¿Europa dejó de ser un museo económico?
En los últimos años, en pleno boom de Wall Street, los estadounidenses solían mirar a Europa con desdén considerándola un lugar para disfrutar de almuerzos lánguidos y pasar vacaciones lujosas, pero no para la innovación económica.
Londres seguía siendo una terminal financiera, por supuesto, pero con frecuencia era tratada despectivamente –como una aberración llamativa alimentada por los petrodólares de Rusia y del Golfo, una excepción en un continente por lo demás somnoliento.
Visiones de ese tipo comienzan a verse cuestionadas, ya que últimamente Europa ha demostrado ser más ágil que los estadounidenses a la hora de llegar a la raíz de la crisis financiera global, más allá de sus falencias como innovadores.
Después de un titubeo inicial, a los líderes de Europa se les ocurrió un plan de salvataje financiero que ahora le marca el paso a Washington, y no al revés, como había sucedido durante décadas.
Es algo que se vio claramente cuando el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos decidió apartarse de su plan de rescate inicial –el que aprobó el Congreso anteriormente este mes– e invertir hasta 250 billones de dólares directamente en bancos estadounidenses. Los detalles de ese enfoque habían sido presentados algunos días antes por los líderes europeos cuando trataban de salvar su propio sistema financiero.
Y ese resultado dejó a Gordon Brown, el primer ministro británico, y a Nicolas Sarkozy, el presidente francés, en una especie de posición de mando que les permitió reivindicar el título de sabios. Ahora están hablando de crear un acuerdo Bretton Woods para el siglo XXI, mientras que los líderes del país que inventó el sistema financiero de la posguerra elaborado en Bretton Woods, New Hampshire, prefieren mantenerse al margen.
Sarkozy, que se reunió hace poco en Camp David con el presidente Bush, dijo a los líderes europeos reunidos en París que esperaba “literalmente reconstruir los cimientos de los sistemas financieros”.
C. Fred Bergsten, director del Instituto Peterson de Economía Internacional en Washington, resumió la semana: “A la hora de responder a la crisis, los europeos, los británicos tomaron el mando y Estados Unidos cambió de rumbo”.
A raíz de esto, los mercados parecieron responder bien, resultando grandes ganadoras las acciones europeas. Los mercados crediticios también mostraron algunos signos positivos y la Reserva Federal amplió aún más su respuesta, diciendo el 21 de octubre que proveería financiación para apuntalar los fondos comunes de inversiones del mercado monetario.
Si bien la línea de acción que surgió en estos últimos días fue inteligente, no compensa un largo período de negación de los problemas de Europa con sus prácticas crediticias antes de que los líderes finalmente reconocieran que el sistema financiero global estaba colapsando, dijo Jean Piasani-Ferry, un ex asesor financiero de primer nivel del gobierno francés que ahora es director de Bruegel, un centro de investigaciones de Bruselas. “Durante mucho tiempo, dijeron que la crisis se centraba en Estados Unidosy que no los afectaría”, agregó Pisani-Ferry.
Europa, de hecho, sigue teniendo un montón de problemas, sobre todo un alto nivel de desocupación y la posibilidad de una recesión prolongada, en tanto que Gran Bretaña, Irlanda, España y otros países sufren su propio desastre inmobiliario.
Y el hecho de que Francia y Alemania, Suiza, España y Gran Bretaña estén apostando más de 1 billón de dólares para rescatar a sus instituciones financieras pone en duda que los banqueros europeos sean más prudentes que sus homólogos estadounidenses.
Pero independientemente de que fuera una excepción única o el primer indicio de un nuevo esquema, Richard Portes del Centro de Investigación sobre Políticas Económicas de Londres, observa una fuerza fundamental reflejada en la estrategia europea.
Mientras el Congreso y la Casa Blanca se centraban en comprar centenares de miles de millones en créditos hipotecarios que se habían vuelto incobrables, líderes como Brown intentaban encontrar una solución a una amenaza más profunda y más grave: una falta de fe en los bancos. Por eso su táctica – convertirse en el inversor y garante de créditos entre bancos – sirvió para contener el pánico que llevó a Wall Street a desplomarse casi 20% en una semana.
“Los funcionarios y el Congreso se quedaron tan inmovilizados” en la deuda de las hipotecas incobrables, dijo Portes, que “no vieron que la clave estaba en recapitalizar a los bancos, y restablecer la liquidez en los mercados monetarios. Los británicos y los europeos lo vieron primero”.
Para Andrew Moravcsik, profesor de política y asuntos internacionales de Princeton University, “los estadounidenses tienen una visión peculiar de una Europa con una regulación excesiva, y que por lo tanto sufre de crecimiento débil y euroesclerosis” dijo.