En el recinto donde la mujer le cortó el órgano genital a su esposo la venganza predomina en todo.
Es jueves. Han pasado cinco días desde que, el pasado 18 de octubre, en el recinto San José, del cantón Baba, en Los Ríos, Daysi Mora Serrano cercenó el órgano genital de Octavio Vera Lem, el hombre con el que ella –según lo que declaró ante las autoridades cuando fue detenida– convivió por dos décadas.
Hoy, en la casa de caña de tres ambientes pequeños que la pareja compartía con cinco hijos (cuatro de ella y una de ambos), todo es abandono y desorden. Las aves de corral, entre las que hay 25 patos de varios tamaños, están hambrientas. El perro de la casa no está, se fue a otra cercana. La familia se desmembró: la madre está en la cárcel, el padre en un hospital sumido en una crisis psicológica, y los niños y jóvenes han sido acogidos en tres hogares de familiares.
Entre esos chicos está la niña de 12 años que halló desmayado a su progenitor y pidió auxilio. Departe con otros pequeños y muestra carácter frente a tanta tragedia. Reconoce que sus padres peleaban.
Pero grandes lágrimas invaden sus mejillas cuando comenta que se han quedado “en el aire”. Con sus hermanos han pensado volver a la casita de caña de sus padres, pero tiene miedo porque ha oído por ahí que han amenazado con prenderle fuego a la vivienda donde pasó la tragedia.
En la comuna de San José parece reinar la Ley del Talión (ojo por ojo, diente por diente). Una muestra: Lo sucedido el día de la agresión por la noche en la casa de Vicente Mora Serrano, hermano de Daysi, adonde –él cuenta– llegó un familiar de Octavio con intenciones de matarlo. La otra parte sostiene que no lo querían matar. “Solo buscaba a esa mujer criminal. Lo que hizo es imperdonable y debía entregarse a la Policía”.
Octavio –dice su hermana Jenny- quería evitar esos conflictos. En la sala San Aurelio del hospital Luis Vernaza él parece estar tranquilo, pero a ratos deja escapar sus lágrimas. No tiene contacto con extraños, solo con los médicos, pero su hermana cuenta que desde el lunes que comenzó a reaccionar deseaba hablar con su madre, Teresa Lem, para pedirle que aconseje a sus hermanos “que estén tranquilos”.
Lo dijo llorando, cree que no merecía la agresión, mas quiere paz.
Pero Daysi tiene su propia versión. Declaró que reaccionó por coraje y que se “calentó” después de que él la agredió con un cuchillo. Incluso cuando fue detenida mostró una herida en la parte superior del ombligo.
También contó que le molestaba que él ande atrás de su ex conviviente, quien para la familia de él “es su esposa”, como comenta Teresa, que dice no haber estado de acuerdo que su hijo falle a su primera pareja.
El psiquiatra Juan Montenegro cree que la reacción de Daysi (cortarle el miembro viril a Octavio) “se dio por celopatía”. Lo hizo con sus cinco sentidos, porque al mandar a su hija a dejar algo donde un familiar, ella planificó lo que iba a hacer.
Él concluye que si ella hubiese reaccionado ante un maltrato psicológico o físico recibido no habría escogido cortarle el miembro viril al conviviente, sino que lo atacaba para acabar con él. Lo debe haber hecho por la inestabilidad de la pareja. Es claro, quiso hacerle daño para que no esté con otras mujeres.
“Casi nunca peleaban”, repite uno de los hijos menores de Daysi, y continúa: “Lo más fuerte fue una vez que él se tiró casa abajo para que ella no le dé un machetazo...”. Lo comenta después de haber perdido a su gallo de pelea tras apostar “la pluma”, es decir el animal, con un amigo de la comuna que al igual que él no asiste al colegio.
En esa zona, donde prima el analfabetismo, terminar la primaria es objetivo de muchos, por eso cuando se preguntó a los niños ¿por qué hoy no fueron a clases si es jueves?, respondieron: “Ya terminé (la primaria)”. Según el INEC, el porcentaje de analfabetos en Baba llega al 20% entre los casi 40 mil habitantes y el 30% de niños no asiste a la escuela, casi siempre por la falta de recursos. El 90% de la población es pobre.
Pese a la pobreza que se agudizará por la tragedia familiar, la hija de Octavio y Daysi –ambos analfabetos– comenta que anhela continuar sus estudios. Una maestra le ha ofrecido ayuda y le ha dicho que la sacará de ahí, pero ella no quiere separarse de sus hermanos. Lo único que le queda, y más bien sueña, es que todos tengan la oportunidad de ir al colegio.
Uno de los líderes entre los campesinos, que prefirió la reserva de su nombre, cree que lo mejor sería que los menores se preparen, pues correrán muchos riesgos. En la zona se expende droga al menos en siete lugares y consumir alcohol es la diversión en cada rato libre.
Por esa razón, las reacciones violentas son comunes. “Aquí todo es venganza. Todo se paga con la vida. Hay que ayudar a estos chicos a que salgan adelante”, asevera el dirigente.
Sin vivienda
Octavio Vera será dado de alta en los próximos días del hospital, pero su familia no tiene casa en Guayaquil, donde deberá permanecer mientras dure el tratamiento. Por eso esperan que alguien pueda recibirlos o ayudarles a conseguir una vivienda.
Sin dinero
La hermana del herido, Jenny Vera Mora, dice que no tienen recursos y si alguna persona desea ayudarla deposite su contribución en la cuenta de ahorros 11563877 del Banco Guayaquil a nombre de ella.
Atilio Piza Espinoza
Agricultor
“Lo que ha pasado es horroroso. Yo me volvía loco, tanto me gustan las mujeres y quedar inútil”.
Urbano Vera
Tío de Octavio
“Para uno que lo castren es la ofensa más grande. Si me pasara solo tendría ganas de vengarme”.