Domingo 26 de octubre del 2008 Internacionales

Narcotráfico, lujos y violencia en México

BBCMUNDO-AGENCIAS

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CIUDAD DE MÉXICO. Casa de tres plantas construida enteramente de vidrio y madera tallada, donde fueron detenidos 15 miembros del cartel de Cali.

La narcoviolencia en México no da tregua y debido a ella muere una persona cada 85 minutos. Operativos contra los carteles dan cuenta del lujo y excentricidad en la vida de los narcotraficantes.

La violencia a causa del narcotráfico en México, según informes de prensa de ese país, produce un asesinato cada 85 minutos. A esas muertes se suman las miles que se producen indirectamente, como ocurrió el miércoles pasado, cuando un bebé de año y medio falleció cuando sus padres chocaron el automóvil en el que viajaban mientras intentaban huir de un tiroteo entre policías y narcotraficantes en la ciudad de Tijuana, en el norte.

Según la Procuraduría General de la República, 2.673 personas murieron en el 2007 debido a la violencia del narcotráfico. Hasta agosto de 2008 se produjeron un total de 2.996 ejecuciones, mientras dos de cada cinco residentes urbanos han pensado en irse de México debido a la violencia de los carteles de la droga.

Además, para la inmensa mayoría, el narcotráfico es el segundo mayor problema que enfrentan los mexicanos, después de la corrupción, y muchos creen que la narcocultura está siendo glorificada en el país a través de la  música, el lenguaje y la moda.

La producción y el tráfico de marihuana y heroína existen en México desde principios del siglo XX, pero el problema adquirió dimensiones preocupantes a partir de mediados de los ochenta, cuando la cocaína proveniente de Colombia empezó a inundar el mercado estadounidense y para llegar a su destino utilizó las rutas y los servicios de los mexicanos. Ello alimentó de manera feroz el crecimiento de las bandas del narcotráfico mexicanas que a mediados de los años noventa llegaron a ocupar el vacío dejado por los carteles colombianos desmantelados.

México se ha convertido en el principal territorio de tránsito de drogas ilícitas hacia EE.UU. Una buena parte de la droga producida en Sudamérica pasa por diversos puntos del territorio mexicano para ingresar a su vecino del norte.

El negocio es controlado en México por siete poderosos carteles: Tijuana, Juárez, Colima, del Golfo, Oaxaca, Sinaloa (también llamado del Pacífico) y Valencia, que operan en diversos puntos en el país. Estas mafias se asocian a su vez en grupos más amplios, como la llamada Federación (carteles de Sinaloa, Juárez y Valencia).

El fortalecimiento de los carteles mexicanos trajo un incremento en los dos efectos colaterales del narco: corrupción y violencia. Los traficantes comenzaron a ejercer la violencia que necesitaban para operar como negocio ilegal: ajustes de cuentas, mantenimiento de la disciplina dentro de la organización y ejecuciones contra aquellos narcos que invadían los territorios o rutas ajenos.

La ofensiva contra los carteles ha aumentado los ataques contra los cuerpos de seguridad. A su vez, ello dio pie a una guerra entre carteles, como la que libró el de Sinaloa contra el cartel del Golfo, desde 2005.

Esa guerra tuvo una tregua a mediados de 2007, cuando los niveles de la narcoviolencia disminuyeron, presuntamente como resultado de un pacto entre los carteles del Golfo y de Sinaloa.

Durante la presidencia de Vicente Fox (2000-2006), la lucha apuntó a la dirigencia de los carteles, sin embargo a principios de este año el presidente Felipe Calderón lanzó una nueva ofensiva contra la estructura general de los carteles.

Ello ha generado una fragmentación de los grandes carteles y un consecuente incremento de la violencia intranarco, así como un aumento en los ataques contra los cuerpos policiales y el Ejército.

Según el gobierno mexicano, en lo que va del 2008 se han efectuado 16 operativos anti-drogas en todo el país.

En esta semana, por ejemplo, se dieron dos golpes al narcotráfico. Uno de ellos, el del 19 de octubre, evidenció no solo los nexos entre los carteles de Colombia y México, sino que las bandas de narcotraficantes sudamericanos operan en suelo mexicano.

Ese día, en medio de una fiesta en una casa de un barrio residencial de clase alta en las afueras de Ciudad de México, agentes detuvieron a 15 supuestos miembros del cartel de Cali, 11 de ellos colombianos, que las autoridades presumen se encargaban del transporte de cocaína entre Colombia y México para la familia Beltrán Leyva, una de las dinastías que controlan el tráfico de estupefacientes en el país.

Entre las excentricidades que halló la Policía figuran un pequeño zoológico con tigres y panteras, una sala usada como local de striptease y una casa de tres plantas con madera labrada. Para relajarse, los narcotraficantes contaban con un sauna subterráneo que incluía equipamiento de bar y estaba decorado con estalactitas artificiales, a modo de caverna.

Dos días después, el 21 de octubre, fue detenido Jesús Zambada García, jefe de uno de los cuatro grupos que conforman el cartel del narcotráfico de Sinaloa. Jesús el Rey Zambada era el encargado de controlar la importación de cocaína y precursores para producir metanfetaminas (drogas sintéticas) vía el aeropuerto internacional de la Ciudad de México.

Además de Zambada fueron arrestadas 16 personas en un domicilio de la zona norte de la capital mexicana. La Policía incautó en el lugar varias armas, una de ellas un rifle AK-47 que pertenecía al capo y que tenía baños de oro y plata con piedras preciosas incrustadas.

Según la Policía, la organización de Zambada García también está relacionada con el asesinato de cinco funcionarios de la aduana aeroportuaria, cuyos cuerpos aparecieron decapitados.

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