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Aproximadamente cinco mil obispos católicos visitan al Papa cada cinco años. Esta visita, llamada en latín visita ad limina, es un signo de reconocimiento de la jurisdicción universal, y una ocasión para recibir consejos y advertencias del Obispo de Roma, sucesor de San Pedro. A Pedro encomendó Jesús el mantener unidos y alentar la fe de los otros apóstoles, hoy, los otros obispos. (Lc. 22, 32)Benedicto XVI, al recibir a los obispos ecuatorianos, se refirió, con la plena libertad del pastor universal, que ve más allá de lo transitorio, “a nuestro ambiente cultural y social, que parece olvidar las raíces espirituales más profundas de nuestra identidad”; nos invitó a presentar adecuadamente el mensaje de Cristo, Dios-Hombre.
El Papa constató con satisfacción que la Iglesia en Ecuador, unida a la Iglesia de los países latinoamericanos, ha convocado en Aparecida a una “grande misión”; misión confirmada en el Tercer Congreso Americano Misionero, celebrado en Quito. Objetivo de esta misión es no solo un conocimiento teórico de principios y normas, es un encuentro personal con Cristo.
Esta visita al Papa es nuevo motivo para afrontar el ambiente con esperanza, “renovando el ardor misionero”; “con una difusión apropiada de la Palabra de Dios”.
La orientación del Papa no se quedó en teoría; dio cuatro orientaciones concretas: primera: “El esfuerzo misionero”, que se apoya de una manera especial en los sacerdotes ministros, a los que hay que asegurar “una adecuada formación permanente, que los ayude a mantener vibrante la vida sacerdotal”. Segunda: La selección y la preparación intelectual, humana y espiritual de los seminaristas. Tercera: El aliento a los religiosos y religiosas a que, fieles a su carisma, se mantengan en plena comunión con los pastores. Cuarta: La distinción entre política del bien común y política partidista.
A los laicos corresponde la política partidista. Al clero corresponde solo la política del bien común. Según una opinión pertinaz, que no distingue estas dos políticas, el clero no tendría que participar en la vida social, a no ser que su intervención favorezca a un partido.
El Papa delicadamente señaló a los católicos ecuatorianos una necesidad y tarea: “La Iglesia en Ecuador necesita un laicado maduro y comprometido que, con una sólida formación doctrinal y una profunda vida interior, viva su vocación específica: iluminar con la luz de Cristo toda la realidad humana, social, cultural y política”.
La insuficiencia de planteamientos de laicos de partidos políticos dio apariencia a la defensa de valores fundamentales, que los obispos hicieron desde siglos, han hecho y seguirán haciendo, dio apariencia, repito, de oposición partidista.
El Papa agradeció a los obispos el esfuerzo que realizan y seguirán realizando en la política del bien común “con grandes sacrificios, para reclamar la atención de la sociedad sobre dignidad de la persona, que no es una cosa más del universo; familia, formada por varón y mujer; vida humana desde su concepción; libertad religiosa; libertad educativa. No queremos mezclarnos, ni ser mezclados en la política partidista. ¡Clericalismo y cesaropapismo han hecho daño a Ecuador! |