Uno de los aspectos más fascinantes de los seres humanos es la capacidad para cambiar y adaptarse. Cuando ese cambio se da antes de lo previsto, obedeciendo la tendencia marcada por uno mismo desde adentro, conjugado con su entorno y mostrando una sensibilidad a lo externo, el sujeto de cambio es lo que merece ser llamado un artista.
Madonna, la Reina del Pop, es una bailarina bien instruida y una buena cantante. Pero sus talentos en el escenario no son realmente los responsables de que el mundo la perciba como una de las fuerzas femeninas más poderosas. La verdadera razón de todo esto es su genialidad para manejar su imagen en todo sentido. Madonna despierta un día queriendo ser alguien y eso se cumple. Desde una glamorosa actriz de la era dorada de Hollywood (Material Girl – Express Yourself), pasando a una chica masculina con estilo rat pack (Who’s that Girl) hasta una vedette de corsé de miles de dólares (Blond Ambition World Tour).
Por estos días el nombre de la Reina del Pop está sonando más por su divorcio del director de cine Guy Ritchie que por su gira Sticky & Sweet, pero si algo ha sabido hacer Madonna es manejarse en los cambios y entretenernos en el proceso.
Todo empezó en 1983 cuando lanzó su disco homónimo, en cuya portada aparece con las pulseritas plásticas que prácticamente todos los seres humanos femeninos, que tuvimos entre 5 y 20 años en esa época, pasamos por nuestra muñeca. Con canciones como Holiday empieza a pegar en los oídos de la cultura pop, siendo los años ochenta una década tan arraigadamente “popera”. Pero es en 1984, cuando se arrastra por el escenario de los MTV Video Music Awards vestida de novia, que el mundo la consagra como la niña rebelde y extremadamente sexual de la música... Demasiado para usar tantos crucifijos.
En 1986, Madonna da su primer paso a los cambios radicales con un rubio platinado corto para el álbum True Blue. Para 1989 convence a todos nuestros padres de que no es un ejemplo a seguir al besarse con un santo y aparecer estigmatizada en el video de Like a Prayer. En el 92, Madonna nos dice que no es malo explorar nuestra sexualidad y nos muestra de manera explícita sus propias fantasías en el libro Sex, otro terror de los padres de la época, acompañado de su álbum Erótica. En 1993 mezcla la moda con lo sensual y lo cortesano de la mano de Dolce & Gabbanna, y en 1994 lanza su Bedtime Stories usando diseños de Versace, lo que demuestra que Madonna siempre ha sabido juntarse con genios de su nivel y en el momento preciso como lo hizo en el 97 para su look de Evita de la mano de la casa Dior.
En 1998, después del nacimiento de su hija Lourdes, Madonna se muestra más espiritual con un estilo hippie bohemio que evidencia su gusto hacia lo hindú. Con el 2000 vienen su matrimonio con el director británico Guy Ritchie y su álbum Music, en el que prima el estilo cowboy, como consecuencia se empieza a ver en todas las fiestas y clubes del mundo a chicas y chicos usando sombreros. American Life del 2003 no tiene muy buena acogida, pero su beso en la boca con Britney Spears y Christina Aguilera en los premios MTV de ese año le bastan para dar la vuelta al mundo una vez más y de forma polémica.
Luego de haber celebrado sus 20 años de carrera en el 2004 se embarca en la gira Reinvention. En el 2006 da un tributo de cierta manera a John Travolta, Olivia Newton John y a todos aquellos que usaron cintillo y mallas de colores vistosos a fines de los años setenta y principios de los ochenta con Confessions on a Dance Floor.
Hoy en día se vuelve más dulce pero ruda con su disco Hard Candy y la gira Sticky & Sweet, a la que podrá asistir el afortunado ganador del concurso que está realizando Radio City. Donde no solo podrán ver a la reina del pop, sino también a una mujer que demuestra al mundo que a sus 50 años no tiene idea de lo que es la celulitis y que la reinvención es su mejor aliada.
EL AGUACATE en Radio City: FM 89.3 Guayaquil y FM 99.7 la Península, de lunes a viernes, 18:00