En el núcleo de la crisis económica actual hay un problema que se supone que el mercado debe resolver: saber cuánto valen las cosas.
Adam Smith dijo que el valor se establece “no mediante una medición exacta, sino como consecuencia de la actividad del mercado”. Sin embargo, en momentos en que en un país tras otro los bancos se hunden, castigando las bolsas y endureciendo el crédito, el valor de hipotecas, títulos, divisas y propiedades se vuelve difícil de determinar.
Tomemos el caso de los islandeses y su debilitado kronur. Golpeada por el fracaso generalizado del sistema bancario nacional, la moneda del país perdió casi la mitad de su valor ante el dólar en el transcurso del último año. El resultado es que los islandeses buscan inversiones seguras, como los relojes Rolex. Franch Michelsen, comerciante de relojes de Reykjavik, le dijo a Eric Pfanner, de The New York Times, que había aumentado la demanda de esa marca.
“La gente quiere algo que pueda vender en cualquier lugar del mundo”, dijo Michelsen.
Un Rolex tiene más probabilidades de mantener su valor que, por ejemplo, una casa en Florida. Durante la reciente burbuja, el estado sufrió una gran inflación del valor de los bienes raíces y ahora experimenta una profunda declinación.
Jack McCabe, un consultor inmobiliario, declaró a Vikas Bajaj, de The New York Times, que dos casas de la calle de Fort Lauderdale donde vive se habían vendido en unos 730.000 dólares cada una en 2005. Hace poco volvieron a venderse en 400.000 dólares cada una, lo que supone una caída de 44%.
“El cohete se quedó sin combustible y ahora cae a tierra en picada”, afirmó McCabe.
No siempre es la explosión de una burbuja lo que hace caer un mercado. La nueva tecnología puede hacer lo mismo, como lo experimentó la industria discográfica en la era digital. Como los temas se vendían online por entre unos centavos y un dólar, el valor monetario de la música cayó a niveles sin precedentes. Un grupo de jueces federales estableció un monto por derechos en el caso de descargas digitales.
La industria de la música quería que el mismo fuera más alto que el de las grabaciones materiales, informó Ben Sisario en The New York Times, mientras que los minoristas online querían derrumbar el sistema y pagar sólo un porcentaje de ganancias.
Ante la confusión y la competencia, los jueces adoptaron una vía intermedia y prudente. Establecieron un monto de 9,1 centavos por tema, lo mismo que en el caso de un CD. En ocasiones es más fácil atenerse al valor conocido.
Eso también puede ser válido en el caso de los inversores internacionales. A pesar del torbellino que se desató en los mercados bursátiles y el sistema bancario estadounidenses, el dólar sube y cerró hace poco a 1,30 ante el euro cuando en julio se cotizaba a 1,60. El valor psicológico del dólar –un tradicional símbolo de estabilidad financiera– se está imponiendo a las vacilaciones de la economía que lo sostiene.
“Es irónico que, a pesar de la confusión que vivimos, la respuesta de los extranjeros sea invertir más dinero en nosotros”, le dijo Kenneth S. Rogoff, un profesor de Economía de la Universidad de Harvard, a Mark Landler, de The New York Times. “No saben con certeza a qué otra parte dirigirse.”
Después de todo, no se pueden compran tantos Rolex.