Lunes 27 de octubre del 2008 Religiosa y Obituarios

Palabra diaria

Al dar expresión a la paz de Dios en mí, siento calma y serenidad.

Paz interna
Cuando el viento del otoño sopla, arremolina las hojas en un frenesí y luego, de repente, las suelta, una por una y las deja caer al suelo.

A veces quizás me sienta como si estuviera en medio de un remolino, bien sea emocional o físicamente, a medida que las circunstancias a mi alrededor parecen convertirse en una vorágine confusa de actividad.

Al dirigirme a mi interior en oración, me fortalezco y retengo mi sensación de bienestar. Los momentos callados de oración me llevan de nuevo a una conciencia de la paz que siempre está en lo más profundo de mi ser. Al accesar la paz de Dios en mí logro la calma. Como las hojas que caen suavemente a la tierra después que el viento ha cesado, estoy en paz ante toda circunstancia.

–Salmo 16:9
“Se alegró por tanto mi corazón y se gozó mi alma; mi carne también descansará confiadamente”.

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