¿Por quá? Porque en ese lugar descubriremos –si estás atenta– infinitos detalles sobre él; es como entrar a la cueva de Ali Baba y los cuarenta ladrones… está repleta de tesoros.
Es que nuestro “hogar, dulce hogar” es un interesante referente de nosotros mismos. Cuando entras a la casa de alguien, puedes ver claramente lo que le apasiona y lo que no. Si es alguien que se rige por los parámetros de la seguridad, léase departamento beige o blanco de pies a cabeza, con los muebles y el estilo de moda. Qué pereza. O si realmente se deja llevar por su verdadero gusto y se decidió por los colores del Mediterráneo o del Caribe, sabiendo bien que su elección está lejos de lo que se ve en las revistas de decoración de las últimas temporadas.
La otra noche de casualidad terminé tomando unas copas en casa de una señora setentona y espléndida. Divina ella, nos recibió vestida con su túnica marroquí, su marcado acento alemán y su pelo gris enrulado. ¡Por Dios, qué casa! Este diminuto (aunque de dos pisos) pied a terre emanaba una enorme vitalidad y energía, como su dueña. En este minihogar, esta fanática del arte había desplegado toda su personalidad. Obras por doquier: había pinturas y dibujos hasta en el techo. Lo juro. Era increíble. Esculturas antiguas, máscaras de tribus africanas, telares de Oriente…, libros en todos los idiomas posibles (supe luego que además de alemán y español habla francés, inglés y otra lengua exótica como el mandarín). Los colores de las paredes eran prohibidos para tímidos: rojos furiosos, verdes esmeraldas, negros opulentos, dorados. En fin, “he aquí una persona apasionada”, pensé.
Alguien que no tiene vergüenza ni miedo de mostrarse como es. Esta mujer no trataba de aparentar algo, la casa estaba un poco desordenada, o como podría decirse “en uso”, (no era para nada una obsesionada por el orden). Habiendo poco espacio, casi todos los centímetros estaban cubiertos. Sin duda, una gran coleccionista y una gran casa.
Es que con un poco de atención, algo de psicología y sentido común, puedes ver y leer cómo es el dueño o dueña de casa. Si es un cinéfilo y colecciona películas del cine francés y del cine negro americano de los años cuarenta; si es un gourmand y le apasiona cocinar y comer, podrás verlo claramente en su variadísima despensa y refrigerador; si le gusta navegar, escalar o bucear, o algún otro deporte, vislumbrarás tanques, trofeos y fotos de él o ella haciendo su deporte favorito; si le gusta leer, y qué le gusta leer, quizás filosofía oriental, astrología y demás ciencias ocultas, o novelas históricas. También verás si le gusta el verde y ama las plantas, y hasta sabe cómo cultivar orquídeas africanas; si es un caótico total o si puede vivir como un monje en cautiverio con lo mínimo indispensable, un cepillo de dientes, un colchón, una lámpara y nada de muebles.
Y tu casa, ¿te refleja?