EE.UU. |
Obama apoya los esfuerzos encabezados por la Organización de Naciones Unidas, enfocados al fomento de la planificación familiar; McCain está junto al presidente Bush en su oposición a ciertos esfuerzos cruciales por ayudarles a las mujeres a que reduzcan el número de embarazos no deseados en África y Asia.
Discretamente, la administración Bush está eliminando suministros para el control de la natalidad distribuidos a algunas de las mujeres más pobres del África.
De ahí la paradoja de una administración “pro-vida” que adopta una estrategia cuyo resultado equivaldrá a miles de abortos adicionales cada año, así como más mujeres que mueren al momento del parto.
La saga también pone de relieve una clara diferencia entre los senadores Barack Obama y John McCain. Obama apoya los esfuerzos encabezados por la Organización de Naciones Unidas enfocados al fomento de la planificación familiar; McCain está junto al presidente Bush en su oposición a ciertos esfuerzos cruciales por ayudarles a las mujeres a que reduzcan el número de embarazos no deseados en África y Asia.
Hay algo con respecto a la salud reproductiva –quizá la parte sexual– que hace que algunos estadounidenses echen espuma por la boca y se vuelvan locos. Lo vemos en la oposición a los condones para reducir el SIDA en África y en la insistencia relativa a una educación sexual en las aulas estadounidenses que gire exclusivamente en torno a la abstinencia (una de las razones por las cuales las tasas de embarazos adolescentes en Estados Unidos es mayor a la de Canadá en más del doble).
De manera similar, lo vemos en la decisión de algunas localidades –como Wasilla, en Alaska, donde Sarah Palin (la candidata republicana a la vicepresidencia de Estados Unidos) era la alcaldesa– de cobrarles a las víctimas de violación por los suministros médicos empleados para reunir pruebas de crímenes sexuales. En la mayoría de las localidades, los departamentos de policía absorben el costo de dichos suministros, el que asciende a cientos de dólares, pero mientras Palin fue la alcadesa de Wasilla, el poblado decidió que ahorraría dinero cobrándoles a víctimas de violación.
El más reciente brote de locura en la salud reproductiva se dio en las últimas dos semanas, cuando la Agencia Internacional para Desarrollo le ordenó a seis países africanos que se aseguraran de que Marie Stopes International, grupo de ayuda con sede en Gran Bretaña, que opera clínicas en países pobres, no recibiera condones, pastillas anticonceptivas, dispositivos intrauterinos (DIU) u otros anticonceptivos.
La administración Bush dice que emprendió esta acción debido a que el grupo Marie Stopes International trabaja con el Fondo de Población de Naciones Unidas en China. El presidente Bush ya cortó todo financiamiento para el fondo de población basado en la –falsa– premisa de que este grupo apoya el programa de planificación familiar de los chinos.
Es cierto que la política china de un solo hijo a veces incluye abortos forzosos, y cuando viajo por áreas rurales de China aún encuentro en mi camino algunos campesinos cuyos hogares fueron derribados como castigo por haber tenido un hijo sin autorización previa. No obstante, el fondo de Naciones Unidas ha sido la mayor fuerza moderadora en la política de China, al tiempo que un equipo del Departamento de Estado de Estados Unidos no encontró evidencia alguna de la participación de la ONU en casos de coerción.
La eliminación de recursos para el Fondo Poblacional de Naciones Unidas por parte de Bush –respaldada por el Senador McCain– ha persistido desde 2002. El aspecto nuevo es la extensión de dicha política a una prominente organización de planificación familiar que pertenece a la iniciativa privada, como Marie Stopes International.
“La ironía e hipocresía de esta situación es que es un hueso para el autoproclamado movimiento ‘pro-vida’, pero resultará en las muertes de mujeres que sencillamente quieren darse espacio entre cada nacimiento”, comentó Dana Hovig, la directora ejecutiva de Marie Stopes International. Esta organización estima que el resultado será que cada año habrá al menos 157.000 embarazos adicionales que no fueron deseados, dando origen a 62.000 abortos adicionales y 660 mujeres muriendo en el parto.
Quizá eso exagere el impacto. Kent Hill, un funcionario de la dependencia estadounidense de ayuda, insiste en que no habrá un aumento en los embarazos porque los anticonceptivos estadounidenses sencillamente serán dirigidos a otros grupos de ayuda en África.
Eso funcionará en cierta medida en las grandes ciudades. Sin embargo, es una fantasía en las zonas rurales de África. A lo largo de los años he visitado media docena de clínicas Marie Stopes, y en las áreas rurales típicamente no hay nada más en muchos kilómetros a la redonda. Las mujeres en las aldeas sencillamente no tienen otra fuente de planificación familiar.
“Esta miope maniobra tendrá consecuencias directas y funestas”, declaró un grupo de prominentes expertos de salud pública en Estados Unidos en un carta abierta, agregando que la acción “se traducirá casi de inmediato en un aumento en las muertes maternas y discapacidades”.
Los proponentes del recorte no son misóginos. Se sienten honestamente indignados ante los abortos forzosos en China. Pero, ¿por qué desquitarse con la gente más pobre y carente de voz sobre la Tierra? McCain al parecer dio su apoyo a Bush, sobre todo de manera instintiva, y cuando un reportero le preguntó en esta primavera si la ayuda estadounidense debería financiar anticonceptivos para combatir el SIDA en África, al principio él dijo: “No lo había pensado”, agregando más adelante, “Me dejó perplejo”.
Las decisiones retrógradas con respecto a la salud reproductiva se alcanzan en salas de conferencias en Washington, pero yo he visto cómo se desarrollan en aldeas africanas. Una joven mujer yace dentro de una choza, desangrándose hasta morir o hinchada por una infección, mientras parteras sin capacitación le ofrecen agua o hierbas. Su marido e hijos esperan con impaciencia afuera de la choza, sus rostros congelados y transpirando a medida que los gritos de la madre se van debilitando.
Cuando ella muere, su cuerpo es envuelto en una vieja cobija y enterrada en un hoyo poco profundo, con yerbas y arbustos apilados encima para mantener alejados a los animales salvajes. Sus hijos lloran y dan alaridos, y en los meses siguientes a menudo son objeto de abandono y enfrentan probabilidades mucho mayores de morir de hambre o enfermedades.
En algunas regiones de África, una mujer enfrenta actualmente un riesgo con probabilidades de morir al momento del parto de una de cada 10. Genera furia la idea de que una política de Estados Unidos pudiera ocasionar un aumento en esta cifra.
© The New York Times News Service.