Aportando hasta el último
Se piensa (y en voz alta) que los ultrasexagenarios no son capaces de aportar positivamente al desarrollo de su colectividad, como si su inagotable caudal de experiencia no tuviera valor en nuestros días.
Por ello las sociedades han instaurado un acto administrativo clave denominado jubilación, por el que un sujeto activo pasa a engrosar la fila de los desocupados y a vegetar, en la mayoría de los casos, hasta que se muera. En medios como el nuestro son pocos los que se rebelan y buscan mantenerse en una actividad aunque no sea rentable.
Y este es uno de los factores que conspira para no hacer efectivo el anhelo de un “ocaso saludable”.
Contribuir más allá de los 60 significa participar de alguna manera en la vida de su núcleo familiar o comunitario, por ejemplo, responsabilizándose de pagos de planillas de consumos, o cuidando en determinadas horas a los nietos, o realizando reemplazos en el trabajo, y hasta poniendo un negocio propio que ayuda a la economía del grupo y presta servicio a la sociedad.
Tales tareas podrán ser consideradas nada productivas e insignificantes desde el punto de vista de las altas finanzas, pero representan un medio de intervención para una población capaz, que ha sido excluida únicamente por su edad.
Además, no son las únicas que se pueden encomendar, su gama es infinita y depende de las facultades que conservan los añosos. Así pues, en algunas partes del planeta son los guardianes de la historia o de la tradición, y en otras, los asesores empresariales de compañías, en universidades se les asigna roles de profesores invitados, y por ahí, inspectores de museos, jardines de infantes, etcétera. Demostrando simplemente que en la vejez la vitalidad va ligada, íntimamente, a un sentido de participación.
Fuente: Dr. Aldo Guevara D’Aniello, geriatra y gerontólogo. Telfs.: 253-1558, (09) 951-3229.
E-mail: alguedan@hotmail.com.
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