martes 28 de octubre del 2008 Columnistas

Iván Sandoval

Universidad “pa’l pueblo”

“Las instituciones culturales cautelan el contexto. A través de diplomas y reconocimientos certifican el saber del saber. Dan a la sociedad garantía de idoneidad, velan porque los valores se perpetúen y acrecienten. 

Especialmente aquellas instituciones culturales que llamamos universidades.  Pero su principal función en relación al saber no es solo certificarlo y cautelarlo. Es, en realidad,  producir procesos sociales basados en el saber”.  Palabras de Fernando Lolas Stepke, psiquiatra y ensayista chileno, en uno de sus escritos sobre ciencia y bioética. Según el autor, las universidades cumplen su función investigando, inventando, innovando y transformando. En otros términos: todo poder universitario se apoya en el saber académico y científico, parafraseando el lema latino de la Universidad Central del Ecuador.

La aprobada gratuidad de la educación superior pública se suma al libre ingreso decretado hace casi cuarenta años, para permitir el acceso a la universidad de los sectores habitualmente despojados de oportunidades en nuestro país. Propuesta buena en su intención, de aquellas con las que se pavimenta el camino a la pobreza en su aplicación “a la ecuatoriana”. Si se acuerda la legítima concesión sin las regulaciones y obligaciones de contrapartida, que permitan garantizar el beneficio para los mismos destinatarios y los réditos para el desarrollo del país, el derecho conquistado se convierte en pan y circo y la acusación de “oferta demagógica” sirve a la oposición.

Incómodo predicamento para nuestro Presidente, ahora presionado por la “garrotecracia” partidista que le prestó alianza coyuntural, la misma que ahora le exige “presupuesto” inmediato para la gratuidad y sin la rendición de cuentas que legítimamente demanda Correa. Caras nuevas y la misma retórica perversa que conocemos los que hemos pasado por universidades estatales desde hace 40 años, o más. Nunca se podrá cuantificar el perjuicio que el país ha sufrido por el cautiverio que soporta la educación pública en todos los niveles, en manos del hegemónico Movimiento que Pega Durísimo. El “pueblo” es la excusa infalible para engañarlo y para pauperizar la educación ecuatoriana, utilizando un poder que nada tiene que ver con el que propone Lolas Stepke y con el lema de mi alma máter.

Antes que ceder al chantaje y conceder “presupuestos”, se requiere un diagnóstico urgente de la universidad ecuatoriana, cuya condición clínica es de cuidado. La “rendición de cuentas” va más allá del dinero; hay que establecer primero si las universidades ecuatorianas cumplen la función de promover el desarrollo nacional y atender la demanda social, desde la producción del saber y el conocimiento. La hipótesis es que generalmente no lo hacen –salvo excepciones– y que más bien contribuyen a la conservación y formalización de la pobreza, por su bajo nivel académico y por su crecimiento irracional. El lema de los iracundos reclamantes bien podría ser: “universidad pobre para los pobres”, aunque irónicamente piden plata.

Si el Presidente y el Senplades deciden transformar la universidad ecuatoriana para que cumpla realmente su función, su empeño merecería el apoyo general como causa nacional; eso sí, con propuestas debatidas por todos. Al menos en este asunto, la posición del Gobierno y la de la oposición deberían estar por encima del cálculo electoral en el que vivimos desde que hay país.

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