Lunes 27 de octubre del 2008 Cine

‘Hacer cine para reflexionar’

Gabriel Rodríguez

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Gabriel Álvarez, representante de Cine Sud para América Latina, participó en Ecuador en un ciclo de cine latinoamericano.

El invitado a un ciclo de cine latinoamericano dice que  deben superarse las limitaciones económicas.

Con 33 años de edad, Gabriel Rodríguez es distribuidor y promotor cultural de películas en América Latina, especialmente. Trabaja para Cine Sud, entidad que difunde el séptimo arte en México, y ha sido partícipe de varios filmes. Con esta experiencia llegó al Ecuador la semana anterior para ser el curador del primer ciclo de cine Miradas y Testigos Urbanos, que se efectuó desde el 22 de este mes hasta ayer en el Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo (MAAC).

¿Cuál es el propósito de este nuevo ciclo de películas en el país?
Este tipo de eventos sirven de conexión, en el caso de los países latinoamericanos, para que estos exhiban sus filmes en otros estados de la región y así intercambiar experiencias sobre los temas de las películas o el desarrollo de la industria cinematográfica en cada país.

¿Qué tipos de cintas se mostraron?
Cortos y largometrajes de Colombia, Argentina, México, España, Ecuador, Perú y hasta uno de Afganistán que se elaboró en la década de los noventa y algunos en la actualidad. Todos estos reflejan las problemáticas de las urbes, las metrópolis, especialmente cuando hay un intercambio de culturas; por ejemplo, cuando personas de provincias se trasladan a vivir a las grandes ciudades y son testigos de diferentes situaciones de las que no son  ajenas; por ello el título del ciclo de cine es  Miradas y Testigos Urbanos.

¿Han tenido acogida en esta primera edición del ciclo?
Para empezar, hemos registrado una media de 20 a 30 espectadores por película. No nos podemos quejar.

¿Qué labor realiza como representante de Cine Sud?
Para este ciclo trabajamos con otras organizaciones como el Instituto Mexicano de Cinematografía y la Federación Internacional de Cine. Lo que hacemos es hablar con directores para que cedan sus películas e información para hacer catálogos  y DVD, y los difundimos en otros países para que se exhiban y se realicen debates sobre sus argumentos.

En los festivales de séptimo arte en México, ¿se han apreciado filmes ecuatorianos?
Sí, películas como  Qué tan lejos  y  Ratas, ratones y rateros  se han visto con mucho interés allá.

Por las cintas locales que ha visto, ¿qué piensa del cine en el Ecuador?
Como todo cine actual, antes de preocuparse por el tipo de censura que le puedan hacer a las películas, deben superarse las limitaciones económicas. Es mejor pensar en un filme que hable de algo, que tenga un argumento de fondo, y no pensar tanto en el presupuesto que se tiene que gastar. La mala herencia televisiva también ha tenido que ver en la calidad de las películas.

¿Y qué hay del celuloide en México?
En México se están replanteando  los géneros: hay animaciones que se graban como historias documentales y viceversa, como híbridos. También se están multiplicando los festivales de cine, aunque eso es un poco negativo porque no se trata de hacer un cine pomposo, solo de alfombra roja, sino hacer cine para reflexionar, para debatir e intercambiar.

¿Qué tipos de películas latinoamericanas son un buen referente?
En lo personal, creo que el cine de Luis Buñuel es un buen ejemplo;  La fórmula secreta, de Rubén Gámez;  Amores perros,  de Alejandro González Iñárritu; y otras producciones  más.

 


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