catastrófico, por intermedio de Air World Wide Corporation (
www.air-worldwide.com), pues el reaseguro tradicional es muy caro para esta clase de avatares, en especial la reconstrucción de carreteras, puentes y más bienes destruidos.
En fin, lo cuarto a hacer es que el Gobierno, los medios de comunicación y los estamentos civiles correspondientes estén desde ya alertas y preparados ante las poquísimas semanas que nos separan de la llegada del siguiente El Niño.