domingo 26 de octubre del 2008 Columnistas

La nueva realidad

¡Qué alivio! Ya todo se va institucionalizando. Pero no pues así de golpe, sino poco a poco, porque la institucionalidad es algo que se va construyendo delicadamente. Por eso, lo que antes se llamaba Congreso y después se llamó Asamblea (ambos términos muy duros, tiesos, casi hirientes)  ahora se llama Congresillo. Eso ya es otra cosa, pues. ¡Qué dulzura! Así cualquiera entiende y comienza a amar esta nueva realidad que estamos viviendo. Y si antes el que presidía la Asamblea era el Corcho (que era así, áspero, medio furioso), ahora el Congresillo lo preside el  Corchillo,  que se ha vuelto muy amabilillo y dispuestillo a seguir aceptando todo lo que ordena el buró. Sillo.

¡Uf! ¡Otra cosa es vivir con nueva Constitución! ¡Cómo se despeja el panorama! ¡Cómo se desbroza la senda hacia el futuro! ¡Cómo aparecen en el horizonte nuevos lineamientos! Y también nuevos actores, claro.
Como los que están en el Congresillo, por ejemplo, que son nuevísimos porque terminaron la Asamblea y, entre lágrimas, gemidos y bailes, a más del sueldo cobraron como cinco mil dólares extras por despido intempestivo, desahucio, vacaciones no gozadas y décimos. ¡Pobres! Es que sí se sacaron el aire, francamente, aprobando en tres días la nueva Constitución a golpe de cien artículos por noche.

Mas, como ahora ya hay nueva Constitución, volvieron al Congresillo. ¿Pero no es que habían sido despedidos? Sí, pero por un ratito nomás, pues. Y, además, no hay que confundir: una cosa fue la Asamblea y otra es el Congresillo. Cuando este se acabe también han de cobrar extras por despido intempestivo, no se preocupen. Y por vacaciones no gozadas, sobre todo.

Lo cierto es que uno tiene la sensación de que los nuevos vientos empiezan a soplar. ¡Y, chuta, cómo soplan! De un solo soplido, por ejemplo, nos quedamos sin Corte Suprema de Justicia, porque la que había ya nuay. Se sopló. ¿Y ahora? No sé qué también pasará, pero sí hemos de poder vivir sin Corte, no se preocupen. Total, lo importante es que haya revolución ciudadana. Que no haya Corte no nos afecta mucho. Y todo porque los magistrados no aceptaron ir al sorteo en que les iban a sortear para ver si seguían o si salían. ¡Qué aburridos los magistrados! De gana odian los sorteos, tan emocionantes que son. Y, claro, la nueva Constitución sí favorece la emoción, lo lúdico (y la lúdica) y todo mismo. Lo que les recomiendo es que ustedes estén atentos cuando sorteen  los nuevos jueces para ver si, comprando el entero, se sacan aunque sea un reintegro.

Por eso, masmejoresmente los que eran antes miembros del Tribunal Constitucional en vez de ir a sorteo decidieron autoproclamarse miembros (y miembras) de la Corte Constitucional. Ellos sí que no están con pendejadas. Y como el  Corchillo  les apoya y, por lo tanto, también el Congresillo, listos. Solo falta la opinión del buró. Sillo.

Entonces, con todo y eso, como dije al principillo (no pues al principillo que nos gobierna, sino al principillo de este articulillo) el país va institucionalizándose. ¡Qué alivio!
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