Mientras el precio del petróleo alcanzaba niveles cada vez más elevados en los últimos años, los líderes de Venezuela, Irán y Rusia se abrieron paso en la escena mundial mediante la diplomacia de talonario y, en ocasiones, la intimidación.
Ahora, el desplome del precio del crudo plantea dudas sobre si estos países pueden sostener sus gastos, así como sus intentos de desafiar la hegemonía estadounidense. Para estos tres países, el dinero del petróleo ha sido siempre un medio para un fin ideológico.
El presidente Hugo Chávez, lo utilizó para arrancar en Venezuela una revolución inspirada en el socialismo. Irán amplió su influencia en todo Oriente Próximo, se nombró a sí mismo líder del mundo islámico y utilizó sus petrodólares como ayuda para desafiar los intentos occidentales de bloquear su programa nuclear. Rusia empezó a reconstruir su Ejército, se hizo con el control de oleoductos y gasoductos y respondió a la invasión occidental del ex imperio soviético.
Pero estas ambiciones son más difíciles de financiar cuando el petróleo ronda la mitad de o menos de los 147 dólares que costaba hace tan sólo tres meses.
El gasto se desboca en Venezuela Chávez fue muy tajante en septiembre cuando anunció que Venezuela participaría en las maniobras navales de la Armada rusa en el Caribe, algo que fue posible en parte por la cantidad ingente de petrodólares que había usado para comprar armamento ruso. “Venga, yanquis, quéjense”, instó. “Aquí la flota naval rusa es bienvenida”.
El gasto nacional de Venezuela ha aumentado drásticamente a través de la creación de un amplio abanico de programas de bienestar social que perseguían el objetivo de crear un Estado inspirado en el socialismo. El presupuesto de 2009, basado en el petróleo a 60 dólares, incluye un aumento de 23% en el gasto gubernamental, hasta alcanzar cerca de 62.000 millones de euros.
A 140 dólares el barril, este aumento era moderado. Pero con el precio rondando los 60 dólares el barril, algunos economistas en Venezuela expresan su preocupación en cuanto a la capacidad del Gobierno para pagar sus facturas, incluidas las de las compras de armas.
“Este país quedará paralizado porque depende muchísimo del petróleo”, afirma Óscar García Mendoza, presidente del Banco Venezolano de Crédito, un banco privado.
El poder de las reservas iraníes Cuando el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, presentó su presupuesto ante el Parlamento en 2007, el Consejo de Seguridad de la ONU ya le había impuesto sanciones económicas por su programa nuclear. El presidente dijo que no importaba. “Aunque emitan 10 resoluciones más de este tipo”, afirmaba, “no afectará a la economía ni a la política de Irán”.
En parte tenía razón: apenas afectó a la política de Irán. Una de las razones principales era el precio del crudo. Irán tiene las segundas reservas de hidrocarburos más grandes que se conocen en el mundo y durante los últimos cuatro años las ha utilizado como arma política y económica para desafiar y desautorizar a Occidente al tiempo que impulsaba su propio programa.
En el plano nacional, el dinero del petróleo permitió a los ideólogos iraníes de línea dura preservar su monopolio del poder, comprar lealtades políticas y contrarrestar el daño fiscal de sus políticas económicas. Pero es posible que ahora haya que recalibrar todo eso.
“La caída del precio del petróleo hará que el régimen iraní tenga que volver a examinar sus cálculos porque su inmunidad política ha disminuido”, comenta Mustafa el-Labbad, director del Centro Oriental de Estudios Regionales y Estratégicos, un organismo independiente de investigación en El Cairo. “Su presencia y su papel en la región van a reducirse”.
La supremacía energética de Rusia Un día de invierno de 2006, Rusia cortó de repente el suministro de gas natural a Ucrania, donde había llegado al poder un Gobierno pro-occidental. El Kremlin lo justificó con una disputa sobre los precios, pero algunos responsables occidentales aseguraron que Vladímir Putin, el presidente de Rusia por entonces y todavía su principal líder, estaba dejando una cosa clara: que Rusia estaba dispuesta a utilizar sus ingentes reservas energéticas para consolidar el dominio que había perdido tras la caída de la Unión Soviética.
Hace dos meses, la apagada reacción de países europeos frente a la invasión rusa de Georgia parecía indicar que la política de Putin estaba funcionando, según algunos analistas de política exterior. Europa había pasado a depender del gas de Rusia y no podía permitirse un desafío de calado, señalan.
Con el precio del gas tambaleándose, esta estrategia se empieza a poner en duda. Es posible que los europeos ya no se sientan tan intimidados ahora que saben que la capacidad de Rusia para presionar a sus clientes es menor.
“Cuanto más nerviosos estén otros países por su seguridad energética, mejor estará Rusia geopolíticamente hablando”, asegura Peter Halloran, consejero delegado de Pharos Financial Group, un fondo de inversión con sede en Moscú.
Aun así, al menos en lo que respecta a la economía nacional, Halloran y otros expertos comentan que está mejor posicionada para soportar unos precios más bajos que otros productores de petróleo y gas, porque ha estado adoptando prácticas fiscales moderadas.
La oposición en Rusia afirma que no percibe que la caída de los precios esté minando el poder de Putin.
“Creo que es demasiado pronto”, asegura Grigori Yavlinski, un líder de la oposición. “La crisis en este momento todavía no afecta muy de cerca a la población. Los bancos siguen abiertos y el paro no sube. Es una amenaza, pero es sólo una amenaza en potencia”.