miércoles 22 de octubre del 2008 Columnistas

Nelsa Curbelonelsa@telconet.net

El mundo del futuro

El programa de las Naciones Unidas para el desarrollo en los objetivos de Desarrollo del Milenio planteó erradicar la pobreza y se fijó como meta final para lograrlo el año 2015.

Al plantearlo estaba, por lo menos teóricamente,  minando el sistema de lo que se llamaba el “nuevo” orden mundial neoliberal basado en el dios mercado globalizado, regulador único del bien y del mal.  Porque ese “orden” estaba claro que no lograría esas metas. Un orden que condena a las 2/3 partes de la población humana (4.500’000.000 de personas) a vivir excluidos soportando hambre y muriendo de enfermedades que son curables para el 1/3 de privilegiados que tienen acceso a los servicios de salud, no puede por sí mismo erradicar la pobreza ni generar equidad. Un orden que para mantenerse  expolia el petróleo, que le ha llevado a la naturaleza millones de años producir y que debería ser patrimonio de todos los seres humanos. Al que hemos convertido en arma de presión de los que los tienen contra aquellos que no lo han encontrado aún en las entrañas de las tierras en las que viven. Combustible necesario para mantener un ritmo de consumo desenfrenado sobre todo en los países hiperdesarrollados técnicamente, lo que no es sinónimo de desarrollo real.

Un orden que cada día extermina  diez especies animales y cincuenta especies vegetales, que solo se mantiene con la utilización masiva de la violencia en todas sus formas.

Ese orden ha hecho crisis y se está derrumbando, los esfuerzos por recomponerlo solo alargan una agonía que mantiene en cuidados intensivos a un sistema que no respira por sí mismo y cuyo corazón está a punto de colapsar, arrastrando tras de sí a la mayor parte de las economías del planeta.

“Hoy como ayer, lo esencial significa para la humanidad sobrevivir. Y sobrevivir significa compartir recursos, que son bienes de todos, y conocimientos, preservar la riqueza de la naturaleza y la diversidad de culturas, aceptar la identidad y las diferencias. Cuando las prioridades parecen atropellarse, hay que encontrar lo esencial en sí. Lo esencial coincide con lo urgente”, dice Federico Mayor.

El miedo a los cambios suele ser muy mal consejero, quien tiene miedo ataca, las sociedades violentas son sociedades aterradas. La violencia se alimenta del vacío dejado por las certezas que eran pilares de una manera de vivir.

El cambio del “desorden”, del sistema que nos ha regido a gran parte de la humanidad las últimas décadas, deja espacio para la creatividad, para una reformulación de todos aquellos organismos que las sociedades, sobre todo occidentales, se han dado para regular y en principio asegurar la dignidad, el respeto y la igualdad de los seres humanos.

Las personas que superan graves crisis de salud, que han estado cercanas a la muerte, en general valoran más la vida y las cosas sencillas y hermosas de esta. La relación en pareja, la gratuidad de la amistad, los amaneceres y atardeceres. Los silencios y las conversaciones que expresan el alma.

A la emergencia de un orden social incluyente estamos llamados todos, hermanos de aventura por nacimiento en este planeta azul.  Un orden dinámico, solidario, abierto a la dimensión espiritual del ser humano,  en relación con el Dios de todos los seres, todos los mundos, todos los tiempos...

Llegar a vivir simplemente, para que todos puedan simplemente vivir, es el desafío.
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