- OCT. 26, 2008 - Foto - Noticias - EL UNIVERSO
“Hacer click y enganchar al televidente” es una de las prioridades de los guionistas de las telenovelas.
Los melodramas llevan más de 50 años dando guerra en la pantalla chica. La televisión gatilla la reproducción de formatos, de ideologías y de comportamientos.
La telenovela es un género que forma parte de la dinámica cultural de una sociedad, funciona dentro de un sistema productivo concreto, atiende a las lógicas del consumo y reproduce al mismo tiempo esquemas culturales. Este género utiliza las diferentes expresiones de la cultura como: la música, el teatro popular, la religiosidad y la vida cotidiana de sus personajes para entablar una comunicación y generar las variadas lecturas de la audiencia.
Por eso mezclan y colocan en la escena no solo lo que las masas producen sino también lo que estas consumen y desean consumir. Establecen una socialización en la que las relaciones de parentesco, vecindad y amistad de los personajes se insertan en el mundo familiar del televidente.
Por eso no es casual que la telenovela ocupe un lugar privilegiado entre las producciones audiovisuales que se difunden actualmente en Ecuador. Es importante destacar que el melodrama (género que despunta en la telenovela) constituyó un espectáculo popular en la Francia e Inglaterra de 1790, relacionado con las narraciones de la literatura oral y los shows de ferias. Nació como espectáculo para un pueblo silencioso e ingenuo, que respiraba extravagancias y jocosidad tal como lo plantea Armand Mattelart en su Carnaval de las imágenes.
De ahí que la intencionalidad de la actual novela consista en plasmar acciones y pasiones en lugar de palabras, para llegar a un público no lector, y esta característica es la que lo ubica en el ámbito de la cultura popular y al mismo tiempo masivo.
Las telenovelas contemporáneas, herederas de sus primos saltimbanquis, generan un movimiento de integración sentimental que atraviesa países, involucra y vincula, gracias a esa sobreexplotación de lo sensorial, a las más disímiles audiencias.
El secreto de Toño Palomino es visible muestra de lo expuesto. La vena melodramática de este producto nacional televisivo llega a extremos con la inclusión de melodías alusivas a los amores imposibles. La voz de rocola es presagio de que lo que ocurrirá en esa escena debe llevar al espectador a explorar su lado sensible. La complicidad, un buen grado de condolencia, ese “hacer click y enganchar al televidente” es una de las prioridades de los guionistas. Para lograrlo el espectador firma un contrato de autorización para sufrir, para volver cada noche o tarde a sentarse frente a su caja y exponerse.
La novela fomenta la comunicación entre lo real-imaginario, y desarrolla una reproducción social, al exteriorizar a través de diferentes mensajes lo que el ser humano hace o quiere hacer, dando lugar a la interacción social.
La televisión gatilla la reproducción de formatos, de ideologías y de comportamientos.
Victoria ha logrado hacer creer a muchas mujeres y hombres que la infidelidad masculina es algo casi natural, la pasividad sexual de un hombre no es socialmente posible; mientras plantea una vergüenza socialmente generalizada de mostrar el desnudo del cuerpo femenino senil.
A medida que los capítulos avanzan la Victoria mujer va mostrándose, y el producto televisivo va develándose con la idea de ruptura: la mujer también tiene derecho a mostrarse pese a las arrugas y las “llantitas”. Pero esta reproducción de códigos irreverentes tampoco es nueva.
En los años setenta y ochenta causaron furor títulos como el de la peruana Marido oprimido. A principios de los ochenta Ecuador experimentó una minirrevolución con Mundo de juguete, una telenovela para público infantil, que era también la producción más larga de la historia (612 capítulos) y adaptación de la argentina Papá corazón. Sus refritos fueron muchos hasta desembocar en el seriado nacional Súper Papá.
Betty la fea es portaestandarte de los refritos, al punto de que Salma Hayek ha ganado reconocimientos como productora de su Ugly Betty.
Las hay para todos los gustos y edades, las telenovelas llevan más de 50 años dando guerra, colocándose una tras otra en el sitial de preferencia del raiting e instalándose en los hogares, siendo temas de discusión, de debates, de repetición de formatos, son madera para remakes, crean conceptos y hay quienes dicen que incluso ofician de psicólogos de algunas amas de casa que ven en la historia de su protagonista preferida la solución a sus problemas sentimentales.