viernes 24 de octubre del 2008 Columnistas

Pedro X.Valverde Rivera

Sana envidia

SANTIAGO DE CHILE |

De paso por tierras chilenas, hemos podido confirmar las siempre conocidas diferencias entre la realidad de este país y el nuestro. Y la verdad, son más grandes de lo que uno puede leer, escuchar o imaginarse.

El ciudadano común, producto de un nivel cultural adquirido gracias a la educación pública que funciona con buenos estándares, conoce sus derechos ciudadanos y acciona los mecanismos para su protección o para exigir el resarcimiento correspondiente en caso de que fueren vulnerados o amenazados.

Cuando un ciudadano es víctima de una mala práctica médica, o de un servicio público defectuoso, las acciones judiciales que se encaminan a establecer la responsabilidad del Estado y el pago de las indemnizaciones funcionan de verdad; es decir, la impunidad es una excepción.

En materia de seguridad jurídica, las reglas de juego son respetadas por el Estado y el sector privado y si por alguna razón alguno de estos sectores intenta “pasarse de vivo”, la administración de justicia se encarga de poner las cosas en su lugar.

A ello se debe la prosperidad de los negocios e inversiones extranjeras en esta nación; en banca, servicios públicos, telecomunicaciones, energía, minería, etcétera.

Si bien es cierto que el empresario mundial siente la estabilidad de la economía chilena, además, y tan importante como lo primero, percibe la seguridad jurídica producto de la fortaleza de sus instituciones democráticas.

Es impensable en Chile que el Parlamento sea disuelto por el gobierno o que se expulse a una empresa extranjera mediante decreto ejecutivo y se terminen unilateralmente sus contratos, o que se contraten importantes obras públicas sin procesos licitatorios.

Acá en Chile, la rendición de cuentas se produce de verdad, en donde siempre debe producirse, en el Parlamento, frente a una oposición que es reconocida como tal y respetada en su rol.

Por estos rumbos, la Jefa de Gobierno, a propósito de la crisis financiera mundial,  convocó a empresarios privados, medios de comunicación y líderes políticos de izquierda y de oposición para encontrar la mejor estrategia, para juntos enfrentar la crisis y procurar el menor impacto en las condiciones de vida de los chilenos. Y todos los convocados asistieron, dejando de lado rivalidades políticas o intereses encontrados. Asistieron porque por encima de sus diferencias, todos son conscientes que Chile es uno solo y que el progreso de Chile beneficia a todos. Sienten la responsabilidad que por diversas vías, la sociedad ha depositado en sus hombros.

Y claro, en un ejercicio mental instintivo, me pregunto yo qué está haciendo nuestro Jefe de Gobierno al respecto. Digo, además de haber dicho hace algunas semanas (en época de elecciones) que la crisis en Estados Unidos no tendría mayor trascendencia para el Ecuador.

¿Ha pensado siquiera en diseñar una estrategia de país para recibir el impacto de la crisis mundial? ¿Ha pensado que para que esa estrategia sea efectiva se requiere la participación de los grandes actores de los diferentes sectores de la economía, aunque no sean de Alianza País ni comulguen con su proyecto político?

¿Y que esos actores deben ser invitados no para escuchar lo que el Presidente y su buró hayan resuelto, sino para participar con voz y voto en una solución de país?

Usted sabe la respuesta, amigo lector; por eso es que siento sana envidia.

¡Qué lejos estamos del progreso!
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