lunes 20 de octubre del 2008 Columnistas

Pío XII sirvió, objeto de leyenda

Hace  50 años –el 9 de Octubre– murió Pío XII. Benedicto XVI, respondiendo a la aspiración de muchos cristianos, expresó su deseo de que se realice el  proceso de  canonización. Se puede afirmar que fue uno de los pontífices más luminosos de los últimos siglos y fuente doctrinal del Concilio Vaticano II.

El magisterio de la Iglesia ha demorado en “ponerlo en los altares” hasta no disipar la sombra de la leyenda negra urdida contra este Papa, impulsor social, que impidió la tragedia del comunismo en Italia. Acusan a Pío XII de no haber condenado solemnemente el nazismo y de haber colaborado con su silencio en  el aniquilamiento de millones de hebreos.

Pío XII, nueve años antes de ser elegido Papa, fue nuncio apostólico en Alemania. Conocía la vanidosa  megalomanía totalitaria de Hitler. Le preocupaba principalmente la supresión de la libertad educativa, medio para el lavado de cerebro de niños y jóvenes.

“Cuando las acusaciones se fundan en documentos, es posible discutir la interpretación de los mismos. La leyenda está construida con elementos disparatados  e imaginación. Lo único posible es oponer al mito la realidad histórica, probada con documentos incontestables”, escribe el jurista e historiador Vicente Cárcel Orti. Los archivos  de documentos, ya abiertos a los historiadores, dejan sin piso esta leyenda negra. Aunque las leyendas no mueren, viene el tiempo de la verdad y de la justicia con este grande Papa.

Según los documentos, hay dos motivaciones para evitar públicas protestas:

Primera: Pío XII sabía que Hitler no aceptaba observaciones de nadie y que reaccionaba, intensificando la persecución. Los obispos polacos residentes en Roma instaban al Papa a que condene solemnemente el nazismo. Por el contrario, los obispos residentes  en Polonia y en Alemania le  rogaban que no proteste públicamente, porque Hitler, cada vez que el Papa defendía públicamente a los hebreos, “se  desquitaba” con ellos.

La Cruz Roja Internacional afirmó, refiriéndose a Hitler:  “Las protestas no sirven; solo pueden prestar un pésimo servicio a quien se quiere ayudar”.

Kempner, consejero estadounidense ante el Tribunal de Núremberg, concuerda con lo dicho por la Cruz Roja.

Segunda: La magnitud inhumana del  holocausto pudo ser conocida solo después.  Probablemente por estas  razones, la opinión pública, hasta de los hebreos que vivían en Gran Bretaña y Estados Unidos, que tenían más datos acerca de la Shoah,  era de perplejidad  e incredulidad.

Pío XII, consciente de gastar su buen nombre,  prefirió  callar en público para evitar mayores males a los perseguidos, pero pidió a  los nuncios apostólicos dar todo apoyo a los hebreos. Él mismo los protegió en el Vaticano, las catacumbas, la Universidad Gregoriana. En el departamento personal del Papa en Castelgandolfo  nacieron 50 niños, cuyas madres pusieron a 25 el nombre de Pío y a los otros 25 el de Eugenio.

El historiador judío Pinchas Lápide estima que  850.000 hebreos fueron  salvados por la acción silenciosa de Pío XII.

La callada  acción del Papa fue reconocida por grandes hebreos, como Golda Meir, canciller y presidenta de Israel.
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