- OCT. 20, 2008 - Foto - Cine - EL UNIVERSO
Hace unos doce años, Alberto Fuguet decidió viajar a Ecuador. Preguntó adónde ir y sus amigos le recomendaron Quito. De Guayaquil ni hablar.
“Me dijeron que me saltara Guayaquil, que era horrible, que hacía mucho calor, que era violento y que no había nada que valga la pena”.
Esos comentarios fueron muy útiles. “Basta que alguien me diga algo como eso y saqué pasaje directo a Guayaquil”.
Estuvo en el puerto, con una amiga, una semana. “Y me encantó, caminé la ciudad entera”. Luego fue a Quito. “La gente consideraba que más latinoamericana es Quito que Guayaquil. Y eso es una de las cosas que me molestan. Efectivamente, puede que Quito sea más bonita, homogénea, pintoresca, más ordenada... Pero Guayaquil me pareció que era súper latinoamericana, ahí estaba el futuro”.
Fuguet tomó situaciones de ambas ciudades para incorporarlas a sus libros. Pero sobre todo, dice, “ese viaje a Ecuador me hizo dar cuenta de la visión que tenemos de América Latina”. En ese sentido, Guayaquil fue muy importante, recuerda. “Sentí que (la ciudad) miraba más al Pacífico que a Europa; parecía que es un lugar donde nunca estuvieron los españoles. Y eso es bueno, después de todo lo que nos hicieron”.