jueves 23 de octubre del 2008 Columnistas

Joffre Campaña Morainfo@goberna.org

Ley y justicia

¿Es justo que se muestre ante la prensa a quienes están acusados de algún delito? ¿Es justo que se otorgue fianza al futbolista Bolaños de Barcelona? ¿Es justo que se devuelvan los bienes al grupo Isaías? En todos estos casos la respuesta dependerá de la visión de justicia que cada persona tenga. ¿Deben, sin embargo, obrar los jueces según su propia visión de justicia?, o ¿deben hacerlo según los mandatos de la ley?

Me explico:

Con frecuencia escuchamos mencionar que las leyes, aun cuando estén vigentes, no deben ser aplicadas si al hacerlo se afecta lo que algunos denominan  legitimidad  y otros,  justicia.  Incluso se ha llegado a minimizar principios universales como el de la presunción de inocencia o el derecho a la defensa, justamente con este argumento de que la justicia está por encima de la ley. No importa lo que diga la ley, se ha dicho, lo importante es si es legítimo, entendiendo que la legitimidad viene dada por lo que piensa la mayoría, o por la particular visión de justicia de un grupo de ciudadanos. De este modo se plasma el conocido concepto de que el fin (justicia) justifica los medios (violación de procedimientos).

De esta forma, muchos van a justificar la inobservancia de la ley cuando, según su visión de legitimidad o de justicia, esta resulte insuficiente o sea un obstáculo para hacer efectiva su visión de justicia. Como se sabe, lo que es justo para unos puede ser absolutamente injusto para otros, siendo esa la razón por la cual, para no depender de una  visión de justicia particular, se ha procurado construir estados caracterizados por el respeto a la ley, de tal manera que todos puedan saber con exactitud las consecuencias de sus actos (buenos  o malos), en función de lo que la ley señala, y no depender de la particular visión de justicia de alguien, especialmente cuando ese alguien ejerce el poder político.

Uno de los más grandes riesgos que tiene una sociedad es el irrespeto a la ley y, lo que es peor, que se justifique ese irrespeto a la ley con el argumento de que la legitimidad es más importante. Las sociedades que progresan son las que someten el ejercicio del poder y los funcionarios a la ley, y aquellas que a través de la ley garantizan a todos los ciudadanos el respeto de sus derechos y de sus libertades.

¿Ofrece el Ecuador hoy la certidumbre de que las leyes se cumplen y se respetan a toda costa? o, por el contrario, ¿cada día constatamos cómo la ley se burla o se inaplica con el cuento de la legitimidad? No nos engañemos, los estados llamados “de justicia”, son por esencia estados que no respetan la ley y que privilegian el autoritarismo y la arbitrariedad.

Si el futbolista Bolaños tiene derecho a la fianza, porque así lo ordena la Ley de Tránsito, tal fianza tiene que ser concedida, no limitada ni condicionada porque un juez tiemble ante la opinión pública. Por eso  es fundamental que los jueces sean probos, valientes e independientes. Si los jueces dependen del Gobierno o  le obedecen incondicionalmente, en esta sociedad existe dictadura.
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