Toda crítica gastronómica se vuelve relativa, hasta arbitraria. Epicuro llega un día cualquiera a un restaurante. Siempre va acompañado de otra persona para poder probar más especialidades. Cancela sus planillas, no acepta cortesías. Evalúa entonces los platos que se sirve, no puede abarcar todo el menú.
Aquella limitación inevitable puede de cierta manera distorsionar la verdad. Por ello, el correo de mis lectores reviste para mí una vital importancia, sobre todo si discrepan de mi opinión, si su apreciación viene acompañada de datos concretos, inobjetables. No tomo en cuenta las connotaciones de personas que carecen de elementos comprobables.
Yvette G. me manda comentarios muy duros acerca de Villa Delizia. Pidió ñoquis y a los diez minutos le dijeron que no había, proponiéndole en su lugar “un risotto primavera, el que llevaba papas” (¿no habrá sido zucchini?). Tengo entendido que Yvette acudió a Villa Delizia cuando recién se inauguró. Pienso que muchas cosas han cambiado desde entonces, porque no tuve de mi lado malas sorpresas.
Sin embargo, por elemental ética, debo respetar esta calificación sin ponerla en duda, ser ecuánime al publicarla. Edith Galarza, en cambio, es una asidua y entusiasta cliente del lugar en compañía de un grupo de amigas. Villa Delizia es un restaurante que provoca polémicas.
Una pareja de peruanos me criticó el pisco sour de El Chalán “por tener mucho azúcar y poco pisco”. Se quejaron también de la parihuela. Los lectores de La Revista, mediante el concurso Sabor 2008, eligieron las papas a la huancaína de este restaurante como las mejores. Todas las opiniones son respetables.
Gisela Arboleda no estuvo muy de acuerdo con mis apreciaciones acerca del restaurante El Jumbo, “el mejor de la ciudad” según ella (?). Ratifico de un modo contundente que sigo considerando como los más sabrosos, aunque de apariencia modesta, sin manteles ni servilletas, el Hong Kong Deli, donde cocina Mei Ling Shu, y el Queen’s Dim Sim, en La Garzota.
Lo que pude probar en El Jumbo aquella noche carecía absolutamente de calidad. Puede haber sido una mala racha, falta de suerte mía, pero hay detalles que no engañan y soy vertical, sin temor ni favor.
Heiko Bothe me maltrata en su e-mail con una simple frase: “Epicuro, ¿dónde aprendiste a cocinar, el cordón bleu es de ternera”. Le mandé por internet todas las recetas de pollo cordón bleu de Yahoo France. Desde 1851 figura la apelación poulet cordon bleu hasta en botellas de champaña. Lo de la ternera es una variación sobre el tema. Lo que no termino de entender es por qué ciertos restaurantes se obstinan en hablarnos de ‘gordon blue’.
Darío Maza se queja de los precios que Vereda Tropical aplica a los vinos y dice haber pagado $ 35 por una botella que compra con $ 9 en el supermercado. Tengo entendido que los hoteles de cinco estrellas tienen como norma internacional aplicar por lo menos el 300% de incremento a los precios del mercado. Lo lamento tanto como usted, señor Maza.
Muchos comentarios favorables recibí acerca de Noé, Blu, Riviera, Casa Di Carlo, Don Francis (sobresaliente), Caracol Azul, Fussion (excelentes bocados al vapor y soberbio atún blanco) Akai, Sake (sobresaliente), Sucre, La Canoa, el bufé del Unipark, La Sociedad, Mosto, Matsuri, Tasca del Norte, Tasca de Carlos.
Capítulo aparte es el Red Crab, que siempre está a full y no cierra en todo el día. Tanto es así que el local de Samborondón se traslada a un nuevo sitio mucho más amplio y moderno (avenida Liceo de Francia, Plaza Nova (km 2½). No estaré en la inauguración, pero lo visitaré unas semanas después.